¡Descorchemos las palabras!

Artículo de Meritxell Falgueras publicado en el blog Tinta de Calamar (Cadena SER)

descorchar

–  ¿Quiere degustar una bodega boutique que trabaja con viñas viejas de manera muy pasional? Tienen un reserva que será un icono primeum de estilo borgoñón de aromas varietales de 100 puntos Parker donde el terroir es el protagonista y…

–  No quiero saber más, gracias. Tomaré un refresco

No quiero que esto pase en un país productor como el nuestro. He construido esta frase utilizando los 10 términos que, según Grabiel Savage, del Drink Business,son los más irritantes para el consumidor a la hora de hablar de vino. Yo cambiaría algunos de los anglicismos por nuestros ‘de casta’, ‘afrutado’ y ‘redondo’, pero eso da igual. Lo que tiene importancia es cómo podemos comunicar, seduciendo con el lenguaje sin que el consumidor cambie de canal. ¿Dónde esta el equilibrio?

Si lo haces didáctico, divertido y fácil lo tachan de superficial y poco profesional. Si lo haces serio, resulta aburrido, elitista e incomprensible. ¿Qué queremos que sea el vino? ¿Un amigo que nos ayude a disfrutar más de la gastronomía y de las palabras? ¿Un producto cultural de lujo? ¿Una religión? ¿O simplemente lo que es: el fruto del paisaje? En este país no lo sé. En Estados Unidos quieren que el vino se venda. Y por ello todo lo hacen muy formalmente informal.

Quien quiere más información va a las bodegas. Pagando, que nada es gratis en esta vida y menos los domingos, cuando los bodegueros querrían estar con la familia y los visitantes quieren emular a los protagonistas de Entre copas. ¿Queréis beber sin tener que conducir? En Napa Valley tienen un tren para ello y, si no, dependiendo del presupuesto hasta se podría alquilar una limousine. ¿Qué bodega visito? Tienes los catálogos  gratuitos en todos los restaurantes y tiendas con las bodegas divididas por zonas, variedades con toda la información ¿Y qué le compro a mi prima que no ha podido venir? Al final de la visita hay todos los souvenirs imaginables para poder seguir degustando el vino con todo lo que has querido aprender.

Después de Disneyland, la zona de las bodegas concentradas entre Napa Valley y Sonoma es la segunda atracción turística en California con 8 millones de visitantes anuales. Algo estarán haciendo bien los americanos. ¿Y nosotros? El fraile mallorquín Junípero Serra fundó las primeras misiones californianas y fue el culpable de que en el siglo XVIII se empezara a cultivar la vid.

Ya que somos exportadores de la tradición, ¿por qué no importamos un poco de esa mentalidad americana, si nos hace entender (y vender) más vino? Debemos construir, no destruir (y menos ahora). El consumidor tiene que disfrutar bebiendo vino. Y basta. Que pueda decidir él cómo, el cuándo y el lenguaje de la cata. ¡Pero que sea uno que pueda comprender!

En América ningún camarero te mirará con desprecio si pones hielo en la copa de blanco (aunque tengo que reconocer que es una imagen que me cuesta digerir). ¿Qué importa si no lo sabe decantar? Lo que importa es que tenga ganas de repetir porque esa botella de vino le ha hecho vivir un gran momento. El vino existe, con sus enotecas y sus expertos, con las revistas especializadas y sus periodistas, con los agricultores y los diseñadores de etiquetas, gracias a que los consumidores deciden pedir vino en vez de un refresco. Y así, cada día un poco más, la sed de conocimiento irá vaciando esas barricas. La gente solo entiende una lengua: la del buen gusto.

Meritxell Falgueras

*Foto: Gianni Dominici via photopin cc

 

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