Flirtreando con Michell Rolland

Sólo os puedo transmitir mi nota de cata de este francés que tiene más añadas a las espaldas que años. Como un gran vino la primera nota olfativa es de reducción, pero tiene un aroma con mucha personalidad cuando se abre. Y un sabor tánico, potente y sin mala uva.
Subo el ascensor del moderno Hesperia Tower. Corro y se me cae un zapato. Me lo pongo y espero que nadie haya visto mi patosidad. Hay un tipo en la recepción sentado en el sofá, que ha levantado la vista. Me pongo roja y él me levanta una ceja. Llego una vez empezado el Congreso de Cambio climático organizado por la Academia del vino y no puedo ver la presentación de los ponentes. Sé por los panfletos que hay grandes “celebrities”: Jacques Lurton, Ernest Loosen, Richard Smart… pero hay uno que me atrae más que los otros: Michell Rolland. Pido a la organización si podré entrevistarlo y me dicen que está muy solicitado: antena 3, “La Contra” de la Vanguardia, etc. Dicen que ya me avisaran si tiene un hueco. Voy al baño y me cruzo con un hombre con la piel bronceada, unos ojos pícaros y un porte carismático. Me sonríe. Le sonrío. Este tipo me suena. Es el testigo de mi entrada a lo “Cenicienta”. ¿Sólo de eso? ¡Es el de la película “el Mondovino”! Película que he empezado a ver un par de veces y que el final siempre la he acabado en sueños. Es él, el enólogo más criticado y admirado del mundo. El amiguete de Parker, el de la microoxigenación, el “wineflightmaker” por excelencia. Decido que lo voy a abordar en la pausa de la comida. Los cerca de 400 ponentes de 36 países lo ven pasar con una copa de vino y lo miran. Susurran entre ellos: “sí, es ese”. Pocos se atreven a hablarle. Bruno Prats, expropietario de Cos d’Estournel, le toca la espalda. Me da mucha vergüenza avasallarlo pero quiero escribir sobre él en mi espacio de “Vinos y Restaurantes”.
– Señor Rolland, buenos días.
– Oui?
– Sé que habla español. Y los del Chateau Lascombes me han dicho que usted es muy simpático.
– ¿Y que más sabes de mi?
– Sé que me va a ser tan amable de dedicarme unos minutos para que le haga una entrevista…
Me dice que ha quedado con muchos periodistas y que no sabe cuando podrá ser. Le digo que si no le parece muy impertinente puede ser ya mismo. Dejo mi plato y sin grabadora ni papel ni preguntas preparadas empiezo a charlar con él. Le pregunto por su mejor añada, me dice que siempre es la próxima. Le interrogo por el vino que no ha hecho y que le gustaría hacer. Me dice que ya los hace. Le digo qué me adelante qué jardín va a cuidar cuando se retire y veo que mira hacia la terraza de la sala.
– Michel, ¿nos vamos a fumar un pitillo?
Este hombre ha hecho muchas entrevistas y tiene las respuestas estudiadas. Me veo con la obligación de preguntarle sobre la famosa película que lo deja como uno de los culpables de la globalización del vino.
– Cómo dice Madonna, ¿”más vale que hablen mal de mi que no hablen”?
Se ríe. Me dice que no le gusta que lo critiquen pero que la frase es buena. Él no sabía que lo grababan. Lo compadezco porque se hizo con mucha mala uva. Sé que es mejor no tener un reportaje suyo que poder compartir una copa y unas risas. Sacrifico la entrevista por unos momentos con un mito en el mundo del vino. Al día siguiente nos saludamos como viejos amigos:
– Bon jour, Michell!
– Hoy estás más bonita que ayer…
– Merci beuacoup!!
Meritxell Falgueras

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