Ya lo sé, el título de Stieg Larsson es al revés, son Los hombres que no amaban las mujeres. Este libro que me ha acompañado estas últimas noches de invierno y reconozco que voy a seguir con la segunda parte, porque aunque no me lo puedo llevar en el bolso, me gusta tener un tocho cerca de la cama que me ayude a dormir. Lo compré por el título, porque me pareció una obra maestra en cuanto a llamar la atención. Sí, soy una fetiche de los títulos. David Lodge en The Art of fiction, habla de las técnicas para escoger un buen título que resuma y sorprenda al lector. Aún recuerdo el Vivir para contarla de García Márquez, como ese título me inspiró más que su lectura. O la película Cosas que le diría con sólo mirarla, un nombre excepcional para una película que me ha empujado a los brazos de Morfeo más de una vez. Si el otro día hablábamos del nombre del vino, hoy me gustaría compartir con vosotros, como quien divide una botella de vino, porque me intriga tanto el nombre del best-seller del autor danés. No sé, tal vez, a mi pesar, conozco a muchos hombres que no aman a las mujeres; y por esa estúpida imitación a lo malo de masculinidad que tenemos algunas mujeres que trabajamos con hombres, me he vuelto, sin querer, en una de esas mujeres que “odian” a los hombres: a ninguno en concreto, pero sí, a veces, en general.