Bebiendo a Roberto Benigni

Me podría enamorar de alguien como él. Pero sólo porque es él. Un actor capaz de amar veramente la cultura de un país. Recitó la “Divina Comedia” por las plazas de Italia, como un antiguo rapsoda. Un toscano capaz de defender la sinistra con su sátira a Berlusconi. Un director capaz de rodar el mito del amor en sus diversas formas. En cada una de sus películas Il mostro, Johnny Stecchino, La vita è bella, Pinocchio, La trigre e la neve, es capaz de volverse a enamorar de su mujer en la vida real, Nicoletta Braschi. ¡Qué suerte, Nicoletta, un amante que consigue que lo ames inventándose nuevas historias para conquistarte! Como un vino, que en cada caja, en cada botella, en cada copa diferente,consigue que lo reconozcas y que te siga sorprendiendo en cada sorbo. Benigni no es bello ni tiene estilo, pero consigue hacerte reír y debe transmitir la “joie de vivre” a quien le acompaña. Hay vinos que no tienen diseño ni cualidades organolépticas atractivas pero que te hacen sonreír y olvidar las penas.

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