BLANCOS CON ALMA DE TINTOS

Mucha gente no le interesa el vino blanco. Tal vez porque creen que el tinto es de mejor calidad o que sólo se toma blanco en verano. Puede ser que no se haya molestado en conocer los diferentes blancos de nuestra península y que sólo conozca un tipo de vinos florales, con frutas cítricas y frescos. Hay zonas que las delimitamos a vinos blancos como son Rueda, Rías Baixas, Alella, Jérez, Alsacia, por citar algunos ejemplos. En cambio hay otras como Rioja, Priorato o Somontano que al pensar en estas zonas las asociamos directamente a tintos. Los vinos blancos de estas denominaciones de origen con suelos propios de variedades como el tempranillo, la cariñena o la garnacha crecen con alma de tintos. Y para los enamorados de los tintos, pueden tener como amantes estos sabrosos, corpulentos y atractivos blancos. Por ejemplo Remelluri Blanco de Rioja Alavesa, que refleja toda la complejidad de las ocho variedades de su coupage. Un buen ejemplar de blanco en tierra de tintos es Mag Igneus con unos matices para el maridaje que los tintos de su zona no poseen gracias al grado y a la potencia en boca. Enate chardonnay denota la parte más masculina de un blanco, con notas de especie blanca y ahumados. En un momento social donde las identidades sexuales están en crisis, parece que los vinos también tienen cierta dificultad en decantarse por las cualidades de su tipología.

Si lo que nos gusta de los tintos es la untuosidad en boca encontraremos en los blancos criados con lías los mejores aliados. El contacto con las lías aporta intensidad de aromas y textura al vino. El Dobles lías de Marimar Torres en (Russian River Green Valley, California) es un excelente ejemplo de un blanco elegante con personalidad.

Si lo que nos seduce de la variedad tinta es la intensidad aromática, vinos como el sauvignon blanc del Pouilly Fumé sorprenderán a los más eclécticos por con notas herbáceas. La piedra silex de sus suelos dan vinos como el “Pur Sang” un pura sangre con una potencia de las que pocos tintos gozan.

Si lo que nos atrae de un vino tinto es la carnosidad, uvas como la garnacha del Priorat dan vinos poderosos en boca y de gustos persistentes. La garnacha blanca elaborada por Silvia Puig en los Viñedos de Ithaca de nombre Odysseus tiene la fruta madura y la densidad en boca de la viticultura bien pensada.

Si lo que buscamos en los vinos tintos son las notas ahumadas, podemos encontrar blancos fermentados en barrica con notas tostadas. Son vinos que cogen el fumé del roble al quemar los toneles por el interior. El Chardonnay Col•lecció d’Albet y Noya del Penedès es un buen representante de estos vinos.

Si lo que apreciamos del vino tinto es el tiempo de guarda, nuestras aliadas serán variedades como el riesling que tienen una acidez alta que le asegura longevidad. Los vinos blancos de Alsacia como el adorado por el sumiller Josep Roca, Clos Sainte Hune de Trimbach, aguanta más de quince años. Por no hablar de los tokays húngaros y los sauternes de Bordeaux donde la botrytis cinera, asegura que la acidez y la refuerza con grado alcohólico y azúcar residual.

Si lo que nos pierde del tinto son las notas especiadas el Macabeo de Jané Ventura que con la fermentación en barrica aporta al vino. El orégano, la salvia e hierbas aromáticas nos harán olvidar las notas de tierra mojada de algunos tintos por estas notas más herbáceas.

Si lo que anhelamos de un tinto es el tanino en los blancos criados en barrica como el Ctònia de Masia Serra. Los más de doce meses en contacto con la madera aportan al vino una estructura en boca gracias al tanino de su crianza.

Si lo que admiramos de las variedades tintas son el grado alcohólico, pueden encontrar en vinos del Somontano como el Chardonnay Crianza del Viñas del Vero 14.5% de volumen alcohólico.

Si lo que adoramos de los tintos es servirlos en decantador, hay muchos blancos que también exigen una aireación. Ejemplo de ello es el Viña Tondonia Blanco de Rioja que gana en complejidad con el trasvase. El otro día probando un ejemplar del 1988, se notaba el final de su vida en boca, pero en aroma era un festival de aromas de reducción, madera y fruta que aún sobrevivía al paso del tiempo.

Los que hablan de los vinos blancos como femeninos, tal vez es que no se han parado a observar como han cambiado los blancos y como son realmente “ellas”. No ha todas las mujeres sólo les gusta el blanco ni a los hombres solo el tinto. La fuerza, el carácter y la ambición no son adjetivos solamente masculinos ni sólo de vinos tintos. Por eso no nos debe extrañar toda una gama de vinos blancos con muchas de las características del tinto, que sin querer imitarlo pueden compartir bouquet. El mundo y los paladares han evolucionado para dejar de lado los prejuicios para abrir a su ser a nuevas experiencias. El vino ha dejado de estar dividido por vinos blancos y tintos, vinos de una denominación o otra, si no que se rigen por sabías elaboraciones e inteligentes interpretaciones. Y ellas ya no sólo quieren blancos florales y dulces, si no que quieren lo que les apetezca en ese momento y adoran el vino que este bien hecho, indistintamente del color.

Comments

  1. Un buen blanco a la temperatura adecuada, probado con un agradable fuego en invierno es una delicia, no es necesario estar en la temporada de verano para disfrutarlos.

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