Wines and the City

Valer más por lo que se calla que por lo que se habla

Pues sí, esta es una frase que mi madre me repite pero que no acaba de encontrar espacio en mi mente. Hablo demasiado, doy demasiada información de mi misma y me mojo demasiado en mis opiniones. Si pudiera callar más a menudo, podría leer con más atención los gestos de la gente, intuir sus pensamientos, aprender de los silencios… Valer más por lo que se calla, que por lo que se habla es una gran premisa, pero tiene una gran excepción: no hace falta que lo escribas. Las palabras dichas se las lleva el viento y son interpretadas por la audición que no tiene tanta capacidad retentiva. Las que se escriben permanecen siempre allí, hablan de un momento que siempre puede ser presente. Yo solía enviar cartas para hablar de los sentimientos que no entendía, para manchar con tinta la rabia que no podía contener, para dejar claro lo que sentía. Grave error, es como dejar constancia de una nota de cata a ciegas y a medio entender. Mejor decirlo, tantear las posibilidades, ver la reacción de nuestro interlocutor. Porque cuando escribimos no dejamos de estar en nuestro mundo y cada vez que más lo describimos más nos cerramos en el laberinto de nuestro pensamiento. Y a veces, queda lejos de la realidad. Voy a intentar callar más pero sobretodo he aprendido cómo son de ridículos estos e-mails llenos de palabras tánicas que hablan del amargor. De la acidez de un comentario en el facebook. O de esos mensajes llenos de azúcar residual de madrugada. Mejor que cuando bebamos, hablemos (las palabras airean el vino) y no escribamos.

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