La bella Italia

¿Qué calificativos le viene en mente cuando piensa en Italia? Moda, arte, ópera, pasta, tradición, entre otras tantas. Los vinos italianos son tienen todo eso, como el carácter de sus gentes: divertidos, extravertidos y que hablan el lenguaje del buen gusto. Un país tan cercano en cultura pero tan desconocido en cuestión de vino. Conocemos los lambruscos (uno de los espumosos más venidos del mundo) en formato rosé, dulzón y barato. Aunque el de verdad es tinto, amargo y casa a la perfección con los salami de la zona de Bolonia. Nos guste o no es un vino de iniciación, aunque es mucho mejor comenzar con un vino pétillant, dulce, sabroso y delicado como el Moscato d’Asti. Los italianos son unos grandes comerciales (¡miren con el aceite de oliva!) y gracias a su gastronomía sus vinos se encuentran por todo el mundo. No es de extrañar que sea el primer exportador en cantidad de litros. Los vinos italianos nunca compiten con los platos, van de la mano. La bistecca alla Fiorentina con un Chianti Classico (mejor si es del Consorzio del Gallo Nero), un buen risotto con Soave, el ossobuco con el Barolo. Por ello, es normal que en cada zona respeten y ensalcen sus variedades autóctonas (más de 1500 tipos de uvas más las foráneas). Sus etiquetas reflejan su sensibilidad hacia el diseño, su pasión por las cosas bonitas. Una tradición que se remonta a cuando la península de llamaba Enotria (“tierra de vino” en griego). Hay más de 25.000 bodegas y la media es de menos de una hectárea por finca. Entre los siglos XII y XIV ya se habían establecido en Toscana los nombres nobles del vino como Antinori y Frescobaldi. A principios de los 70 en la prensa se empieza a hablar de los supertuscans con variedades internacionales, nuevos marcos de plantación, podas menos productivas, donde conviven los botti (los grandes toneles de roble de Eslavonia) con las barricas bordelesas. Con nombres como Sassicaia, con una DOC dentro de la DOC Bolgheri  de Incisa della Rochetta), Tignanello, Ornellaia, Tenuta di Trinoro, Testamatta la IGT Toscana sigue en vogue. Estas famosas IGT (Indicación Geográfica Típica) son la versión italiana de los Vins de Pays franceses o de nuestros vinos de la Tierra. Las menciones de más alta calidad son las DOCG (que lo alcanzan las DOC con una particular empeño por la calidad como el Brunello di Montalcino ) y las DOC (delimitados con el nombre geográfico). Los vinos del sur de la Península están viviendo un renacimiento. Entre ellos la IGT Sicilia (que en breve se convertirá en DOC), Taurasi, Falanghina, Greco di Tufo en Campania, y el Aglianico del Vulture en la Basilicata. Los blancos del Collio Friulano que revolucionaron los vinos blancos, continúan siendo líderes con los de Alto Adige y los clásicos Verdicchio dei Castelli di Jesi e La Vernaccia di San Gimignano.

Italia es junto a Francia y España el mayor productor de vino del mundo. El paisaje de viña se ve de un extremo a otro, no hay región por pequeña que sea que no produzca vino de buen nivel y tiene la versatilidad de todo tipos de climas (del atlántico al mediterráneo), suelos y emplazamientos. Aunque para catarlos con toda su intensidad no lo dude: los vinos italianos tienen mejor sabor en Italia.

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