LEYENDAS URBANAS

¿Quién no ha oído la historia de que alguien fue al Bulli y se equivocó al pedir el vino y la cuenta subía más de 2000 euros? Es la tercera vez que me llega la historia de que el primo de una amiga le pasó y lo he comentado con varios grupos diferentes en Barcelona y también han oído la historia. Eso sí, nunca nadie conoce directamente al que le pasó pero alguien se lo ha dicho. Ni corta ni perezosa, llamé a Ferran Centelles, gran amigo y sumiller del restaurante de Ferran Adrià y Juli Soler, y me dijo que nunca había pasado tal cosa. A la gente, le encanta las historias de miedo y también tenemos en cada cosecha diferentes cuentos de vino a lo Halloween. Las leyendas urbanas tienen eso, son mitos que no se han demostrado, que son mentira pero que la gente cree. La cucharita, es un gran ejemplo. ¡Hasta he visto casas de utensilios de vino profesionales que la imitan! Pero la verdad es que la cuchara en el cuello de la botella de espumoso abierto no hace prácticamente nada. Digo eso, porque si es de acero inoxidable aún funcionaria mínimamente como catalizador de temperatura y con el frío hay menos desprendimiento de carbónico. A parte de eso, lo otro es psicológico. ¿Queréis más? La de los Petrus falsos, que igual que hay imitadores de bolsos Prada por doquier, el vino no se escapa de las etiquetas falsas que intentan reproducir la marca con productos de una calidad para nada ecuánime. Por no hablar de las mil cosas que he oído que le tiran al vino cuando fermenta para que coja sabor. Que los vinos Parker en España los cata su psiquíatra, que sea o no verdad, supongo que a parte de su carrera médica también sabrá catar. Los rumores y el “critiqueo” muchas veces son la fuente de estas historias que pasan a ser internacionales. De que tal sumiller no se puede ver con tal elaborador y que una vez casi se pegan en el hall de un hotel. De los puestos de poder de por vida de que gozan algunos personajes del mundo del vino vienen de presiones políticas. O de que tal crítico no supo diferenciar un riesling de un chardonnay. Que si tal periodista trabaja para una marca en concreta y le pasan un sueldo. O que el jurado de “X” concurso estaba trucado a lo Millet. Si mafia y corrupción seguro que hay, como en toda la viña del señor, pero más en la distribución de vinos que es un pirateo continuo, donde ya no hay fronteras ni elegancia. Es la ley de la selva, del más fuerte, sin contemplar ningún código moral. Está claro, la mentira está allí fuera. Esforzarse para entender a verdad a veces reside en un tema personal de actitud. Que si los vinos biodinámicos es algo de hippies y que los ecológicos sólo cuestión de márqueting. Que si tal bodega le quedan cuatro telediarios y ya ha despedido a 20 personas y dan vino pasado y de cupages de distintas calidades. Las leyendas urbanas son relatos del folklore contemporáneo que pese a contener elementos inverosímiles se presentan como hechos reales sucedidos en la actualidad. Todo ello se va fosilizando en nuestra historia y en nuestra mente. Mirando el lado positivo el vino aún se ha llevado la mejor parte si lo comparamos con los perros que se sirven en la restauración china o el bulo que la coca-cola puede deshacer un trozo de carne. Y el consumidor, por si acaso, vuelve a preguntar que esa botella de vinos cuesta 10 euros, no sea que se hayan olvidado un par de ceros y que les pase como esas dos parejas de amigos que fueron al restaurante de Roses y pidieron un vino que les sonaba muy bueno y se habían equivocado con el precio… ¡Seguro que los cocodrilos que viven en las alcantarillas de Nueva York tienen la solución!

MERITXELL FALGUERAS PARA MERCADOS DEL VINO Y LA DISTRIBUCIÓN

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