Great Expectations

Grandes esperanzas. Un libro que tiene espejos por toda la literatura. Como el cuento “Mesa para dos” de Paul Auster en Creí que mi padre era Dios. Una mesa especial donde dos personas unidas por una botella de sentimientos beben en silencio la sed de su deseo. Donde, sin querer, están allí reunidos para, sin saberlo, enamorarse. Pero la vida pasa página y esa expectativa puede decepcionar. Como los vinos que por su aroma esperas un gusto diferente. El preludio de una nariz llena de encanto que se vuelve insípida una vez tragado el líquido. Una notas que anunciaban flores que aún no han llegado. Un bouquet que querías desnudar para llegar a sus notas primarias. Un cupage que hubiera podido tener un sabor más largo, más fuerte y más duradero. Y ese hombre te deja un postgusto amargo que ningún tanino vínico puede igualar. Un mal sabor de boca, por así decirlo. La novela semi-biográfica de Charles nos narra un mundo de posibilidades que pronto el joven Pip verá que no es lo que esperaba. Una historia realista y soñadora a la vez que refleja que cada uno es lo que tiene. Y recuerdas su perfume y entiendes porque las colonias no se pueden beber. Porque por muy bien que huelan, son tóxicas. Demasiada destilación, alcohol y fantasía. Tal vez son Tiempos difíciles o vivir una Historia de Dos Ciudades. Aunque lo mejor es que vayamos calentando motores con Un cuento de navidad, que nos haga oler un vino coherente pituitaria-boca. Si Dickens alzara la cabeza vería que hay hombres que se comportan como hace siglos….

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