UN SÁBADO EN EL MERCADO

Todos los fines de semana me he escapado a ver las viñas, para poder arroparme del frío de San Francisco con los rayos del sol. Mi último sábado, pero, lo he querido pasar en el mercado siguiendo los consejos de varios chefs españoles y americanos. Es verdad, todo un espectáculo. Los vendedores de fruta dándote trocitos de grandes melocotones blancos por dentro; pudiendo coger canapés de cocina india o pudiendo picar unas almendras. En este país se nota que antes de comprarse un coche la gente lo prueba. Y es que sin degustar primero nadie compra ningún alimento. Supongo que a una ciudad no se la conoce hasta que se mira lo que come y cómo lo hace. En el Ferry Building, cerca de Embarcadero, está el mercado más conocido de San Francisco, aunque no el único. Tanto en el down town como delante del Civic Center se pueden encontrar preciosas paradas de campesinos donde en todas cuelga la etiqueta de orgánico. La comida orgánica parece ser la obsesión de los californianos. Hasta en los vinos es una obligación marquetiniana.

Puedes degustar dentro del edificio el mejor café italiano, una barra con ostras y champagne o encontrar una tienda gourmet de carne. Con el escenario de fondo de la bahía y la isla de Alcatraz. Las gaviotas que vuelan y se vislumbra, cuando la niebla lo permite, el azul de las películas de Hollywood. Este mercado del puerto no tiene nada que ver con el comercial Fisherman Warhf, que aunque sea un poco disneyland, hace gracia.

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