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Mediocridad sin sentido

El otro día en clase di la espalda a mi colchoneta un segundo para coger la botella de agua que estaba a tres metros de mi. Cuando me giré alguien me había quitado la colchoneta. “Perdonad, pero aquí estaba mi colchoneta…”. “Sí la tengo yo, pero no te la voy a dar, a mi también me la han quitado, búscate la vida”.  No dije nada porque sí sabía qué decir. Que una mujer que práctica recuperación de espalda pintada como una puerta y que con más de cincuenta primaveras es capaz de ser tan mezquina para repetir las peleas del patio es mediocre. No pasa nada por no tener colchoneta, pero sí por robarla con la excusa de “a mi también me lo han hecho”. ¿Cuando empezamos a perder las maneras? En el mundo del vino hace ya un tiempo, sobretodo con la distribución. Como este no respeta la zona, yo tampoco. Como este baja precios yo también. Como tal bodega asfixia a los campesinos, es lícito que yo lo haga. Aunque esta práctica no esté permitida en la denominación, como nadie mira, puedo hacerlo. “La culpa es del gimnasio por no tener suficientes colchonetas” dijo su amiga. Claro, la culpa siempre acaba siendo del gobierno, de los consejos reguladores, de la crisis y del consumo. Estos argumentos son muy pobres. Que seamos capaces de no seguir las reglas es una elección pero no lo justifiquemos con “es que los demás también” porque tiene un peso intelectual mínimo. Seamos responsables de nuestros actos y construyamos el mundo como nosotros queramos; y aunque no nos lo permitan las circunstancias, al menos intentarlo. Esta es la propuesta de 10 sentits (www.10sentits.cat), un proyecto que nace de la mente de diez enólogos para cambiar las cosas que no les gusta del mundo vinícola. Un formato de media botella, variedades autóctonas en vía de desaparición, un comercio justo de la uva y el ideal de vino aunque no sea un negocio. Esta claro que la vida real no es lo que soñamos, pero que no por ello debemos dejar de hacerlo. Por suerte en el mismo día, cuando tenía una gran prisa por ir a la presentación de dichos vinos y estaba en la cola de panadería resoplando porque la dependienta llevaba mucho tiempo con un cliente, la persona que estaba delante de mi me dijo: “pasa tu primero, yo no tengo prisa”. Ha sido lo más heroico que he visto en tiempo. La grandeza de no tener prisa en un mundo que si no estás estresado no eres nadie es excepcional. O no ponerse furioso cuando alguien se intenta colar es sublime. Y por suerte en la viña del señor hay de todo y nosotros aunque no podamos decidir siempre que cepa somos, ni tenemos tanto margen para vendimiar, podemos elegir el cómo.

P.D.: el personaje que me robó la colchoneta derrochó quince minutos quejándose que no tenía tiempo. Yo mientras ya me había duchado y arreglado, es entonces cuando dejé de sentirme enojada por su mediocridad y me dio pena.

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