Vi i Jazz al Penedès

A Vilafranca trobem una fira original, per la gent aficionada al gran maridatge vi i jazz. La fira encara es petita però permet visitar-la de 17.30 a 1.30 hores. Gran iniciativa per la capital del vi que semblava dormida. Del 4 al 7 de Septembre.

maridaje alemania-españa

No entiendo de fútbol, pero me encanta verlo con mis amigos. Es la excusa para tomar cervezas y bravas. Me enteré que España había llegado a la final en el concierto de Miguel Bosé. El amante bandido, se puso la camisa de la selección después de cantar más de dos horas. Siempre pensé que era el hombre de mi vida. Pensamiento que comparto con muchas mujeres… Él de momento no ha metido ningún gol. En estos días de fútbol os propongo empezar con un riesling del Mossela aromático y fresquito. Después cuando la victoria esté servida llenamos de burbujas de cava la celebración. Yo beberé pensando que vendrá una estrella a hacerme compañía en una noche de luna serena. Y soñaré que alguien me haga “un café”…

Les dones del vi

Hi ha associacions en tot el món que apleguen a dones del món de la viticultura doncs es creu que les dones tenen un acostament divers al vi. Cal a dir que, científicament, les dones tindrien més sensibilitat en olorar i relacionar amb paraules les sensacions. Segurament perquè el cervell femení té més comunicació entre hemisferis. També és veritat que l’evolució biològica a afavorit desenvolupar el sentit del olfacte per cuidar de les criatures i està en l’àmbit domèstic per a tants segles. I malgrat que culturalment la situació ha canviat, biològicament encara gaudim d’aquest avantatge. La facilitat d’expressió, la sensibilitat i la intuïció afavoreixen a les dones en el món vínic masculí. És estrany que ara sobti tant que una dona pugui ser viticultora, enòloga i sumiller doncs en molts períodes històrics la dona estava íntimament lligada a la cultura del vi.
Dionís era el deu de la embriaguesa divina i de l’amor més apassionat a l’antiga Grècia. Les dones eren les seves fidels seguidores, en forma de frenètiques bacants. La bogeria d’aquestes amants del déu del vi s’exercia a les afores de la ciutat. Les dones eren arrastrades pel deliri bàquic i tenien comportaments salvatges. Com explica l’obra de Eurípides, aquestes dones eren capaces de menjar-se al seus propis fills si se les espiava en els seus ritus secrets de comunió amb la natura. En canvi a Roma, el món del vi era exclusiu pels homes. Cató en el S.I a.C. afirmava: “si trobes a la teva dona bevent vi, no dubtis en travessar-la amb l’espasa” doncs es creia que la dona èbria era fàcil presa de la infidelitat. A l’antiga Roma el petó a la boca s’utilitzava coma proba d’alcoholèmia. Aquest petó el podia exercir el “pater familias” sobre les seves germanes, filles i la seva dona, es deia “jus osculi”.
A l’Edat Mitjana les dones com tots els altres,inclosos els nens, bevien vi a diari doncs en un moment on l’aigua pot estar contaminada el més segur és el most fermentat. A les Corts les dones bevien per divertir-se i acompanyaven amb bones converses als aristòcrates. En el període d’entreguerres les dones es van posar no només al peu de la vinya (que portaven molts anys ja fent-ho) sinó al volant de les empreses del vi. Especialment en els escumosos trobem les grans dames dels escumosos com la Veuve Clicqot, Lily Bollinger i les nostres terres Dolors Sala.
Malgrat portem segles pendent de les vinyes, les professionals que viuen avui el món del vi encara troben certes situacions surrealistes. “Molts cops em demanen que vingui el meu cap” diu Judith Cercòs, sumiller del restaurant Caelis de Barcelona. Molta gent encara veu rar que una noia sigui especialista en el tast dels vins. Rosa Vila, una de les primeres sumillers de Catalunya està contenta al veure que cada vegada són més les companyes que comparteixen amb ella l’ofici. Marimar Torres se’n va anar a Napa Valley fa vint anys a crear el seu vi. Ara veiem com nissagues del món del vi deixen en mans de les filles l’elaboració, com són Silvia Puig, Sara Pérez i Anna Canan. En el vocabulari descriptiu del tast del vi es diria que un vi masculí seria aquell que és potent, alcohòlic i amb cos. Per contra sembla ser que un de femení hauria de ser floral, delicat i elegant. Sembla ser que aquest vocabulari està passat de moda i que quan les dones fan vi, escolten a la terra.
Encara trobem als restaurants que la carta dels vins es dona a l’home. Alguns cambrers donen a tastar sempre el vi al mascle, malgrat l’elecció l’hagi fet la dona. No només és masclisme si no també falta de protocol, sempre el tasta qui l’ha demanat. Això per sort anirà desapareixent. Les dones del vi tenen un gran passat i encara un futur més prometedor.

Meritxell Falgueras

Flirtreando con Michell Rolland

Sólo os puedo transmitir mi nota de cata de este francés que tiene más añadas a las espaldas que años. Como un gran vino la primera nota olfativa es de reducción, pero tiene un aroma con mucha personalidad cuando se abre. Y un sabor tánico, potente y sin mala uva.
Subo el ascensor del moderno Hesperia Tower. Corro y se me cae un zapato. Me lo pongo y espero que nadie haya visto mi patosidad. Hay un tipo en la recepción sentado en el sofá, que ha levantado la vista. Me pongo roja y él me levanta una ceja. Llego una vez empezado el Congreso de Cambio climático organizado por la Academia del vino y no puedo ver la presentación de los ponentes. Sé por los panfletos que hay grandes “celebrities”: Jacques Lurton, Ernest Loosen, Richard Smart… pero hay uno que me atrae más que los otros: Michell Rolland. Pido a la organización si podré entrevistarlo y me dicen que está muy solicitado: antena 3, “La Contra” de la Vanguardia, etc. Dicen que ya me avisaran si tiene un hueco. Voy al baño y me cruzo con un hombre con la piel bronceada, unos ojos pícaros y un porte carismático. Me sonríe. Le sonrío. Este tipo me suena. Es el testigo de mi entrada a lo “Cenicienta”. ¿Sólo de eso? ¡Es el de la película “el Mondovino”! Película que he empezado a ver un par de veces y que el final siempre la he acabado en sueños. Es él, el enólogo más criticado y admirado del mundo. El amiguete de Parker, el de la microoxigenación, el “wineflightmaker” por excelencia. Decido que lo voy a abordar en la pausa de la comida. Los cerca de 400 ponentes de 36 países lo ven pasar con una copa de vino y lo miran. Susurran entre ellos: “sí, es ese”. Pocos se atreven a hablarle. Bruno Prats, expropietario de Cos d’Estournel, le toca la espalda. Me da mucha vergüenza avasallarlo pero quiero escribir sobre él en mi espacio de “Vinos y Restaurantes”.
– Señor Rolland, buenos días.
– Oui?
– Sé que habla español. Y los del Chateau Lascombes me han dicho que usted es muy simpático.
– ¿Y que más sabes de mi?
– Sé que me va a ser tan amable de dedicarme unos minutos para que le haga una entrevista…
Me dice que ha quedado con muchos periodistas y que no sabe cuando podrá ser. Le digo que si no le parece muy impertinente puede ser ya mismo. Dejo mi plato y sin grabadora ni papel ni preguntas preparadas empiezo a charlar con él. Le pregunto por su mejor añada, me dice que siempre es la próxima. Le interrogo por el vino que no ha hecho y que le gustaría hacer. Me dice que ya los hace. Le digo qué me adelante qué jardín va a cuidar cuando se retire y veo que mira hacia la terraza de la sala.
– Michel, ¿nos vamos a fumar un pitillo?
Este hombre ha hecho muchas entrevistas y tiene las respuestas estudiadas. Me veo con la obligación de preguntarle sobre la famosa película que lo deja como uno de los culpables de la globalización del vino.
– Cómo dice Madonna, ¿”más vale que hablen mal de mi que no hablen”?
Se ríe. Me dice que no le gusta que lo critiquen pero que la frase es buena. Él no sabía que lo grababan. Lo compadezco porque se hizo con mucha mala uva. Sé que es mejor no tener un reportaje suyo que poder compartir una copa y unas risas. Sacrifico la entrevista por unos momentos con un mito en el mundo del vino. Al día siguiente nos saludamos como viejos amigos:
– Bon jour, Michell!
– Hoy estás más bonita que ayer…
– Merci beuacoup!!
Meritxell Falgueras

LAS CLASES SOCIALES, EXISTEN

Adoro hablar con los taxistas siempre que busque yo la conversación. El otro día no era una de esas ocasiones. Intentaba pasar desapercibida en el asiento de atrás, pero el taxista observó que llevaba cajas de vinos y me empezó a contar que era un gran apasionado. Quería cobrarme junto a la carrera un abreviado curso sobre el vino entre semáforo y semáforo y yo no estaba por la labor. Intentaba sacarme información sobre variedades y marcas, a lo que yo iba asintiendo mientras probaba a llamar a alguien des de mi móvil para que me rescatara de dar una clase particular. Pero el taxista dijo una frase que me sacó los ojos de órbita y que consiguió captar mi atención. Dijo “cuando voy a comprar vino utilizo esta técnica: compro los que tienen título de marques o de barón, no fallan, siempre están buenísimos”. Sus ejemplos eran: Maques de Cáceres, Marques de Riscal, Barón de Ley, etc. Un nombre noble le da al vino una credibilidad que el comprador inexperto agradece. Y supongo que lo hacemos todos en los productos que no conocemos y que tienen una palabra que nos suene o nos sugiera calidad y/o exclusividad.
Las marcas de vinos lo saben y por eso la imagen de tradición y paisaje son las recurridas. Castillo, Torre, Viña, Clos, Pago, Laderas, etc . También los nombres latinos como Ysios, Tarsus, Odyseus, parecen ser parte de la tradición vínica de la antigüedad, aunque en realidad es toda la cultura del vino que proviene de la misma fuente (“vis” en latín significa “fuerza vital”). En el vino más que en otras cosas buscamos esta distinción noble. La mayoría de consumidores son tradicionales, por eso aún muchos de ellos rechaza el tapón de silicona. Les parece poco romántico o extraño y prefieren un mal tapón de corcho. Les da más fiabilidad sólo por la apariencia. Igual que encontrar en la etiqueta del vino las uvas más internacionales. Delante un cabernet sauvignon o un chardonnay la gente se tranquiliza, se imagina que es sinónimo de calidad. Un albillo o samsó les pondrían nerviosos; hasta se preguntarían si se trata una variedad blanca o tinta. También saber que es un vino envejecido les hace catar mejor el vino aunque organoléticamente deje mucho que desear. ¡La de botellas de Grand Cru que he visto en el Tallevant de Paris que estaban más muertas que vivas! Los adinerados que pueden tomarse un Chateaux Latour del 1961 enseñan orgullosos la botella aunque esté medio llena cuando sólo faltan los postres. La añada es parte de la presentación en sociedad del vino. ¡Cuantos se sienten expertos comprando un vino con el criterio de que es una buena añada! Sin preocuparse del tipo de vino, del trabajo de la bodega y del momento de consumo.
Las denominaciones de origen también atañen a estas clases sociales. Parece que hay denominaciones de primera división y otras de tercera clase. Rioja, Priorato y Ribera tienen pedigrí; Bordeaux y Champagne estilo; Piamonte y Supertoscanos diseño. Pero muchas veces la falta de criterio marca la elección de zonas famosas aunque dejemos de catar las que nos son desconocidas. El vino, como el coche o la ropa parece poder expresar la “clase social”. Es extraño que lleguemos a humanizar a un producto que viene de la naturaleza y que le pongamos con un título nobiliario en la etiqueta o con unas características ficticias de estatus de calidad. Y todo eso sin probarlo…

Meritxell Falgueras

BLANCOS CON ALMA DE TINTOS

Mucha gente no le interesa el vino blanco. Tal vez porque creen que el tinto es de mejor calidad o que sólo se toma blanco en verano. Puede ser que no se haya molestado en conocer los diferentes blancos de nuestra península y que sólo conozca un tipo de vinos florales, con frutas cítricas y frescos. Hay zonas que las delimitamos a vinos blancos como son Rueda, Rías Baixas, Alella, Jérez, Alsacia, por citar algunos ejemplos. En cambio hay otras como Rioja, Priorato o Somontano que al pensar en estas zonas las asociamos directamente a tintos. Los vinos blancos de estas denominaciones de origen con suelos propios de variedades como el tempranillo, la cariñena o la garnacha crecen con alma de tintos. Y para los enamorados de los tintos, pueden tener como amantes estos sabrosos, corpulentos y atractivos blancos. Por ejemplo Remelluri Blanco de Rioja Alavesa, que refleja toda la complejidad de las ocho variedades de su coupage. Un buen ejemplar de blanco en tierra de tintos es Mag Igneus con unos matices para el maridaje que los tintos de su zona no poseen gracias al grado y a la potencia en boca. Enate chardonnay denota la parte más masculina de un blanco, con notas de especie blanca y ahumados. En un momento social donde las identidades sexuales están en crisis, parece que los vinos también tienen cierta dificultad en decantarse por las cualidades de su tipología.

Si lo que nos gusta de los tintos es la untuosidad en boca encontraremos en los blancos criados con lías los mejores aliados. El contacto con las lías aporta intensidad de aromas y textura al vino. El Dobles lías de Marimar Torres en (Russian River Green Valley, California) es un excelente ejemplo de un blanco elegante con personalidad.

Si lo que nos seduce de la variedad tinta es la intensidad aromática, vinos como el sauvignon blanc del Pouilly Fumé sorprenderán a los más eclécticos por con notas herbáceas. La piedra silex de sus suelos dan vinos como el “Pur Sang” un pura sangre con una potencia de las que pocos tintos gozan.

Si lo que nos atrae de un vino tinto es la carnosidad, uvas como la garnacha del Priorat dan vinos poderosos en boca y de gustos persistentes. La garnacha blanca elaborada por Silvia Puig en los Viñedos de Ithaca de nombre Odysseus tiene la fruta madura y la densidad en boca de la viticultura bien pensada.

Si lo que buscamos en los vinos tintos son las notas ahumadas, podemos encontrar blancos fermentados en barrica con notas tostadas. Son vinos que cogen el fumé del roble al quemar los toneles por el interior. El Chardonnay Col•lecció d’Albet y Noya del Penedès es un buen representante de estos vinos.

Si lo que apreciamos del vino tinto es el tiempo de guarda, nuestras aliadas serán variedades como el riesling que tienen una acidez alta que le asegura longevidad. Los vinos blancos de Alsacia como el adorado por el sumiller Josep Roca, Clos Sainte Hune de Trimbach, aguanta más de quince años. Por no hablar de los tokays húngaros y los sauternes de Bordeaux donde la botrytis cinera, asegura que la acidez y la refuerza con grado alcohólico y azúcar residual.

Si lo que nos pierde del tinto son las notas especiadas el Macabeo de Jané Ventura que con la fermentación en barrica aporta al vino. El orégano, la salvia e hierbas aromáticas nos harán olvidar las notas de tierra mojada de algunos tintos por estas notas más herbáceas.

Si lo que anhelamos de un tinto es el tanino en los blancos criados en barrica como el Ctònia de Masia Serra. Los más de doce meses en contacto con la madera aportan al vino una estructura en boca gracias al tanino de su crianza.

Si lo que admiramos de las variedades tintas son el grado alcohólico, pueden encontrar en vinos del Somontano como el Chardonnay Crianza del Viñas del Vero 14.5% de volumen alcohólico.

Si lo que adoramos de los tintos es servirlos en decantador, hay muchos blancos que también exigen una aireación. Ejemplo de ello es el Viña Tondonia Blanco de Rioja que gana en complejidad con el trasvase. El otro día probando un ejemplar del 1988, se notaba el final de su vida en boca, pero en aroma era un festival de aromas de reducción, madera y fruta que aún sobrevivía al paso del tiempo.

Los que hablan de los vinos blancos como femeninos, tal vez es que no se han parado a observar como han cambiado los blancos y como son realmente “ellas”. No ha todas las mujeres sólo les gusta el blanco ni a los hombres solo el tinto. La fuerza, el carácter y la ambición no son adjetivos solamente masculinos ni sólo de vinos tintos. Por eso no nos debe extrañar toda una gama de vinos blancos con muchas de las características del tinto, que sin querer imitarlo pueden compartir bouquet. El mundo y los paladares han evolucionado para dejar de lado los prejuicios para abrir a su ser a nuevas experiencias. El vino ha dejado de estar dividido por vinos blancos y tintos, vinos de una denominación o otra, si no que se rigen por sabías elaboraciones e inteligentes interpretaciones. Y ellas ya no sólo quieren blancos florales y dulces, si no que quieren lo que les apetezca en ese momento y adoran el vino que este bien hecho, indistintamente del color.

ACEPTAMOS BARCO…

Había un anuncio donde se aceptaba “barco” como animal acuático… Se trataba de un juego de mesa donde se hacían lista de palabras según la categoría que marcaban las fichas. Mi dilema es ¿Qué podemos aceptar dentro del mundo del vino? Más de una vez me han hecho la pregunta: ¿puedes hacer una degustación de mi sangría? No será la última vez que oigo: “tu que eres sumiller, haz la mezcla del calimocho”. Otros me comentan orgullosos que el vino que más aprecian es el turbio. Y su opinión, como todas, es loable. Pero a la hora de analizar que podemos englobar dentro de los parámetros cualitativos, entran las expulsiones. Salvo al vino de aguja y al lambrusco. Mi teoría es que la gente no pasa de tomar cola a beber un priorato. Cuando somos jóvenes nos gustan los refrescos con sabor a fruta y exaltados por burbujas. Por eso, es normal que empecemos en el mundo del vino con este tipo de vinos. Tienen mucha fruta y nos parecen más ligeros y menos amargos que el tinto y, sobretodo, forman parte de nuestra vida social. ¿Quién no ha pedido en su primera cita un lambrusco y se ha puesto tontito en la pizzería? Después empezamos con el cava en alguna festividad y vemos que a la segunda copa ya nos hemos acostumbrado a la acidez. Del dulce llegaremos al amargo pasando por el ácido. Tal vez, como el café, empezamos tomándolo con muchísima leche para estudiar para un examen. Después llegan los cortados para despejarnos de las juergas del fin de semana. Y muchos nos lo acabamos tomando sólo y sin azúcar. Aunque hay gente que continua con su café con leche y dos sobres de azúcar después de cenar, igual que hay gente que sigue adorando al lambrusco toda su vida sin aficionarse a los tintos reservas.
En este juego de nominaciones a lo “gran hermano”, pongo al cava dulce en la lista de los buenos. Este producto tiene mala fama y es más recomendable que el brut nature para postres. Es verdad que anteriormente se ponía mucho licor de expedición a los espumosos de poca calidad para corregir la vendimia. Pero ahora hay espumosos dulces de gran valúa como “Freixenet Malvasia”, el “Dulce de postres de Albet i Noya” y “Recaredo semi” entre otros que son una delicia. Lo semejante ama lo semejante en maridajes. Aún así, seguimos con los dulces con brut nature porque nos parece de más categoría que el que tiene azúcar residual.
No acepto las mezclas de vino de mala calidad ni sus semejantes. Y es que sobre gustos no hay nada escrito pero hay cosas inadmisibles en el universo de los productos con pedrigrí. Los italianos lo saben y por eso tienen productos como el Asti Spumante ideales para cualquier hora. La bodega “Ochoa” de Navarra ha sacado en el 2006 un Moscato dulce, de poca graduación que es ideal fresco. El Brachetto d’Acqui (la versión popular tinta del Asti) queda nominado junto al tinto de verano. Estos vinos sólo tienen una excepción de consumo: ¡cuando estas de tapas con los amigos en Sevilla!.
Los vinos de iniciación, simples, comerciales y jóvenes, no son vinos para nada despreciables. Tienen mucho mérito porque ayudan a introducirnos a productos de calidad y desterrar al temido botellón. Espero que no haber molestado a nadie con mi juego de mesa a lo “Scattergories” vinícola.

Meritxell Falgueras

Mi nariz de bronce

Desde finales de mayo mi nariz tiene un color especial. ¡Y no porque haya tomado más el sol! Si no que el concurso “La Nariz de oro ”me ha galardonado así hasta la próxima floración de la viña. De las causas y sus razones, ahora voy a dar testimonio en este breve relato:
Érase una vez una chica que hacía el primer curso de sumiller. Se presentó a ese concurso tan famoso del cual todos hablaban. Delante una copa negra, como si fuera una página en blanco, puso a imprimir en palabras sus reacciones. Lo hizo y al levantarse, delante tanta excitación, tiró la copa. Quedó eliminada sintiéndose aún un zarcillo. Esa sumiller entendió que tal vez escribir se le daba mejor que catar y dejo la copa por el lápiz. De eso ya hace siete cosechas. Esta vez con una página llena de escritos y con muchas copas derramadas la catalana volvió a presentarse. Pensó que para hacer un buen reportaje era mejor degustar la experiencia, relatando la ilusión de los participantes y los nervios del evento. La sorpresa fue que aún tenía la edad para ser “Joven Promesa” y ganó en esta categoría. Ese fue su pasaporte a la final de Madrid. Unos pocos elegidos entre ochenta participantes volaron a la capital aunque tantos otros lo merecían. Marc Maldonado con su afable carácter era el responsable, no por clasificarse como “Mejor Sumiller de Cataluña” sino porque se gano el respeto de todos sus compañeros. David Seijas con su nariz oro viejo y sus ojos azules hacía de una excursión en avión una fiesta.
Intentar explicar los aromas del vino era una tarea difícil. Pues tenemos que utilizar palabras objetivas para expresar sensaciones individuales. Pero no más que explicar las vibraciones de una experiencia colectiva vivida en primera persona. Mientras en las salas de degustación, una buena concentración de grandes sumilleres ponían a prueba su olfato. Cuanto más se acercaba el domingo por la tarde, más era la ansia que sentían. Sheila con dieciocho años brilló por su sonrisa dorada y por sus manos de plata que rompían copas y moldes. Esta chica con dieciocho años nos demostró que se cata el vino con el corazón y no con el lenguaje técnico. La verdad es que nadie de los 76 profesionales esperaba ganar, pero todos lo anhelaban. Se trataba de demostrar con una oscura copa con la que poco se intuía, todo el saber de su profesión. Sólo once supieron de qué vino se trataba; de esos sólo siete, supieron expresarlo. Allí empezaba la verdadera final, con las cinco copas tintadas que daban la bienvenida a las paranoias de la nariz y las dudas de las sensaciones. Mientras, los demás compañeros, se preguntaban porque no habían acertado el elixir de la copa eliminatoria. Pues estaban a punto de ponerlo, pero que al final se decidieron por otro. Lo habían visto clarísimo en la primera sensación pero que después, pensándolo mejor, habían rectificado. Esa la parte ácida de la cata a ciegas, pero también es la que hace salivar y obliga a intentarlo la próxima añada. Y es que esta prueba es un cupage donde la intuición cuenta más que la sabiduría. Algunas televisiones llegaron tarde y, los siete clasificados tuvieron que repetir esos terribles cinco minutos con sus copas vacías y con los nervios derramados. Ahora veían la magnitud de haber llegado hasta la plataforma de cata des de donde sus compañeros los animaban y los miraban de forma diferente. Jaume Gaspà que había llegado des de Lleida sin cartera, sintió que valía la pena todo aquello.
Antonio López con su copa dorada miraba a los asistentes. Los finalistas fijaban su mirada hacía el centro de esa copa-trofeo que ya nada preguntaba, sólo contestaba. “Seguro que ganarás tu” dicen algunos a sus favoritos “¿Te imaginas?”. Todos en los respectivos aviones, trenes y coches que los llevaron al hotel se les había pasado por la cabeza, pero todos habían cambiado la música rápidamente, para podar las expectativas. Así la decepción no era tan amarga. Antonio Jesús Gutierrez tenía a toda la familia apoyando su candidatura y en sus ojos reflejaba la serenidad de la victoria merecida. Raúl González por segunda vez se alzaba al podium y conseguía, subiendo el segundo puesto, la superación del tercero del año anterior. La tercera sintió que su nariz de bronce valía la representación de los jóvenes y las mujeres. Aunque sólo tres gozaron del podium no hubo ningún mal trago. Los demás, con el gusto en boca de haber llegado a la final, se prometieron hacerlo mejor el próximo año. Todos decían que lo de menos era ganar, que era importante conocer gente y practicar con tantas muestras. En el fondo, pero, todos deseban el resplandor que da una nariz de metal precioso. Por eso las risas nerviosas, el cansancio psicológico y las palmadas en la espalda. Los participantes se sentían parte de un todo, de un cuento de hadas que para algunos apenas empezaba donde para otros acababa.
La aventura de los sumilleres no acabó con los resultados del Concurso “La Nariz de Oro”. El grupo de Barcelona, como tantos otros esa noche, se quedó bloqueado en el aeropuerto por la tormenta que amenazaba la salida de Barajas. Allí se encontraron con gigantes (Dueñas) y hombres con pies de oro (Ronaldiño)… Y es que, quien creé que los sumilleres sólo hablan de “cuentos chinos”, tal vez tienen razón. Pero esa es la magia del vino, imaginar un mundo en una copa. A veces, sólo creyendo en las capacidades de acertar la degustación, uno puedo aprender a entender mejor el vino. Es cuestión de seguridad y sensibilidad. Esto es el mejor premio que puede regalar el certamen. La aventura junto los brindis con los compañeros es la mejor vendimia. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero la próxima convocatoria del concurso acaba de empezar con centenares de nuevas historias y vinos a descubrir…

Meritxell Falgueras

NINGÚN MAL TRAGO

Acertar la elección del vino no sólo nos puede alegrar el paladar sino que nos puede garantizar el éxito de un encuentro. Se cree que sólo es importante combinar el vino con la comida, y a veces, priman las situaciones. Giacomo Casanova, el gran conquistador, pedía el vino dependiendo con quien lo compartía. El secreto de los buenos maridajes es armonizar el vino con el contexto y hacer que su “bouquet” inspire una atmósfera especial

– Un vino para seducir
En una mesa para dos triunfa uno con cierta crianza. El vino, igual que los comensales, se va “abriendo”; es decir, va mostrando su intensidad aromática a medida que lo hacemos girar en la copa. Mientras, la conversación se vuelve más profunda y los sentidos más receptivos.
Imprescindible: una cena larga y un par de velas que les den el toque mágico al elixir
A tener en cuenta: deja un poco de vino en la copa para después de la cena, así el último sabor que te quedará es el del vino.
Ventajas: eligiendo un buen vino, tal vez obtienes un delicioso café con leche la mañana siguiente en compañía.
Vino: Honoris de Valdubón 2003. D.O. Ribera del Duero. Cereza picota intenso. Aromas a frutos rojos maduros con fondo de cuero. Temperatura de servicio:16 grados. 29 euros

– Un vino para tomar mientras esperas…
En una terrazita de verano, debemos tomarnos un vino que fácilmente lo podamos tomar a copas y bien fresquito.
Imprescindible: el vino como aperitivo es tiene mucho más glamour que una cerveza.
A tener en cuenta: debe ser un vino delicado porque estamos con el estómago vacío.
Ventajas: con su fragancia no te sentirás sola.
Vino: Viña Esmeralda 2006. Oro nuevo brillante. Aromas a moscatel y rosa. Entrada dulce y post-gusto seco. Temperatura de 9 grados. 8 euros

– Un vino para estrenar vestido
Estrenar algo te hace sentir más atractiva y esto bien merece una fiesta. ¡Así que vamos a brindar con un espumoso! Puedes hacer el maridaje con tu perfume: Veuve Cliquot tiene un Champagne Vintage que al igual que Very Irrésistible de Givenchy « Chateauneuf de Grasse 2006» son de añada. Para oler y beber rosas. Algo exclusivo y de edición limitada.
Imprescindible: coge siempre la copa por la base para que no se caliente el champagne.
A tener en cuenta: es muy fácil para combinar con todo tipo de comida y sobretodo como aperitivo.
Ventajas: dicen que el champagne embellece a las mujeres que lo toman… ¡O tal vez lo dijo alguien después de haber bebido demasiado Champagne!
Vino: Veuve Cliquot Rosé 2002. Rosado pálido. Aromas a fresas silvestre y en boca cítrico. Carbónico cremoso y persistente. Temperatura de 9 grados. 55 euros

– Un vino para sorprender
Este vino sorprendrenderá a cualquiera de nuestros invitados. Los que no les gusta el vino apreciaran sus aromas frutales y los que saben mucho lo reconocerán como un frizzante italiano. Apetece a cualquier hora del día.
Imprescindible: si hay virutas de foie, bombones o música soul tienes el maridaje perfecto.
A tener en cuenta: sólo tiene 5’5% grados de alcohol.
Ventajas: no tires la botella vacía, con su corte estilizado la puedes utilizar como jarrón o candelabro.
Vino: Moscato d’Asti Ochoa 2006. Pajizo con notas alimonadas. Burbuja menuda que exalta los aromas a piel de cítricos y albaricoque. Boca fresca y ligeramente dulce. A servir sobre los 6grados.10 euros

– Un vino para tomar entre amigas
No es que a las mujeres sólo les guste el vino blanco porque dicen que son más suaves y dulzones. Los vinos no son ni femeninos ni masculinos; no dependen del sexo, sino de situaciones y de gustos.
Imprescindible: combínalo con los entrantes y primeros platos.
A tener en cuenta: es un vino que entre risas y chismes pasa muy bien… ¡y no es agua precisamente!
Ventajas: La variedad gewürztraminer producen vinos florales que hacen que esa copa parezca un jardín.
Vino: Viñas del Vero Gewürztraminer 2006. Amarillo pajizo de reflejos verdosos. Aroma intenso de rosas y de frutos exóticos (mango, pomelo). Temperatura de 10 grados. 8 euros

– Un vino para hacer las paces
Se necesita algo dulce que esconda el amargor de una pelea. Los vinos se relacionan como las personas con la comida: por similitud o contraste. A veces tus relaciones dependen de las afinidades de carácter. Otras la atracción nace de la diferencias de personalidad.
Imprescindible: Los vinos de la uva pedro ximénez casan a la perfección por su dulzor con los postres.
A tener en cuenta: Pero si quieres hacer un maridaje de contraste pruébalo con un queso azul…
Ventajas: Es un vino que acompaña una dulce conversación y que también puedes tomártelo sólo después de una comida
Vino: Alvear Solera Pedro Ximénez. D.O. Montilla-Moriles. Color caoba con lágrima lenta. Olores a pasas y frutos secos. Boca dulze y envolvente. A servir a unos 10 grados. 7 euros

Meritxell Falgueras

ELS PREJUDICIS EN EL MÓN DEL VI

No bevem cava dolç perquè ens fa mal el cap, no tastem vins blancs de zones pròpies de vins negres o fins i tot deixem de prendre el tipus de vi que ens agrada per fer un “maridatge” perfecte. Tot això ho donem com a realitats inamovibles o no són més que prejudicis?

Prenem caves secs sempre, des de l’aperitiu fins als postres. Sembla que molta gent dóna per suposat que el cava de més qualitat és el “brut”. El tipus de cava (brut nature, brut, semi, sec, dolç) no és directament proporcional, avui en dia, a la qualitat del producte. Pot ser en alguna marca i en altre èpoques s’utilitzaven els vins base de pitjor qualitat emmascarant-los amb el licor d’expedició. Però amb els recursos enològics i tenint clar que el bon vi comença a la vinya, això ha passat a la història. Recordem que el cava dolç porta més de cinquanta grams de sucre en el licor d’expedició i que pot ser és això i l’abús d’una beguda dolça el que ens provoca mal de cap i no la qualitat del mateix.

Hem començat a no tenir por de demanar vins de zones que no siguin les clàssiques perquè confiem amb la qualitat de moltes més denominacions. Tenim, però encara, el complexa de que un champagne serà més distingit que un cava; que sempre “quedarà millor” regalar un vi de fora o portar un vi negre quan estàs convidat a una casa. En canvi, és més original i pràctic regalar caves d’autor, vins de la teva zona i portar un blanc que sempre és més fàcil d’harmonitzar. I més últimament, que trobem una personalitat molt marcada en els vins negres que dificulta la combinació amb un menú variat. Respecte els maridatges hi trobem la llei salomònica “vi blanc amb el peix, vi negre amb la carn”. Per deducció lògica, el rosat quan no es pot ni blanc ni negre. I què s’ha fet dels gustos personals? I una persona que no li agrada el negre? Haurà de sacrificar el tipus de vi que li agrada perquè el plat quedi ressaltat? L’harmonització ideal és el vi que t’agrada amb la persona que vols i amb teu plat preferit, està clar. Tota la resta són sotileses. Si el que ens ve de gust és un vi negre amb un peix, clar que es pot fer! S’ha d’intentar,però, que tingui poc cos i sigui jove. Igual que els blancs amb fusta i criança en lies poden anar de parella amb carns; si no carns de caça, sí les blanques. Els rosats ens poden acompanyar en situacions desenfadades i amb plats de pasta amb salses un xic picants.
Hi ha gent que com no li agrada el vi negre no el tasten mai. Ho han donat mai l’oportunitat de deixar que el seu paladar tasti vins afruitats o aromàtics de varietats poc astringents que a cegues el beurien com un vi blanc. O els que només estimen els negres, certs blancs de zones més característiques de negres (com per exemple el Priorat, Rioja o Burdeus) quedarien entusiasmats amb el cos i la mineralitat d’aquests vins. Graus alcohòlics alts no signifiquen vins aspres ni dolços, doncs molts cops si aquests vins estan acompanyats d’acidesa i fruita no notem aquesta calor en la boca. En canvi d’altres sense passar dels 12% de volum alcohòlic ens donen notes de pesantor.

“El vi de reserva es creu més bo que un jove, i si algú diu el contrari és que no en sap”. Un vi jove gaudeix del protagonisme de la varietat, en canvi el reserva els jocs de fusta amb els que estiguin criats ens donaran les seves notes clau. Que es sàpiga, de gustos no hi ha res escrit, així que es pot preferir la frescor d’un jove i no les aromes d’envelliment. També ens fan dubtar de les nostres capacitats la tria del vi al restaurant. El sumiller sembla un professor que examina el nostre coneixement de vi. “Quan ens fa tastar el vi, ens vol posar en evidència”. Hauria de ser tot el contrari. El sumiller ha de ser el nostre aliat, l’expert que ens ajudarà a l’elecció. No estem obligats a saber de vins, aquesta és la seva feina. Quan s’ofereix el vi per a degustar, només s’ha de corroborar que està en bon estat. Com animals que som, l’olfacte serveix per informar-nos del perill i si un producte està en mal estat el nostre nas ens alertaria. Sembla també que un vi quan més car, més exquisit. Segurament un vi de 30 euros serà el doble com a mínim de bo que un de 3, però no crec que un de 300 sigui deu cops millor. La qualitat i el luxe són inquantificables i per gaudir d’un vi extraordinari no cal anar al més costós. El que si cal és obrir els sentits i no permetre que els prejudicis ens amarguin una deliciosa copa de vi.

Meritxell Falgueras

Meritxell Falgueras, primera Dama Blanca de los vinos de Rueda


La sumiller catalana Meritxell Falgueras, primera Dama Blanca de los vinos de Rueda

La sumiller catalana Meritxell Falgueras será nombrada primera Dama Blanca durante la I edición de Medivinia, la Feria del Vino de la DO Rueda, que se celebra en Medina del Campo (Valladolid) durante los días 1 y 2 de junio. La figura de la Dama Blanca se ha creado por la organización de Medivinia para reconocer a personas destacadas por contribuir a la difusión de la cultura del vino.

Titulada en Sumillería por la Escola de Restauració i Hostalatge de Barcelona, Meritxell Falgueras compagina diferentes trabajos en las áreas de formación y comunicación. Así, es profesora del Gremio de Sumillería de Barcelona y de Cultura del Vino en diferentes universidades catalanas, además de ser responsable de comunicación de la Asociación Catalana de Sumilleres y de Relaciones Públicas de la empresa Celler de Gelida (Barcelona).

Asimismo, en 2007 recibió el premio de Mejor Sumiller Promesa de Catalunya en el concurso Nariz de Oro, organizado por la revista ‘Vino y gastronomía’, con el tercer puesto en la categoría absoluta.

Las dotes de comunicadora excepcional de Falgueras se ponen de manifiesto en sus múltiples colaboraciones en medios de comunicación de Catalunya, además de en un interminable listado de conferencias y eventos relacionados con la cultura del vino. Entre ellos, ha sido copresentadora del concurso Millor Sumiller de Catalunya 2006, ha dirigido diferentes catas en Europa y Norteamérica y fue escogida como Dama del Cava junto a la modelo Martina Klein, en 1999.

La Feria Medivina se convertirá en el primer salón monográfico de los vinos de la Denominación de Origen Rueda. La muestra, que se celebrará en los jardines del Palacio Balneario de las Salinas, en Medina del Campo, está organizada por el Ayuntamiento de la localidad y por el Consejo Regulador de la DO Rueda.

El objeto de la feria es crear un marco especializado dirigido a empresarios y profesionales de hostelería del norte peninsular. Los visitantes tendrán la oportunidad de catar los vinos y contactar con bodegueros y enólogos en un escenario al aire libre.

Las bodegas de la DO Rueda tendrán la oportunidad de dar a conocer sus vinos a la mayor concentración de profesionales de vinotecas y tiendas especializadas de España, puesto que, de forma paralela, en el marco de Medivinia se celebrará el I Encuentro Nacional de Vinotecas. También han confirmado su presencia representantes de distintos colectivos empresariales de hostelería de toda la franja norte peninsular. Los colectivos de sumillería, en los que participa la propia Meritxell Falgueras, tendrán una presencia activa en Medivinia, donde recibirán un reconocimiento por su destacada labor de promoción y divulgación de los vinos de la DO Rueda.

Para ampliar información contactar con:
Asun Solís, Ricardo Ortega
Tfnos.: 983 403 371 o 609 722 105
redactor@revistaargi.net

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