D.O. Empordà. Su apellido era Costa Brava

En 2006 se quita su apellido porque cree que la costa turística no refleja la tradición de sus cepas. Su nacimiento como denominación de origen es en 1975 aunque su tradición remonta a siglos de admiradas elaboraciones por las distintas civilizaciones que han bebido sus vinos. La garnacha y cariñena siguen siendo las protagonistas de sus vinos aunque la variedad francesa syrah va conquistando los vinos de autor en una tierra que donde aún prevalecen las cooperativas. La garnacha y la cariñena son uvas mediterráneas que consiguen expresar en el vino las horas de insolación de su clima mpoderado con grados alcohólicos altos y taninos dulces.

Los suelos poco productivos, pobres y con buen drenaje son ideales para el cultivo de la vitis vinifera porque obligan a la planta a acumular reservas y a concentrar las buenas cualidades para sus vinos. Esto acompañado por una rigurosa poda y control de plantación hace que los vinos de la D.O. Empordà empiecen a definirse antes de la vendimia. Aunque cada vez se recogen las uvas antes por el cambio climático, en el caso de los tintos, se espera a recolectar la uva cuando la maduración fenólica de la piel (antocianos y taninos) para dar el toque moderno a los vinos. Estos vinos modernos de la región se definen por el largo tiempo de maceración de la piel con el mosto en fermentación que hace que el color sea potente, de capa alta y los aromas frutales sean los protagonistas. Nada que ver con aquellos vinos de hace más de una década donde el abuso de madera cubría la potencia de los frutos rojos de las variedades.

Los vinos blancos, elaborados con variedades autóctonas (garnacha blanca, macabeo, moscatel, xarel·lo) son frescos y sabrosos en boca. La garnacha blanca coge en esta parte gerundense el nombre de lledoner. También las uvas picapoll y ugni blanc (trebbiano) tienen su pequeña representación en la elaboración de vinos blancos. Sus aromas evocan frutos blancos y a gamas herbáceas, como manzana y heno. Por influencia del estilo internacional se elaboran monovarietales de chardonnay, uva que permite la elaboración con barrica dando el sabor tostado y la persistencia aromática que tanto adoran los consumidores. Los rosados, de color entre rosáceo y frambruesa muestran los frutos rojos de sus variedad principal (garnacha) y resultan el complemento perfecto para las tardes de verano. Antes que los tintos más modernos los desbancaran, estos rosados eran los más populares y vendidos, por su personalidad y su equilibrio alcohólico. Cada vez con más maceración pelicular, estos rosados de Gerona, son más potentes y menos florales.

Esta denominación sigue la tradición de elaborar el primer vino del año, el “vi Novell”. Este vino joven que se comercializa inmediatamente después la vendimia se caracteriza por ser agradable de beber, con poco cuerpo pero intenso aroma. Los vinos tintos con crianza son otro mundo. Hay bodegas que siguen haciendo largas crianzas en roble que dan como resultado vinos más clásicos. Siguiendo la tradición de la zona hay otras bodegas que para sus vinos más especiales utilizan las variedades foráneas (cabernet sauvignon o merlot). Las “Experiencias Excepcionales” del mítico Castell de Perelada que sirve como icono de la etiqueta de los primeros vinos de esta marca, han sido los más innovadores de la zona. El rey de los tintos es el “Finca Garbet”, de la bodega Castell de Perelada como culminación de sus Ex Ex. A partir de aquí han ido saliendo vinos muy interesantes como lo Oliver Conti y los elaborados por bodegas Mas Estela. La Bodega Espelt con sus originales etiquetas de diseños infantiles han cautivado a la restauración que quiere ver las nuevas bodegas en las cartas.

Los vinos tradicionales de la región están elaborados con garnacha y son unos dulces amistelados y generosos excepcionales, cálidos y sedosos. Estos productos mediterráneos casan perfectamente con los foies y quesos azules de la región. También se elaboran cavas y vinos de aguja ideales para los aperitivos o para tomar a todas horas.

Los espumosos con seis atmósferas de presión y los de aguja con menos de cuatro, hacen que resalten aromas y la refrescante acidez en el paladar. Su contraste paisajístico de mar y montaña hace que algunos de los platos típicos de la zona sean: pollo con gambas o sepia con carne entre otros. Sin olvidar sus productos típicos como las anchovas de la Escala, la butifarra o el aceite. Los restaurantes de la zona, de poco se pueden quejar, pues tienen una materia prima inmejorable para armonizar con grandes vinos de todos los tipos.

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