Wines and the City

No me llames princesa, llámame reina

“Esta bien, es varietal…. Afrutado y redondo….” Si yo tuviera un vino me molestaría que alguien dijera esto de mi. Si no pudieran encontrar algo diferente, mágico, que mi vino les hiciera sentir diferente supondría que no lo han entendido, que no lo han sabido degustar, que no les gusta lo suficiente. Hubo un tiempo que me gustaba que me llamaran princesita. Yo me sentía así: pequeña, frágil, víctima, soñadora, pasiva, bella, nostálgica, triste, cobarde, femenina. Sabía que “princesa” era el mejor de los nominativos cuando no recuerdas el nombre de una mujer o que tienes miedo que se te escape otro. La princesa necesita a alguien que la rescate, la reina no. Me esforzado mucho en sentirme como una reina: grande, fuerte, responsable, realista, activa, inteligente, ambiciosa, alegre, valiente y más femenina que nunca. De princesas, guapas y cariños ya han habido otras, de reina sólo hay una. Amame por lo que soy y llámame reina, por favor. Porque así seré libre de decidir que quiero vivir contigo, no esclava del “no puedo vivir sin ti”. Trata a alguien como quieres que sea y así se convertirá. Y para los vinos que realmente nos importan, hagamos el favor de buscar nuevos adjetivos calificativos.

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