¡No seas racista (con el vino blanco)!

A mucha gente no le interesa el vino blanco. Tal vez porque creen que el tinto es de mejor calidad o que sólo se toma blanco cuando la temperatura sube (y la del vino tiene que bajar). Puede ser que no se hayan molestado en conocer los diferentes blancos de nuestra península y que sólo conozcan un tipo de vino floral, con frutas cítricas y frescas.
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Hay zonas que asociamos casi en exclusiva a vinos blancos como, Rueda, Rías Baixas,  Ribeiro, Alella, Jérez o Alsacia, por citar algunos ejemplos. Al pensar en Rioja, Priorato o Somontano, en cambio, se nos viene a la mente un tinto. Pero los blancos de estas denominaciones de origen, con suelos propios de variedades como el tempranillo, la cariñena o la garnacha, crecen con alma de tinto. Los enamorados de los tintos, de hecho, pueden encontrar en estos blancos unosamantes sabrosos, corpulentos y atractivos.

Los vinos blancos se han adaptado a los nuevos tiempos y al gusto del mercado. Hasta los albariños ya se aprecian más con barrica y el verdejo de Rueda envejecido en madera nos parece un festín para los sentidos. ¡Y qué decir de los chardonnays de Navarra o del xarel·lo del Penedès cuando se crece con la madera! Realmente son vinos que pierden el exotismo de la fruta (más tropical en el primero y más cítrica en el segundo) para aportar notas ahumadas a su fragancia.

Ahora que las identidades sexuales están en crisis, parece que a los vinos también les cuesta decantarse por las cualidades de su tipología. ¡Hay muchosblancos marimachos!

  • Si lo que nos gusta de los tintos es la untuosidad en boca, encontraremos en los blancos criados con lías los mejores aliados. El contacto con las levaduras muertas aporta intensidad de aromas y textura al vino. El Dobles lías de Marimar Torres (Russian River Green Valley, California) es un excelente ejemplo de un blanco elegante con personalidad.
  • Si lo que nos seduce de la variedad tinta es la intensidad aromática, vinos como el sauvignon blanc del Pouilly Fumé sorprenderán a los más eclécticos con notas herbáceas. La piedra sílex de sus suelos da vinos como el Pur Sang: un pura sangre con una potencia de las que pocos tintos gozan.
  • Si lo que nos atrae de un vino tinto es la carnosidad, uvas como la garnacha blanca del Priorat dan vinos poderosos en boca y de gusto persistente. Un buen ejemplar de blanco en tierra de tintos es Mag Igneus, con unos matices para el maridaje que los tintos de su zona no poseen gracias al grado y a la potencia en boca. Denota la parte más masculina de un blanco, con notas de especie blanca y ahumados.
  • Si lo que buscamos en los vinos tintos son las notas ahumadas, podemos encontrar blancos fermentados en barrica con notas tostadas. Son vinos que cogen el fumé del roble al quemar los toneles por el interior. El Chardonnay Col·lecció d’Albet y Noya del Penedès es un buen representante de estos vinos.
  • Si lo que apreciamos del vino tinto es el tiempo de guarda, nuestras aliadas serán variedades como el riesling, que tienen una acidez alta que les asegura longevidad. Los vinos blancos de Alsacia, como Clos Sainte Hune de Trimbach, aguantan más de 15 años. Por no hablar de los tokays húngaros y los sauternes de Bordeaux, donde la botrytis cinera asegura la acidez y la refuerza con grado alcohólico y azúcar residual.
  • Si lo que anhelamos de un tinto es el tanino, los blancos criados en barrica aportan estructura en boca gracias al tanino de su crianza.
  • Si lo que admiramos de las variedades tintas son el grado alcohólico, pueden encontrarse blancos del Somontano con 14.5% de volumen alcohólico. El cambio climático, con sus altas temperaturas y una vendimia realizada después de la maduración fisiológica, hace que estos blancos destinados a envejecer ganen alcohol año tras año. Lo  mejor es que este grado tan alto para un blanco no despunta en la boca y queda integrado.
  • Si lo que adoramos de los tintos es servirlos en decantador, hay muchos blancos que también exigen una aireación. Ejemplo de ello es el Viña Tondonia Blancode Rioja, que gana complejidad con el trasvase.
  • Si lo que nos consuela de un tinto es que su ingestión favorece (en parte) nuestra salud, se han realizado estudios que demuestran factores saludables del consumo moderado del vino blanco: permite aumentar el colesterol bueno, principalmente a causa de los antioxidantes procedentes de la pulpa de la uva… ¡y hasta reduce los niveles de presión arterial!

Es posible que quienes se refieren a los blancos como vinos femeninos no se hayan percatado de cómo han cambiado estos ni de cómo son realmente ellas. No a todas las mujeres les gusta sólo el blanco ni a todos los hombres solo el tinto. La fuerza, el carácter y la ambición no son adjetivos solamente masculinos ni sólo de vinos tintos. Por eso no nos debe extrañar que exista toda una gama de vinos blancos con muchas características de tinto y que, sin querer imitarlo, pueden compartir bouquet.

El mundo y los paladares han evolucionado para dejar de lado los prejuicios, para abrir a su ser a nuevas experiencias. El vino ha dejado de estar dividido entre blancos y tintos, vinos de una denominación u otra… Ahora se rigen por sabias elaboraciones e inteligentes interpretaciones. Y ellas ya no sólo quieren blancos florales y dulces, sino lo que les apetezca en el momento. Y adoran el vino que este bien hecho, indistintamente del color.

Meritxell Falgueras

Ver artículo en Tinta de Calamar (Cadena SER)

Foto: Flickr – Ken Hawkins

Comments

  1. Buen post! Hoy en el mío hacía referencia a esa minusvaloración cuando hablamos de vinos blancos, y no digamos ya cuando se habla de vinos rosados. En fín, falta camino por recorrer.
    ¡Salud y buen vino Meritxell!

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