Presentación del libro Crónica General del Sexo Oral de M.A. Almodóvar

Roser Amills, M.A.Almodóvar i Meritxell Falgueras

Roser Amills, M.A.Almodóvar i Meritxell Falgueras

El pasado miércoles 22 de enero participé, junto a Roser Amills, en la presentación del libro Crónica General del Sexo Oral de mi amigo Miguel Ángel Almodóvar en la Casa del Libro de Barcelona.

Os voy a presentar a M.A. Almodóvar, aunque quizá el mejor modo sea explicando lo que NO ES él:

1) Un hombre sin oficio ni beneficio, porque es sociólogo (profesor de sociología en el grado de Criminología de la Universidad Camilo José Cela), investigador en el Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales (CIEMAT), periodista (lo hemos visto en TVE en “A  mi manera”, como subdirector de “Pasa la Vida”, como guionista en tele 5 en “Día a Día” co-presentando con María Teresa Campos, divulgador especializado en nutrición y periodista en radio, revistas especializadas… por eso, por su pasión gastronómica ha decidido escribir “Crónica General del Sexo oral”. También nos muestra como la lingüística puede cambiar el devenir de la historia. Este es su 17º libro.

2) Un hombre con pelos en la lengua, bueno al menos como la expresión dice, porque ha escrito 269 páginas de sexo oral centrándose en el cunilungus, la felación y el anilingus.

3) No es uno que se rige por los cotilleos si no por la historia.

 


Mi top 5 del libro

-  Los bukakes de Cleopatra

-  César, marido de mujeres y mujeres de maridos

-  En el 2009 la hazana de la actriz porno Carolin Ebert “Sexy Cora” que intentó batir el record Guiness realizando 200 felaciones y acabo un poco mal

-  El affair Lewinski

-  La historia de Coquito, la  preferida del autor

 

Y ya que hablamos de sexo oral y soy sumiller, aquí está una posible nota de cata: 

El olor a espárragos es típico del sauvignon, un vino blanco sutil y sensual. Aquel trago era más denso, más salino. Y la copa donde se servía el cáliz muy diferente. Como si de una coctelera se tratase, primero había que agitarla. Tenía notas lácteas pero enmascaradas por el olor al líquido de las olivas con anchoas, secretamente combinadas con un vino de tempranillo. Un olor que se mezclaba con otro más dulce, más ácido y cerrado. Las papilas gustativas quedaban dormidas, anestesiadas, extasiadas por una temperatura templada. Su evolución empezaba con la su ataque sedoso y acababa con el cuerpo de un crianza en boca. ¡Era todo un gran reserva! A su post-gusto le fue aquel último beso donde compartieron más de un par de números y se desdibujaban las fragancias por despeinar más los cabellos y mojar-los en sudor. Aquel beso llevaba equipaje y era la cosecha de su sexo. “Ves como si comes espárragos te cambia el sabor?” (Y es que un hombre, para que se lo hagas, es capaz de tragarse lo que sea!)

Meritxell Falgueras

19 vinos sexis para San Valentín

santvalenti

El vino que tragas como agua no lo degustas,  lo necesitas. Te sacia, te llena, te calma. El vino que hace tiempo que deseabas, que ha sabido envejecer y crecer en botella, cuando lo tomas tiene un postgusto preñado de memoria. El vino que te alcoholiza, que te harmoniza, que te hidrata, que te ayuda a desinhibirte, no es el mismo vino que necesitas cuando estás harto de todo y solo quieres beber algo que te vuelva a poner en sintonía con el mundo.

Hay personas que le hacen el amor al vino con bonitas palabras para descubrir sus aromas, que lo catan lentamente, que se dejan seducir por su color, que lo desnudan lentamente… que se emocionan cuando un vino les penetra. Los hay que beben el vino como una necesidad fisiológica, de cualquier manera, en cualquier copa, con cualquier comida. A esa gente, el vino le proporciona un placer animal que poco tiene que ver con el ser gourmetEl vino que ayuda a dormir es diferente al que hace soñar. Con el vino, entonces, ¿también se folla… o se hace el amor?

 

Os propongo algunas recomendaciones con tema para el día de San Valentín. Porque, además de decírselo con flores… ¿por qué no lo haces también con vino?

  1. Para tomar con fresas, Recaredo Brut Nature Gran Reserva (Cava).
  2. Si buscas ese oscuro objeto de deseo… prueba el Violeta Alta (Alella).
  3. Rosso Valentino… con Carandelle (Maremma Toscana) o Artadi Pagos Viejos (Rioja).
  4. Para un desayuno con diamantes, Juve & Camps Cinta Púrpura (Cava) oTaittinger Comtes Champagne (Champagne).
  5. Viña Esmeralda (Cataluña) porque la primavera, la sangre altera.
  6. ¿Te apetecen un buen par de… taninos? Pues, Aalto (Ribera del Duero).
  7. Rosa Rosae… con Ochoa Rosado de Lágrima (Navarra).
  8. ¿Un vino cheap & chic? El Laderas del Sequé (Alicante).
  9. ¿Un vino que susurre? El Ànima Negre 2 (Binissalem-Mallorca).
  10. Nuat (Pla del Bages) es el vino al desnudo.
  11. Para tomar con ostras, Fillaboa (Rías Baixas).
  12. ¡Tócamela otra vez! Acústic (Montsant) o Vall-Llach (Priorat).
  13. Like a virgin… con Can Feixes Blanc Sel·lecció (Penedès).
  14. Para esa última copa, nada mejor que el Jacques Selosse Substance (Champagne).
  15. El pecado de la carne también se bebeLegaris Reserva (Ribera del Duero).
  16. Regala flores… ¡con vino! Gessamí (Penedès).
  17. Para el desamorLa Malkerida (Utiel-Requena).
  18. Si quieres que te quieran másMás Amor (Terra Alta).
  19. Para disfrutar de la dolce vitaDulce Corazón (Manchuela).

 

*Imatge: Flickr – Marina Aguilar Araujo

De cuando se fumaba en Florencia

Estuve toda la noche húmeda, llorona, lluviosa, nostálgica, alegremente triste recorriendo la que fue la ciudad de mi vida, Florencia. El amor de la juventud donde pasé grandes momentos y sufrí descubriéndome a mi misma. Donde cada día era una aventura. Donde en las noches surgía la locura, la escritura, el arte y la música. Vivía entre canciones de jazz, birras, tisanas, Sangiovesi, chips, lágrimas, besos, libros que leía, la novela que escribí y los amigos que me alimentaron. Los mismos amigos que me siguen esperando para cantar nuestras canciones de aquel mítico Erasmus en el 2002. Donde aún se acuerdan de mi los de la floristería, el bar de los aperitivos y como no, los de la enoteca. “La catalana” me llamaban. Una chica que tenía tanta luz como sombras. Ese período de artista maldita está aparcado.Creo que me he vuelto más pragmática. Más adulta, dicen algunos. Menos flipada, pienso yo. Pero cuando yo fumaba en Florencia aspiraba cada día los Uffizi y siempre me perdía antes de llegar a casa. Fumaba nerviosa después de acabar un examen y escribía con un cenicero que me inspiraba a insólitas horas de la madrugada, Cada noche, pero, me iba al Ponte Vechio con la bici a escuchar a ese viejo guitarrista y hacerme el último piti en Santo Spirito. Miraba la luna reflejada en el río y me fumaba el del deseo visualizando lo que quería. Y ahora que ya no fumo se ha convertido en mi realidad. Me gustaría saber si el sabor de aquel tinto de la “Rosticceria il Pirata” era tan bueno o solo era que con él aunque fuera bebido en una taza de café con leche escribí un capítulo fundamental de mi vida. Y apoyada en los muros del Arno le digo a Florencia que mis sueños se han hecho realidad y que espero que eso sea bueno haciendo un suspiro de aire sin humo.

Las cincuenta sombras del tinto

Hay un libro erótico que el boca a boca lo está convirtiendo en un best-seller. En teoría, las mujeres son menos visuales que los hombres, tal vez por ello, somos menos consumidoras de pornografía pero más imaginativas y a grosso modo mejor lectoras. En otras lenguas el título está traducido como tonalidades, como la gama cromática que observamos en nuestras copas cuando hablamos de un tinto. Que empieza con el negro más oscuro y que con el tiempo los antocianos se desnudan hasta quedarse en los bajos fondos de las botellas. Todos queremos lo que no tenemos. Dicen que las mujeres damos sexo para conseguir amor. Que los hombres dan amor para recibir sexo. Sería este un poco el argumento la trilogía citada. En el vino pasa una cosa parecida: el tinto con el tiempo quiere ser blanco y el blanco, tinto. Y no entremos, si el tinto es más masculino que femenino. Porque este fenómeno de éxito y la lectura no racista de las mujeres en las cartas de los restaurantes lo demuestran. No hay límites coloristas para los que buscan calidad y son sensitivos. Los ribetes son los que marcan la diferencia: de los más púrpuras, pasando por los cerezas, granates, rojizos para acabar en marrón-teja. A veces, pero, como los tópicos literarios hay la sensación que “este vino ya lo he visto”. Podemos leer en todas las guías (del Wine Spectator a la Guía Peñín) una muy parecida descripción visual del tipo “cereza picota, capa alta, lágrima lenta” aunque lleven unos cuantos años en botella. ¿Es culpa del cambio climático o que todos anhelamos la perfección aunque tenga su lado artificial? La dominante parkerarización (entendiendo concentración, alta graduación y potencia) del gusto, la sobremaduración polifenólica, la larga maceración con las pieles y las barricas nuevas tostadas hacen que el terruño quede sumiso. Vinos estandarizados (como el protagonista Christian Grey) que son técnicamente perfectos, como los vinos del nuevo mundo, pero que les falta autenticidad para ser reales. El sustituto de Jay Miller, el nuevo encargado de la cata de la prestigiosa Wine Advocate en España es ahora Neal Martin, un amante de los clásicos Riojas (los de corte clásico como López Heredia han salido beneficiados), añejados, de colores evolucionados. El estilo Parker ya no será sinónimo en la Península de esos vinos de capa alta, de concentración, de añadas jóvenes con alta graduación. Seguirán pero, nominados los vinos a lo Meryl Streep, sin bótox ni el artificio del maquillaje, como los vinos que saben envejecer y adaptarse no dejando que las bombas de fruta eclipsen su alma. Los que se crían en botella y luego salen a la luz con su sabio esplendor. Se dice que “quien tuvo, retuvo”.

Baci di Sangiovese

SANGIOVESE MAREMMA TOSCANA IGT VENDEMMIA 2010
GRAPES
100% Sangiovese.
SOIL
Made up of Aeolian deposits of medium texture, originating from the foliation of the mineral-bearing hills of Gavorrano, giving a stony terrain with a highish clay content.
COLOR
Intense ruby red, with violet shadings.
BOUQUET
Intense and full, the flavor offers pleasant scents of violets, cherries and wild berries accompanied by scents of spices and licorice.
FLAVOR
Pleasantly fresh with a good structure supported by velvety tannins and a persistent finish.
SERVING TEMPERATURE
Serve at about 16°-18°C (61°-64°F).
FOOD COMBINATIONS
A harmonious wine that accompanies preserved meats of the Tuscan tradition, savory introductory dishes, grilled red meats and moderately aged Pecorini cheeses.

Desesperate housewives

Esta serie quería ser mi consuelo por el final de Sex & the City. Pero no lo fue. Las amas de casa de Wisteria Lane no eran glamourosas como las chicas de New York. No me sentía representada por “las mujeres desesperadas” porque estaban casadas, con hijos, casa, perros, vecinos, iban al super, hacían cookies y se emborrachaban con Pinot Noir en el porche. Tampoco era que mi vida amorosa era como la de Samantha o que compraba tantos Manolos como Carrie, pero al menos escribía, era soltera y vivía en una ciudad donde hacían coktails y podías pillarte un taxi! Desesperate housewives nunca ha querido ser una falsificación de la realidad, con sus asesinatos, sus ironías, sus malentendidos, sus finales redondos. Siempre ha sido un guiño a las sensaciones, a las cosas que no se dicen, a los sentimientos que escondemos debajo una sonrisa. Una gran elogio a todas esas amas de casa frustradas que tienen una vida alternativa que solo ellas entienden. He aprendido muchas cosas de la serie, sobretodo de la estructura narrativa. La voz en off de una muerta, el leit-motive de cada capítulo, la caricaturazión de los personajes… I love Bree Van de Kamp, la relación del matrimonio Schavo, las flipadas de Grabrielle Solís, la valla blanca de la entrada de cada casa, la cámara panorámica, la cultura gastronómica de la serie… Un episodio, el de la muerte del manitas del barrio el día antes de su jubilación con un flashback de los primeros encuentros con sus vecinas, un capolavoro de los guionistas. No tener miedo a matar personajes y continuar resucitando otros. El otro día vi el último capítulo. Se acaba que todas esas damas de un barrio residencial que solo se quejaban, cotilleaban y cocinaban en su treintena-cuarentena, se ponían a trabajar en la cincuentena. Todas menos Susan que es la única que trabajaba escribiendo cuentos para niños en la primera temporada y que en la última se encarga de cuidar a su familia. Se tiene que ser muy valiente, segura y ordenada mentalmente para aguantar el peso de una casa donde no hay incentivos y solo cosas por hacer. Nice. Creo haber deducido de estas ocho temporadas que aunque me llegue a costar dinero voy a seguir trabajando, porque ahora que vivo en un pueblo muy a las afueras de mi mundo, no quiero acabar desesperada.

Inmigrante

Estoy acostumbrada a vivir fuera de casa. He estudiado en Bordeaux, Florencia, en París y San Francisco. Pero siempre volvía a Barcelona y todo tenía un sentido. Ahora vuelvo a mi ciudad para trabajar pero se podría decir que vivo en otro país. Mi Italia, la que he estudiado mi erasmus, la patria de mi marido y el lugar más maravilloso para vivir. Pero en el pueblo en el que vivo no soy de allí. La gente no me conoce, ni me reconoce por lo que soy. Sólo soy la mujer de alguien. Ni se preguntan de donde vengo ni si hago algo. El otro día me preguntaron si era la nueva mujer de la limpieza rusa del pueblo. Es que para ir a la biblioteca no me arreglo tanto, pero tampoco tan poco. Una gran lección de humildad para mi ego y aún tanto trabajo me queda para hacerme mi parcela allí. Espero que, como las variedades foráneas yo también me pueda aclimatar a este nuevo terroir y me consideren por mis frutos.

La necesidad de soñar

¿Aún haces el piti del deseo? ¿Soplas los dientes de león? ¿Pides deseos cuando ves una estrella fugaz? ¿Sigues escribiendo la carta a los Reyes Magos aunque sepas quienes son de verdad? ¿Desojas margaritas? ¿mueves la tira de la lata para saber la letra por la que empieza tu amor? ¿Pones la mano en el techo del coche cuando pasas por un puente? ¿Tiras monedas en las fuentes? ¿Duermes sabiendo lo que vas a soñar?
Todas mis respuestas son sí. La gente me lo pregunta cuando me lo ven hacer y piensan que soy infantil, supersticiosa y/o excéntrica. Y seguramente soy las tres cosas. Pero no por desear. Creo que, seguir deseando, que es una cosa que nos enseñan de pequeños, se vuelve más importante que nunca cuando somos mayores. Porque sí sabemos que queremos es más fácil que nos concentremos en ello. Porque cuando sabes lo que quieres, tal vez los astros se confabulen para ayudarte. Porque cuando sabes lo que quieres también descubres lo que no quieres. Porque te centras. Porque te esfuerzas para que se haga realidad.
Brindo por aquellos que se chocan las copas mirándose a los ojos…
Y yo… sigo persiguiendo los ángeles por la calle y cuando los soplo sigo pidiendo lo que la vida me regalará…

Parole parole parole

Sí, estoy enganchada a KISS FM, con las mismas canciones de siempre, sobretodo por la noche, cuando mi inspiración mengua y las melodías conocidas te hacen recordar esas canciones que un día tuvieron un significado especial. En una de las dedicatorias de esta noche alguien la ha dedicado a una persona que ha perdido y le daba las gracias por los años de su vida pasados juntos, porque fueron los mejores de la suya. “Aparcando el miedo a sufrir” decía la canción, a veces, para sentir, tenemos que arriesgarnos a preguntarnos como nos emocionan esas notas, con quien queremos bailar y que música queremos que sea nuestra banda sonora. Y aunque tener miedo es humano no sirve rendirse. Se ha de ser valiente para ir en busca de su destino. Por ello, como me cuesta aparcar, pido ayuda, porque a veces no sé donde me meto. Abro la nevera y hay una cerveza que me recuerda el sabor de casa. Mientras, Dick (así se llama el perro de mi novio), se enfada cuando me ve escribir y me reclama su atención alzándome con su nariz el codo. Pongo Radio Italia y todas las palabras en italiano me suenan mejor. Queda otra Estrella Damm en la nevera y huele a pan recién hecho. Voy a hacer un break-dance, con el perro y saltaré por la niebla de las viñas para despertar las endorfinas y para que la ansiedad se calme mientras suena la nueva canción de Giana Nanini. Escribo sobre el sabor de las cosas, explico como me sientan pero a veces, también tengo ganas de explicar como me siento. Carmen Consoli tiene un CD que se llama medianamente histérica. Me acuerdo de la campaña de televisión que he protagonizado para la denominación de origen Penedès: Tan bueno y tan cerca. Yo que soy miope debería ser pitonisa solo en el afinamiento del vino. Fijarme en lo que veo, que es lo que tengo cerca y dejar de hacer la cantamañanas.

Comparaciones Odiosas

Siempre les digo a mis alumnos que cuando no encuentren ningún aroma diferencial del vino, que huelan el del lado, y que por comparación, seguro que sentirán nuevas notas aromáticas. Tal vez por ello, o simplemente por celosía, yo me he empezado a comparar con las que me precedieron en el trono. Facebook, abre la puerta a esos fantasmas del pasado que se te cuelan en el ordenador y entorpecen la visión. Dicen que la mente no distingue entre pasado, presente y futuro. Creo que soy buena visualizando porque me dedico a vivir antes que las cosas pase, las emociones que me provocan. Y mis estúpidos ojos que se llenan de lágrimas y no ven nada más que mi hombre en brazos de otra. La curiosidad mató al gato, o que le digan a Ana Bolena. Y aunque os parezca masoquista, es simplemente querer confirmar que eres la mejor para él. Aunque no sirve, porque con su amor debería bastar. ¡Qué bonito era vivir en la ignorancia de nombre sin caras! (Sobretodo sin cuerpos). En el vino comparar el vino precedente para entender el futuro no funciona porque estás supedida al orden de los factores que sí altera el producto. Y para mí, él, es incomparable a ningún otro hombre del pasado y menos del futuro. Porque es el regalo de mi carta de los Reyes Magos (que cada año sigo escribiendo) que se ha hecho realidad. Y aunque mi mente vea las otras, él ya no. Y los vinos, los sigo comparando con la añada anterior, en vez de mirar la que vendrá.

Pasará volando

Nos gustaría poder proteger a las personas que queremos de todo. Que ningún peldaño fuera lo bastante alto. Que nadie les hiciera un feo. Que no tuvieran dificultades. Pero las mejores lecciones se aprenden a base de errores y tampoco les podemos privar de la capacidad de madurar. ¿Pero para qué madurar si nunca estás preparado cuando lo tienes que estar? ¿Cómo hacer que el vino siempre esté perfectamente acunado para que pueda desarrollarse en la botella? Lo que me nutre me destruye dice el tatuaje de un amigo. Y supongo que es algo así. Como el estrés que nos da vidilla y que nos la quita. Nos ayuda a estar en alarma, en tensión, alerta por el posible ataque. Es una reacción natural del cuerpo humano cuando se siente atacado. ¿Pero que pasa cuando ese estrés es inmune a cualquier relajación? Tal vez el mundo se aliena contra nosotros para hacernos jugar a una carrera de baches. Sé que todo depende de las gafas con las que miras la vida pero algunas veces se te caen al suelo y está el “acusica” que te las quiere romper. Respirar con el estómago dicen que es bueno. Para mesurar los inmensurables imprevistos cada vez que cojo un avión (un par mínimo por semana) necesito muchos suspiros. Recuerda todo lo que te has sacado en el security teniendo el DNI y la tarjeta de embarque en la boca y con una maleta de diez quilos cuando más de tres ya lo pesan el ordenador y los libros. Me encantaría embarcar para no sufrir si mi maleta entrará y saldrá con facilidad de las mesuras que marcan en la puerta de embarque pero es que si no la tengo a mano no llego a tiempo a la reunión. Y al final lo más grave resulta lo más esencial, como los implacables horarios, los inamovibles días y los billetes no reembolsables. Suerte que en el vino esa rigidez se diluye en matices de la mejor pócima para el corazón que se vuelve pequeño de tanto amar. Estoy tan acostumbrada a mirar lejos que ya no veo lo que tengo delante de mis narices. Y esto que soy miope. Leo con mis lentes de contacto un libro para controlar la ansiedad pero me lo olvido en algún lavabo del aeropuerto. Últimamente tengo la cabeza en otro sitio que no es el mío, tal vez el suyo, o tal vez lo he dejado en algún taxi. Intento recuperar un zapato que perdí en algún hotel de cuya ubicación no consigo acordarme. Por suerte, como si fuéramos pulgarcitos, utilizamos velas en vez de pan y nos vamos marcando a modo de pista de aterrizaje el camino de vuelta a casa. Aunque no sabemos en que punto del planeta está, fijaremos nuestra residencia en la cama del otro, sea en la ciudad que sea. Nuestra caracola es el carrito que arrastramos por las terminales donde nos gustaría llevar las muestras de nuestro vino al que no podemos proteger de las jugarretas del TCA, de la gente que no tiene gusto y de las personas que aprovechan la mezquindad de la masa para ser deshumanizarse y regirse a unas reglas inamovibles. Menos cuando es el avión el que tiene restraso que no se puede rechistar. Si no puedes con tu enemigo únete a él, y llega tres horas antes y tráete dos botellas por lo que pueda pasar. Para no olvidarte ninguna llave del coche de alquiler, para no perder el billete del tren o para poder buscar con calma el tiquet del parking. Por suerte ya hace tiempo que mi oficina se ubica entre las cafeterías, mesas plegables y autocares para hacer que las distancias las mida en palabras. Amo los aviones que nos acercan y odio los que nos alejan, pero sé que como las olas, necesitamos ese aire entre mareas. Todo sea por continuar trabajando en Barcelona con mis clases en el Celler de Gelida y mis colaboraciones en los medios (este año en directo en “Divendres” de tv3; en “Via Lluire” de RAC1 y la segunda temporada de “Vins a Vins” http://www.xtvl.tv/programes/vinsavins/) y en Italia, escribiendo mis artículos (en El Magazine de La Vanguardia,en  Vinos y Restaurantes, Il Sommelier, en Mercados del vino y la distribución y en Código Único), elaborando mis siguientes libros,. Proyectos de estudiar en Londres y de aprender a hacer vino en Podere San Cristoforo IGT Maremma Toscana y sobretodo haciendo crecer nuestro amor, aunque sea época de poda y que una semana más estemos en diferentes continentes. Lo importante es que estamos en el mismo hemisferio mental y todo lo demás, pasará volando.