Procrastinación primaveral

Ya no sé si la primavera la sangre altera o lo único que altera es el termómetro. Tengo frío, ya no sé si es interno o externo, pero lo tengo. Y ya no es que la crisis no nos deje ver el sol, es que no sale directamente. La primavera es una época de mutación, de esperanza, de dejar de invernar. Procrastinar es un verbo que define la ansiedad ante una tarea pendiente de concluir. Continua con el miedo a responsabilizarse posponiendo tareas que nos lleva  a refugiarnos en actividades ajenas a su cometido. Y todo empieza posponiendo la hora en que te tienes que levantar. Abstemia primaveral lo llaman. Para mi representa la rueda de una bici, cuanto más fuerza le das más se mueve por inercia. El problema es cuando se para. ¡Cómo cuesta volver a ponerse en marcha! Por ello, aunque requiera un esfuerzo, hace falta hacer esa lista de cosas pendientes, las tontas y las importantes para volver a brillar con el sol que algún día en mayo tiene que volver a salir. Y que llueva todo lo que quiera, que ya se secará con los rayos de las actividades que vamos tachando y que son pequeños triunfos personales. La pereza a enfrentarnos a cosa que no nos apetecen es nuestra enemiga y es la que nos va chupando esa energía que tanto necesitamos… Por ello lo dejamos para un poquito más adelante y acaba convirtiéndose en piedras en las ruedas. Brindo para que todo vaya sobre ruedas o al menos que seamos fuertes para pedalear la subida. Pues todo lo que sube al final tiene que bajar y todo acaba rodando más fácilmente. ¡Y que dejemos de darle vueltas y hagamos lo que tengamos que hacer!

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