La mujer de mi vida

Pensaba que encontrar al hombre de mi vida sería tan difícil como encontrar el vino perfecto. No hay un vino “mejor”, pero si el vino que te permite degustar los momentos en otra dimensión. Verlo todo de color de rosa aunque tomes un tinto. El vino perfecto no existe pero sí el hombre ideal para ti. Y es que, tal vez, el vino con las medidas 90-60-90 nos resultaría aburridamente coherente. Lo que nos seduce es la desmedida. Ese tanino más suave (o salvaje). El hombre con el equilibrio exacto no se cata en un sorbo. Se recuerda en el post-gusto. Y sobretodo en las ganas de repetir y compartir una botella. Vaciarla y llenarla de sentimientos. Ese beso en la copa que sabe a cereza madura, a especie, a regaliz. Cuando te despeinan la lengua. Una presencia que te hace salivar. Su piel, que como si de una barrica se tratase, huele a coco y vainilla. Se desdibuja en el ribete y tiene los ojos brillantes. Ese hombre con el que brindar es un ritual para celebrar que puedes seguir siendo la mujer de tu vida y de la suya. El hombre de cuyo perfume te emborracharías. Porque quieres respirarlo y airear que es tuyo.

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