How much are you going to change?

Hace poco alguien me hizo esta pregunta. Que cuanto más cambiaría por la persona que quiero. Supongo que la frase me dolió porque me quedé callada. Me sentí humillada, en cierto modo, como si de mi persona sólo existiera un molde preciso, rígido y estándar. Luego esa frase envenenada ha ido sembrando en mi tierra nuevos pensamientos. Sí, claro, estoy cambiando, tengo que aceptarlo. Cambiar es parte de la vida; es más al cambiar demuestras que estás vivo. Sin cambio no hay evolución. El vino sin la fermentación sería siempre mosto. La viña si no la podáramos crecería indistintamente y no se concentraría para dar buenos frutos. Para algunos la madera desvirtúa la vino, para otros lo cría, para otros lo malcría, para otros enmascarada el carácter varietal. Indudablemente lo envejece pues el tiempo varia todo. Sí, he cambiado de opinión miles de veces; mis sueños son diferentes de los que hace un año; mi gusto espero que vaya mejorando cata a cata; mis recuerdos olfativos haciéndose más precisos y mis prioridades se han intercambiado. Me alegro de ir cambiando porque significa seguir creciendo y estar viva. Esa es mi repuesta ¿qué cuánto voy a cambiar? Lo que me haga falta para ser feliz, como siempre he hecho. Y como el buen vino, dispongo de una firme base para poder seguir afinándome sin perder mi esencia.

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