Wines and the City

El sexo del vino

Muchas veces critico la publicidad vinícola en la que parece que tomar vinos es cosa de hombres. Después está la mixta. Como los anuncios de la televisión donde los hombres que beben Bayleis tienen “something more” para atraer a las mujeres o el ambiente de glamour de las terrazas de Martini. Ahora ponen a una pareja cenando románticamente tomando vinos de Navarra o paseando entre viñas por La Rioja, la tierra con nombre de vino. Es verdad cada vez los protagonistas son más jóvenes y aparecen mujeres. En Gran Bretaña las mujeres consumen más vino que los hombres. En países como Japón, el vino es visto esencialmente como una bebida para ellas (ellos toman destilados). Pero a la hora de vender el vino es otra historia. Beauty&Wine organiza catas exclusivas para mujeres. Está bien que se piense en femenino mientras no se limite a ser rosa, floral, suave y dulce. Por esta regla de tres los moscateles y las cremas de pacharán tendrían que ser las bebidas de las mujeres ibéricas y no es así. En España tenemos exigentes clientas, grandes sumilleres (como el último Premio Nacional de Gastronomía, Manuela Romeralo) e internacionales enólogas (que sus bodegas pasaran de padres a hijas). No creo que haya un vino femenino y otro masculino ni para hombres y mujeres. ¿Qué es un vino masculino? Tánico, potente y alcohólico. ¿Y el femenino? ¿Delicado y aromático? La sociedad ha evolucionado demasiado para acordarse de la batalla de sexos. Silk es un vino americano que quiere decir seda. La etiqueta es púrpura y es un vino tinto y no muy alcohólico. No sé si poner sexo al vino vende tanto, aunque debe ser así pues ya hay marcas que apuestan por ello. Hay vodkas y hasta un vino de Ribera del Duero pensado para el público gay, con una presentación que se limita a poner un arco iris. Hasta aquí podíamos llegar. Porque si nos atrevemos a poner sexo al vino y hasta a intentar encajar en el mercado según la tendencia sexual, ¿por qué no hacemos vinos metro sexuales? Vinos que, como los hombres metro sexuales tengan buena una presentación fashion y huelan bien. O tal vez en los blancos con lías y maderas algún catador misógino se atreverá a decir que es un vino marimacho. El vino no tiene sexo, sólo es para aquellos paladares con sensibilidad para apreciarlo, sin etiquetas.

PUBLICADO EN MERCADOS DEL VINO Y LA DISTRIBUCIÓN

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