SPARKLING WINE

El Sparkling Wine americano está muy bien. Lo digo con la boca pequeña como leal confare de la “Confraria del cava de Sant Sadurní”. Pero es lo que hay. Su relación Calidad-precio está realmente bien. Su momento clave fue cuando los americanos desterraron de la primera línea de los supermercados los champagnes por su actuación versus la guerra de Iraq. ¡He visto Pipper Heidsseck y Mumm por menos de 21 dólares! ¡Hay que venir a beber champagne a USA! Moët & Chandon o Tattinger lo saben muy bien y tienen bodegas en Napa. Gloria Ferrer, la bombonera de Freixenet en Sonoma, tiene unas burbujas deliciosas. El Carneros Cuvée y el Gloria Ferrer Blanc de Noirs entre mis preferidos. Método tradicional, bodegas dedicadas al enoturismo y clientes sedientos de burbujas autóctonas. El mercado doméstico es su punto fuerte;aún así podemos seguir encontrando buenos cavas en las cartas de los mejores restaurantes de San Francisco. Cheers!

CASTILLOS DE VINO

La primera semana de abril del 2008 ha acogido en Burdeos y alrededores las degustaciones “en primeur” de la añada 2007 de la “Union des Grands Crus de Bordeaux” y catas paralelas de los vinos más importantes de la región. Cuando se degusta en primeur, se prueba un vino que no será el definitivo, le falta redondearse (¡sólo hace seis meses que se vendimió!). Es un fantástico ejercicio para el catador y demuestra un cierto compromiso por parte de la bodega. Las bodegas más prestigiosas venden el vino antes que esté hecho así que es normal que organicen estas degustaciones a la avanzada para profesionales. Para demostrar que no venden humo.
Cabernet Sauvignon y Merlot no son solo dos uvas internacionales sino que allí son autóctonas y marcan el estilo de la orilla izquierda y derecha de los ríos Garona y Dordoña. En la ribera izquierda del Garona domina el cabernet sauvignon. Zonas como Margaux tienen un final de boca verdoso a causa de esta añada fría y difícil. Se equipara la cosecha del 2007 a la del 1997 o 1999, una añada discreta. En la orilla derecha del Dordoña, los vinos de Saint-Emilion, dominados por el merlot, estaban más redondos. A escasos quilómetros de la villa medieval alrededor de Libourne, está Pomerol con el merlot más comentado del mundo, Petrus. Esta bodega que da a luz uno de los vinos más caros del mundo, es la más humilde de todas. Con una sobriedad casi religiosa, sin muebles y sin un apéndice de polvo. Dicen sus trabajadores, que son una gran familia y que por la vendimia comen paella y el dueño les prepara el desayuno. Una imagen que recuerda a los cuadros de Goya, donde los vendimiadores danzan y el terroir regala la exclusividad de sabor que otros anhelan.
De los primeros Castillos, Haut-Brion blanco es, como otros años, el más espectacular. La Mission de Haut-Brion está ganando precio y prestigio. Chateau Palmer, uno de los mejores del 2006, seguía con su tacto de cachemir. La zona que más brilla del 2007 son los Sauternes. La podredumbre noble de esta zona convierte al sauvignon blanc y al semillon en oro líquido. Chateau de Fargues es el que más sorprendió.
La reina de las degustaciones alternativas de los “Grands Crus” tuvo lugar en Chateau La Dominique. En este cata de Thunevin y sus amigos (las ovejas negras de la viticultura) encontramos los vinos más extraordinarios de la estancia. Los “supertuscans” la Tenuta di Trinoro y Colore de la bodega Testamatta brillaban especialmente en la degustación por su originalidad y paladar.. Peter Sisseck también estaba allí y su Flor de Pingus 2007 tenía un nariz que era poesía. El clasicismo de los vinos con pedigrí franceses choca con los vinos más modernos y comerciales. Los vinos aristócratas se ven amenazados por los vinos de garaje y el terroir se ve vencido por la figura de un enólogo. Me refiero a Michel Rolland, que tiene una colección de vinos que asesora y que produce casi alarmante. Mi opinión sobre “The Rolland Collection”, compartiendo la opinión de Miguel Ángel de Gregorio (Allende), es que “este hombre es tan profesional que los mejores vinos los hace fuera de casa”.
Pasear por Burdeos en este período significa que puedes saludar a Jancis Robinson catando en Pavie o encontrarte a Agustí Peris en la librería Mollat. La ciudad que binualmente acoge la multitudinaria feria de Vinexpo, cada año abre las puertas a un número reducido de profesionales para que juzguen la cosecha. Burdeos, ciudad burguesa y elegante. Sus vinos permiten soñar en ser una princesa con un jardín de viñas. ¡Y que vive en el castillo que sale en la etiqueta!

Meritxell Falgueras

AVE BARCELONA-MADRID

No voy a decir “por fin llegó el ave”, voy a brindar por ello. ¿Y con qué vinos? El viaje de Barcelona-Madrid, Madrid-Barcelona parece dar para mucho… Podemos hablar primero de los vinos que nos tomamos en tierra firme. En Barcelona, tal vez habrá algún wine bar en Sants Estació con vinos de todo el mundo. Parece que en Barcelona somos muy cosmopolitas. En una encuesta sobre las cartas de vinos en Catalunya descubrí que tenemos pocas referencias de nuestras diez denominaciones de origen. Esto sorprendería en Francia donde cuesta encontrar en vino del Ródano en la ciudad de Bordeus. El INCAVI se ha puesto las pilas y ha hecho un concurso sobre los restaurantes que más apuestan por los productos autóctonos. El Bulli quedó en segundo lugar. Ganó “Cal Xim” en pleno Penedès. La última campaña “Catalunya, país de grans vins” nos recuerda que tenemos que potenciar nuestra autoestima. Ya en la capital, en la estación de Atocha, encontraremos mayoritariamente Ribera del Duero y Rioja y alguna referencia de su floreciente denominación de origen.
En el avión nos tendremos que conformar con botellas pequeñas, rellenadas y con tapón de rosca. Con un poco de suerte de medio, pero con la alerta de que evolucionan más rápido. De las mágnum nos podemos olvidar como no sea en sueños en un yet privado. Las copas, dejan mucho que desear. Custodio Zamarra hace la selección de Iberia plus, con unas copas dignas, pero mejor tomarlas mientras esperamos el embarque. Los vinos que este prestigioso sumiller recomienda para los altos vuelos son vinos poco tánicos, porque la presión atmosférica les puede alterar. En el tren no tenemos ese problema. La carta de vinos allí puede ser más amplia. Pero sobretodo hay una gran ventaja al no viajar en avión. Podemos comprar los vinos que queramos y no los que están en el “Dutty free”. Des de que no podemos llevar recipientes de más de 100 mililitros regalar vino en nuestros viajes cuesta más que nunca. No sólo por el peso sino porque los tenemos que facturar. Esto quiere decir cubrirlos con vestidos y toallas y rezar para que lleguen sanos y salvos al destino. Aún no he oído a nadie que le haya explotado el vino dentro de la maleta. Pero cuando veo como tratan el equipaje sufro por mi vestido blanco empañado de polifenoles.
En el último viaje en ave Lleida-Madrid cuando entré me ofrecieron una copa de cava. Fui a la actividad de la Fundación de la Cultura del Vino en el Prado sobre las pinturas con temática vinícola. ¡Envidio las actividades que se hacen en Madrid! ¡En Barcelona tenemos Alimentaria! Espero que cuando encuentre billetes Madrid-Barcelona también pueda degustar un buen espumoso. Supongo que la vieja disputa del boicot a productos catalanes ha quedado enterrada bajo los escombros de estos años de construcción férrea y crisis políticas. Que yo sepa los vinos no hablan ni catalán ni castellano. No hay nada más internacional que el gusto. Pero sea de la denominación cava o etiquetado como fuera de la D.O. (aunque vendidos en rima), que sea un buen representante de su especie. En muchas compañías aéreas se toma como espumoso de la casa el que tiene mejor cata, y sobretodo mejor precio. Espero que la velocidad del tren no distorsione las burbujas en el estómago que tenemos todos al empezar un viaje. Y que la rivalidad de Barcelona-Madrid se quede sólo en el fútbol.

Meritxell Falgueras

Mi nariz de bronce

Desde finales de mayo mi nariz tiene un color especial. ¡Y no porque haya tomado más el sol! Si no que el concurso “La Nariz de oro ”me ha galardonado así hasta la próxima floración de la viña. De las causas y sus razones, ahora voy a dar testimonio en este breve relato:
Érase una vez una chica que hacía el primer curso de sumiller. Se presentó a ese concurso tan famoso del cual todos hablaban. Delante una copa negra, como si fuera una página en blanco, puso a imprimir en palabras sus reacciones. Lo hizo y al levantarse, delante tanta excitación, tiró la copa. Quedó eliminada sintiéndose aún un zarcillo. Esa sumiller entendió que tal vez escribir se le daba mejor que catar y dejo la copa por el lápiz. De eso ya hace siete cosechas. Esta vez con una página llena de escritos y con muchas copas derramadas la catalana volvió a presentarse. Pensó que para hacer un buen reportaje era mejor degustar la experiencia, relatando la ilusión de los participantes y los nervios del evento. La sorpresa fue que aún tenía la edad para ser “Joven Promesa” y ganó en esta categoría. Ese fue su pasaporte a la final de Madrid. Unos pocos elegidos entre ochenta participantes volaron a la capital aunque tantos otros lo merecían. Marc Maldonado con su afable carácter era el responsable, no por clasificarse como “Mejor Sumiller de Cataluña” sino porque se gano el respeto de todos sus compañeros. David Seijas con su nariz oro viejo y sus ojos azules hacía de una excursión en avión una fiesta.
Intentar explicar los aromas del vino era una tarea difícil. Pues tenemos que utilizar palabras objetivas para expresar sensaciones individuales. Pero no más que explicar las vibraciones de una experiencia colectiva vivida en primera persona. Mientras en las salas de degustación, una buena concentración de grandes sumilleres ponían a prueba su olfato. Cuanto más se acercaba el domingo por la tarde, más era la ansia que sentían. Sheila con dieciocho años brilló por su sonrisa dorada y por sus manos de plata que rompían copas y moldes. Esta chica con dieciocho años nos demostró que se cata el vino con el corazón y no con el lenguaje técnico. La verdad es que nadie de los 76 profesionales esperaba ganar, pero todos lo anhelaban. Se trataba de demostrar con una oscura copa con la que poco se intuía, todo el saber de su profesión. Sólo once supieron de qué vino se trataba; de esos sólo siete, supieron expresarlo. Allí empezaba la verdadera final, con las cinco copas tintadas que daban la bienvenida a las paranoias de la nariz y las dudas de las sensaciones. Mientras, los demás compañeros, se preguntaban porque no habían acertado el elixir de la copa eliminatoria. Pues estaban a punto de ponerlo, pero que al final se decidieron por otro. Lo habían visto clarísimo en la primera sensación pero que después, pensándolo mejor, habían rectificado. Esa la parte ácida de la cata a ciegas, pero también es la que hace salivar y obliga a intentarlo la próxima añada. Y es que esta prueba es un cupage donde la intuición cuenta más que la sabiduría. Algunas televisiones llegaron tarde y, los siete clasificados tuvieron que repetir esos terribles cinco minutos con sus copas vacías y con los nervios derramados. Ahora veían la magnitud de haber llegado hasta la plataforma de cata des de donde sus compañeros los animaban y los miraban de forma diferente. Jaume Gaspà que había llegado des de Lleida sin cartera, sintió que valía la pena todo aquello.
Antonio López con su copa dorada miraba a los asistentes. Los finalistas fijaban su mirada hacía el centro de esa copa-trofeo que ya nada preguntaba, sólo contestaba. “Seguro que ganarás tu” dicen algunos a sus favoritos “¿Te imaginas?”. Todos en los respectivos aviones, trenes y coches que los llevaron al hotel se les había pasado por la cabeza, pero todos habían cambiado la música rápidamente, para podar las expectativas. Así la decepción no era tan amarga. Antonio Jesús Gutierrez tenía a toda la familia apoyando su candidatura y en sus ojos reflejaba la serenidad de la victoria merecida. Raúl González por segunda vez se alzaba al podium y conseguía, subiendo el segundo puesto, la superación del tercero del año anterior. La tercera sintió que su nariz de bronce valía la representación de los jóvenes y las mujeres. Aunque sólo tres gozaron del podium no hubo ningún mal trago. Los demás, con el gusto en boca de haber llegado a la final, se prometieron hacerlo mejor el próximo año. Todos decían que lo de menos era ganar, que era importante conocer gente y practicar con tantas muestras. En el fondo, pero, todos deseban el resplandor que da una nariz de metal precioso. Por eso las risas nerviosas, el cansancio psicológico y las palmadas en la espalda. Los participantes se sentían parte de un todo, de un cuento de hadas que para algunos apenas empezaba donde para otros acababa.
La aventura de los sumilleres no acabó con los resultados del Concurso “La Nariz de Oro”. El grupo de Barcelona, como tantos otros esa noche, se quedó bloqueado en el aeropuerto por la tormenta que amenazaba la salida de Barajas. Allí se encontraron con gigantes (Dueñas) y hombres con pies de oro (Ronaldiño)… Y es que, quien creé que los sumilleres sólo hablan de “cuentos chinos”, tal vez tienen razón. Pero esa es la magia del vino, imaginar un mundo en una copa. A veces, sólo creyendo en las capacidades de acertar la degustación, uno puedo aprender a entender mejor el vino. Es cuestión de seguridad y sensibilidad. Esto es el mejor premio que puede regalar el certamen. La aventura junto los brindis con los compañeros es la mejor vendimia. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero la próxima convocatoria del concurso acaba de empezar con centenares de nuevas historias y vinos a descubrir…

Meritxell Falgueras

AVE Barcelona-Madrid

No voy a decir “por fin llegó el ave”, voy a brindar por ello. ¿Y con qué vinos? El viaje de Barcelona-Madrid, Madrid-Barcelona parece dar para mucho… Podemos hablar primero de los vinos que nos tomamos en tierra firme. En Barcelona, tal vez habrá algún wine bar en Sants Estació con vinos de todo el mundo. Parece que en Barcelona somos muy cosmopolitas. En una encuesta sobre las cartas de vinos en Catalunya descubrí que tenemos pocas referencias de nuestras diez denominaciones de origen. Esto sorprendería en Francia donde cuesta encontrar en vino del Ródano en la ciudad de Bordeus. El INCAVI se ha puesto las pilas y ha hecho un concurso sobre los restaurantes que más apuestan por los productos autóctonos. El Bulli quedó en segundo lugar. Ganó “Cal Xim” en pleno Penedès. La última campaña “Catalunya, país de grans vins” nos recuerda que tenemos que potenciar nuestra autoestima. Ya en la capital, en la estación de Atocha, encontraremos mayoritariamente Ribera del Duero y Rioja y alguna referencia de su floreciente denominación de origen.

En el avión nos tendremos que conformar con botellas pequeñas, rellenadas y con tapón de rosca. Con un poco de suerte de medio, pero con la alerta de que evolucionan más rápido. De las mágnum nos podemos olvidar como no sea en sueños en un yet privado. Las copas, dejan mucho que desear. Custodio Zamarra hace la selección de Iberia plus, con unas copas dignas, pero mejor tomarlas mientras esperamos el embarque. Los vinos que este prestigioso sumiller recomienda para los altos vuelos son vinos poco tánicos, porque la presión atmosférica les puede alterar. En el tren no tenemos ese problema. La carta de vinos allí puede ser más amplia. Pero sobretodo hay una gran ventaja al no viajar en avión. Podemos comprar los vinos que queramos y no los que están en el “Dutty free”. Des de que no podemos llevar recipientes de más de 100 mililitros regalar vino en nuestros viajes cuesta más que nunca. No sólo por el peso sino porque los tenemos que facturar. Esto quiere decir cubrirlos con vestidos y toallas y rezar para que lleguen sanos y salvos al destino. Aún no he oído a nadie que le haya explotado el vino dentro de la maleta. Pero cuando veo como tratan el equipaje sufro por mi vestido blanco empañado de polifenoles.

En el último viaje en ave Lleida-Madrid cuando entré me ofrecieron una copa de cava. Fui a la actividad de la Fundación de la Cultura del Vino en el Prado sobre las pinturas con temática vinícola. ¡Envidio las actividades que se hacen en Madrid! ¡En Barcelona tenemos Alimentaria! Espero que cuando encuentre billetes Madrid-Barcelona también pueda degustar un buen espumoso. Supongo que la vieja disputa del boicot a productos catalanes ha quedado enterrada bajo los escombros de estos años de construcción férrea y crisis políticas. Que yo sepa los vinos no hablan ni catalán ni castellano. No hay nada más internacional que el gusto. Pero sea de la denominación cava o etiquetado como fuera de la D.O. (aunque vendidos en rima), que sea un buen representante de su especie. En muchas compañías aéreas se toma como espumoso de la casa el que tiene mejor cata, y sobretodo mejor precio. Espero que la velocidad del tren no distorsione las burbujas en el estómago que tenemos todos al empezar un viaje. Y que la rivalidad de Barcelona-Madrid se quede sólo en el fútbol.

Política de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

ACEPTAR
Aviso de cookies