CENTURY 21

Delante del World Trade Center.

La zona 0. Se puede sentir el dolor de la ciudad en este gran agujero en su corazón que dejaron los atentados del 11 de septiembre. Todos mis amigos que viven allí conocían a alguien que murió y desde Brooklyn la imagen fue de ciencia ficción. Esta ciudad que sabe como levantarse de sus cenizas sigue luchando mirando hacia delante y ondulando con más fuerzas sus patrióticas banderas.

Delante de la zona 0, el centro comercial más frecuentado. Un local lleno de marcas, un out let de antiguos modelos, a buenos precios, con una presentación patética y con dificultad para probar y unas largas colas para pagar. Tener unos guantes de piel Moschino, unos zapatos de Marc Jacobs o un bolso de Donna Karan es lo que atrae a los turistas y habitantes a ir día tras día, para descubrir entre los escombros algún zapato bonito a buen precio y de una marca reconocida. Yo no pude comprar nada. Para mí las buenas compras son como los hombres. Tengo que desear algo antes de tenerlo. Y la mise en place tiene mucho que ver con ello. Ver todos esos objetos de marca tirados, desordenados, manoseados, pierden su atractivo. Tardé tres años en poder estar con el hombre con el que estoy, pero merece mucho la pena. Sí me gustan las tiendas elegantes que me hacen sentir especial, y si aún no puedo comprar en ellas, ya llegará el día que pueda comprarme algo de marca sin que sea en un outlet.

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