En el nombre del vino

El nombre del vino es como el nombre de las personas. Hay nombres que son originales, otros clásicos, algunos fáciles de recordar. Nombres que muestran la personalidad y otros que son sólo un trámite para  distinguir el vino. Estudios de marketing apuntan que los nombres de vino más utilizados son aún los que tienen referencias aristocráticas, los nombre genéricos o los nominativos latinos. Los vinos con pedigrí se hacen llamar por sus títulos nobiliarios como Marques de Gelida  (cava), Conde de Valdemar (Rioja), Comtesse de Lalande (Pauillac). También hay vinos que aluden a la realeza como Dinastía Vivancos, (Rioja) Palacio de Bornos (Rueda) o Torres (Penedès) entre muchos más. Los nombres genéricos que demarcan la viña y el pago son muy comunes: Viña Tondonia (Rioja), Pago de Carraovejas (Ribera del Duero), Clos Mogador y Mas Martinet (ambos  Priorat). Las laderas, los montes, los castillos están llenos de ejemplos vínicos. Los nombres latinos recuerdan las misma raíz del vino (vis, fuerza vital) como Tarsus (Ribera del Duero), Forum (Penedès) o Ysios (Rioja). Le siguen en número de referencias los griegos como Odysseus de Viñedos Ithaca o la bodega Dionisos en Valdepeñas.

Hay quien como a un hijo ponen al vino su nombre entero como el cava  Agustí Torelló o sólo el apellido como Gramona; o en la denominación de origen calificada Rioja, Luís Cañas y Muga. Marimar, Mauro, Bertha o Idoia hacen son los preferidos de las personas que comparten su nombre. La tendencia pero es poner nombres raros que impacten, como el Jumilla Wrongo Dongo que se presenta en las originales etiquetas con las que presenta sus vinos Jorge Ordoñez. Los nombres populares ahora parecen los más originales: Viña al lado de la casa (Jumilla), El perro verde (Rueda),  Qué bonito cacareaba un gran Rioja blanco con crianza.

La historia entre el vino y la iglesia deja constancia como San Román en Toro o Santa Rosa en Alicante. Por no hablar de los vinos franceses como el bordelés  Château Pape Clément o  la denominación de origen de origen Chatêauneuf du Pape o Hermitage. Scala Dei de la denominación Priorato, que a su vez proviene de prior y L’Ermita más internacional de Álvaro Palacios. El enólogo de culto, Raúl Pérez le pone “Pecado” a su mencía gallega, tal vez por los 98 puntos Parker. Los más esotéricos aman los vinos Celeste o Astrales de la Ribera. Ponerle números a los vinos es muy típico de la bodega australiana Penfolds con su Block 42 aunque las bodegas Abadal también siguen la tendencia con su 3.9. Bautizar un vino con su varietal es lo más corriente: Raimat Chardonnay o Enate Merlot-Merlot. Un nombre también nos puede dar pistas de la zona que representa como el txacolí Txomin  Etxamin o Artazuri en Navarra. Entre los champagnes hay nombres alemanes que apelan a la historia como Krug o Taittinger. En el mercado anglosajón no fallan los cortos y fáciles de recordar como es el caso del vino más vendido, el australiano, Yellow Tale. Los más poéticos són los de Gerard Depardieu con su socio Magrez: Confiance, Ma Verité,  Le Bien Decidé, Spritus Sancti, Paciencia, Sine nomine. Los hay que son osados y se atreven a ponerle a un verdejo “De puta madre”. Quinta Muradella llama “Bastardo” a su vino por la variedad y “Trío Infernal” se denomina el proyecto de Combier, Gérin y Fisher en tierras tarragoninas. En fin, que en el nombre del vino podemos encontrar de todo, como en la viña del señor…

 ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA VINOS Y RESTAURANTES

MASTER DEL UNIVERSO VINÍCOLA

La primera vez que oí el título Master of Wine (Maestro del vino) me sonó al curso post-universitario que te daba las claves para dominar el mundo. Recuerdo que alguien me comentó lo caro que era, que tenías que tener un inglés perfecto y que se había de viajar por las latitudes de las viñas. Me dijeron que en España aún nadie gozaba de tal titulación. Unos años después conocí a Pancho Campo, presidente de la Wine Academy of Spain y me explicó que él se lo estaba intentando sacar. ¡Por fin conocía a alguno y no era sólo una secta secreta! En estos últimos años no sé si por estar más atenta, porque los MW visitan más España o porque gozamos de mejores simposios he ido conociendo algunos cuantos. Casi todos se dedicaban a asesorar bodegas Norrel Robertson o estaban en medios importantes como Jancis Robinson. En Sonoma (California) pude asistir a una degustación con los próximos aspirantes gracias a Maureen Downey. Me dejó bocabierta la preparación de los candidatos y la rigidez de las catas. En ese caso la sesión estaba íntegramente dedicada a estudiar los vinos blancos italianos. Cada uno se había preparado exhaustivamente todas las variedades de uva, se habían memorizado los mapas y habían comprado las mejores botellas. Sólo hay 278 miembros de este codiciado club, y son los que más saben de vino del planeta. La media en sacarse el título es de unos 5 años. Para ello hay que superar un duro examen teórico sobre geografía, márqueting y enología entre otros temas de actualidad. El práctico, consta de exhaustivas catas a ciegas muy complicadas que necesitan años de entrenamiento y haber estudiado todos los grandes vinos del mundo. Una vez superadas las dos pruebas, la tesis sobre un tema inédito y relacionado siempre sobre la investigación vinícola.

The Institute of Masters of Wine (IMW) existe para promover la excelencia en el arte, ciencia y negocios del vino. Los primeros exámenes fueron en 1953 debajo la tutela de Wine and Spirits Association. El IMW se establece en 1955 pero en sus primeros treinta años de vida sólo eran miembros los especialistas del Reino Unido. En 1887 se empiezan a formar parte de esta élite los más preparados en el business del vino internacional. Pancho Campo es el primer Master of Wine español. Su trabajo final para acreditar tan preciado título ha sido sobre el cambio climático y su impacto en la industria vinícola.  La Confraria del Cava lo ha investido por su mérito este pasado octubre. Las felicitaciones de los grandes críticos como José Peñín o Serena Sutcliffe, no se han hecho esperar. Elaboradores como Miguel Torres, Richard Smart, Bruno Prats y Jaume Gramona también abrazaron su éxito. Gonzalez-Byass le ha hecho firmar una de sus famosas botas de jerez. El 5 de noviembre es la investidura oficial en Londres. España ya tiene una primera espada para combatir el mercado internacional. Pues una de las labores de Campo, es des de hace años, un tour por el mundo, centrándose en USA formando a profesionales sobre los vinos españoles. Franck Massard y Sergi Ferrer-Salat están en la lista de ser los próximos que puedan acceder al galardón en nuestras tierras. Al conocer la noticia, Pancho ha declarado que “Este ha sido un viaje muy duro y largo, pero fantástico. La formación recibida por el Institute me ha proporcionado una visión más amplia y global de la industria del vino. Haré todo lo que esté a mi alcance para llevar este prestigioso título con dignidad y humildad, asumiendo la responsabilidad que conlleva ser el único español con esta titulación”.

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BOTTLE SHOCK. CALIFORNIA VERSUS FRANCIA EN LA GRAN PANTALLA

El “Juicio de París” llega a la gran pantalla. Así es como se denominó el libro original escrito por George Taber, el único periodista presente en el evento. Una degustación que cambió la historia del vino. La cata a ciegas se realizó el 24 de mayo del 1976, en París, enfrentando las mejores botellas californianas y francesas de cabernet sauvignon y chardonnay. Steven Spurrier, británico que tenía una tienda de vinos en París y se encargaba de l’Academie du Vin fue el organizador. Después de la polémica degustación los franceses quedaban desbancados del trono de hacer los mejores vinos del mundo. Superados por el Nuevo Mundo vinícola, y la juventud californiana. Ganó Ch. Montelena del 73 para los blancos y en tintos Stag´s Leap wine Cellars. Competían con vinos de la talla de Meursault Charmes Roulot o Puligny-Montrachet Les Pucelles y contra los cabernets norteamericanos había Ch.Haut-Brion, Ch. Montrose y Château Mouton Rothschild entre otros. Los jueces eran la mayoría franceses de la talla de restauradores como Taillevant, el sommelier de La Tour d’Argent, el editor de La Revue du Vin y expertos de la Romanée-Conti. Fue todo un escándalo. Ahora lo vuelve a ser. Treinta años más tarde Spurrier volvió a realizar la misma cata a ciegas. Y los resultados siguen teniendo pódium americano.  La producción americana no ha dudado en sacarlo a la gran pantalla con el subtítulo “ based on a true story of love, victory and fermentation”

Una historia verdadera es algo que Spurrier niega. “No hay apenas una palabra cierta en el guión, son todo puras invenciones por lo que a mí respecta” aseveró en la revista “Decanter” donde colabora. El protagonista, actuado por Allan Rickman, es un esnob que no se acaba de creer que los vinos californianos tengan terroir. Hablando con Marimar Torres, que vivió la etapa que nos narra el film, defiende a su amigo Spurrier y dice que no es como lo pintan en la película y que realmente está disgustado con las mentidas que se cuentan en ella. Hay una contrarréplica a la película que aún no se ha rodado por parte del guionista Robert Kamen(Karate Kid). Dicen que esta película será la versión tinta de la historia. Pues en Bottle Shock se narra la historia familiar del Chateau Montelena (el chardonnay ganador) dando más protagonismo a la relación padre-hijo de la familia copropietaria, los  Barrnett, que al verdadero artífice del vino: el enólogo Mike Grgich.

El boicot de los productos franceses después de la guerra de Iraq sigue en vogue. Esta película es sólo un reflejo de la mayoría de edad de la sociedad americana que ya no quiere espejarse en la madre europea. Muchos se empeñan en compararla con Sideways (Entre copas). El consumo de vino doméstico en Estados Unidos es cada vez mayor,  y más de un 80% proviene de California. Napa Valle es la nueva Disneylandia del vino, películas como esta aún le dan más popularidad. La trama tiene un triángulo amoroso decorativo, paisajes preciosos y escenas de viticultura. La fui a ver en San Francisco con una americana culta y pro-Obama. Le encantó. Sobretodo pensar que los vinos americanos eran los mejores del mundo y que los franceses eran unos farsantes. Temo que tenga el éxito de Entre Copas (esta película hizo que la venta de Pinot Noir subiera un 40%) y que la masa piense que los vinos franceses solo tiene fama. La cata de París se conocía en el petit comité de los expertos, se contextualizaba y se podía entender con matices. La frase de Kierkegaard habla de “in vino veritas”. Es verdad que a ciegas las cosas se ven muy diferentes.  Aún así, ninguna cata tiene la verdad absoluta y aunque la gran Francia parece dormida aún es el referente histórico y profesional del vino. Aunque en Hollywood eso no importe.

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Las damas del vino

Las bacantes eran las más fieles seguidoras de Dionisos, el rey griego del vino. Se iban fueran la metrópolis para llevar a cabo su ritual en contacto con la naturaleza. Siempre de noche, para que ningún hombre las pudiera ver. Que séquito de la divinidad del vino sean féminas tiene una explicación mitológica. Dionisos es hijo bastardo de la mortal Sémele y del Zeus del rayo (el Júpiter romano). Temiendo que la mujer de este, la diosa Hera, pudiera arremeter contra un Dionisos recién nacido se crió entre nodrizas que lo travestían con sus ropas. La divinidad griega tiene rasgos femeninos, mientras el Baco romano corresponde más al prototipo de bon-vivant. Si las mujeres des de la antigüedad han sido relacionadas con el vino, ¿Por qué aún nos extraña encontrar a una sommelier mujer? Biológicamente están más preparadas que los hombres para catar. Cuando éramos australopitecos, las féminas se quedaban en el campamento base cuando los hombres se iban de caza. Olían el peligro, controlaban con su nariz las comidas y detectaban las enfermedades de su familia con el olfato. El olfato es un sentido de alarma y de placer. Y en cuanto al placer del buen perfume… ¡ellas saben un buen rato!. Las mujeres tienen más conexiones entre los dos hemisferios del cerebro, por eso tiene más facilidad en hablar de la sensaciones y poner etiquetas a las emociones que se sienten en la cata. Según el momento menstrual en que se encuentran también son más sensibles a las sensaciones volátiles que regala cada copa de vino. Aún así aún hay gente que te dice:  ¡qué original, una chica sumiller! Y normalmente va acompañado de un ¿sois muy pocas, verdad? No, cada hay más chicas en las escuelas oficiales de sumilleres, que van a ser las profesionales del vino en las salas mañana. 

Las damas del vino es una expresión que he cogido prestada del momento histórico de las mujeres del champagne. En la segunda guerra mundial las mujeres de las bodegas de la Champaña tuvieron que ocuparse del negocio familiar. Entre estas grandes damas esta la independiente Lily Bollinger o la inventora del remuage, la viuda de Clicquot. La versión autóctona la tenemos con Dolors Sala de Freixenet o en 1659 con Anna de Codorniu que se casó con un Raventós y consolidó la marca. En vino, tenemos a Marimar Torres que dejó la comodidad de la empresa afincada en el Penedès para crear su propia bodega en California. El próximo relieve de muchas de nuestras bodegas estarán en manos femeninas como es el caso Adriana de bodegas Ochoa en Navarrra.   

Para hablar de nuestra dama del vino más internacional es imposible no pensar en María Isabel Mijares. Sus metáforas y personalidad la han hecho un mito en la historia de la viticultura de nuestro país. La Margaret Thatcher del vino en Inglaterra es Jancis Robinson, considerada una de las críticas vinícolas con más prestigio. Suenan también en los medios nombres como María José Huertas o Ruth Cotroneo y cada vez la lista se engrandece ¿Y por qué siempre ganan los sumilleres masculinos los concursos? Bueno, no siempre, tenemos el ejemplo de Henar Puente Montes, la primera y de momento única mujer en ganar el título de Mejor Sumiller de España en el 2004. En otros certámenes como “la nariz de oro” cada vez más mujeres suben al podium. Aunque las mujeres tenemos un gran pasado y un futuro prometedor en el mundo del vino, aún dan a degustar el vino a mi pareja en un restaurante. Cuando el camarero me pregunta: “¿la señora también toma vino?”, contesto “Sí, más que el señor”.

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EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

En el mundo del vino el tamaño sí importa. ¿Por qué? La cámara de aire que hay entre el corcho y el vino es la misma. Se llama merma y siempre es de más/menos un centímetro. En cambio el volumen del vino no es siempre el mismo. Podemos elegir, a parte de la botella estándar de 0’75 litros, la de medio o la doble. A parte de otros formatos como jeroboam, mathusalem, entre otros, que son más difíciles de encontrar (¡y de servir!). La botella de 375 centilitros, la mitad de la normal, parece ser la solución de los singles y la salvación de los que después de comer en un restaurante les espera el coche. Los solteros o los que tienen una pareja que no comparte sus gustos vinícolas, se ven “obligados” en algunas ocasiones a escogerla. Este tipo de botella es la solución si la añada es la correcta y no se ha dejado envejecer el vino. Recordemos que al tener la mitad de superficie con la misma cámara de aire el vino tiende a evolucionar mucho más rápido. Por eso, si no se puede controlar bien el tiempo que ha pasado el vino es botella, es mejor abrirse una de 750 centilitros y utilizar los tapones para hacer el vacío. Hay muchos que aún sabiendo el truco de quitar el aire al vino para que se conserve mejor, siguen comprando la de medio… ¡Tal vez temen beber el doble de lo que debieran! La mayoría de bodegas está trabajando más seriamente con este formato, pues los controles de alcoholemia y los distintos modelos de familia, cambian y esta botella se adapta a las necesidades de los nuevos tiempos. Los espumosos, reyes de los aperitivos, están apostando por estos formatos idean conquistar las discotecas. Diseños juveniles para las noches más fashions. Sobretodo en el formato benjamín de 0’25 con original envase que tapón se convierte en copa. Moët&Chandon y el MiniBlack de Freixenet ya han comenzado a seducir a los jóvenes y no tan jóvenes. Aciertan en que en muchos bares la gente no se fía de la higiene, o de lo que le puedan meter en la copa. La iniciativa es más que interesante, pues realmente es difícil encontrar un sábado por la noche una alternativa para los que no les gusta el cubata y no les apetece otra cerveza. En el formato benjamín no es obligatorio hacer la segunda fermentación en botella y se puede hacer un trasvase. En la de medio de cava lo va a ser y en el champagne ya es obligatorio hacer toda la elaboración en la botella. Por eso no dejen de pedir una de medio de Bollinger, Pierre Jouët o Veuve Clicquot Rosé. Cavistas como Recaredo o Privat ya hace tiempo que están en los mejores restaurantes. En la de mágnum, los aromas de la fermentación carbónica suelen ser más afinados. Así que no dejen de buscar en las cartas este formato en marcas como Huguet de Can Feixes o Montferrant. La botella de mágnum, el doble de la normal, le costará más evolucionar. Por eso, es más que recomendable comprar este formato para envejecer las bodegas. A parte que esta botella luce cuando hay una gran “tavolatta”. Por eso es imprescindible antes de adquirir estos formatos, fijarse bien en la añada. Hagan la prueba con los distintos formatos de Agustí Torelló: Bayanus 375 (un cava que no es la mitad de nada, si no un producto en sí) 2004; el Gran Reserva Brut Nature 2003 y el Mágnum de este en añada 2002. Pues, cuando se trata de vino, el tamaño marca el “bouquet”.

 

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VINOS VESTIDOS DE GALA

El vino ha sido entendido, des de tiempos ancestrales, como una ofrenda a los dioses, un regalo a los amigos y una bebida totémica para compartir. En las fiestas esta tradición se hace más presente. Nosotros nos compramos trajes nuevos. Los vinos también cambian de vestido, en fiestas, para vestirse de gala. Al cambiar el milenio algunas bodegas aprovecharon para estrenar etiquetas de sus vinos; otras bañaron en oro sus placas y se elaboraron cuvées especiales. Muchas marcas acostumbran a presentar en sociedad las nuevas añadas y presentaciones para la campaña de navidad. Las tiendas especializadas facturan más de la mitad del año en un mes. Es el mes del vino y cuando más oportunidades tiene de lucirse. En las fiestas, en los obsequios, en la mesa, en el paladar. ¡Parece que sólo bebamos en navidad! Y es que es verdad que mucho del bebedor ocasional aprovecha en las fiestas más señaladas del año para probar nuevos productos.
Las cajas de vino se envuelven como regalo y se promocionan los vinos más “top”. Salen del armario los más fashions: botellas con incrustaciones de cristal de Moët&Chandom. Para los clásicos estuches forrados con guías de aromas como las promociones de Valdubón. La iniciativa “fashion wine” junta diseñadores y bodegueros de Rioja para fundir su arte para promocionar dos mundos tan “glamourosos” y que las etiquetas mejor vestidas desfilen por nuestras mesas. Las amantes del vino también podrán disfrutar de un nuevo look: la diseñadora Isabel de Pedro está preparando una colección inspirada en el mundo vinícola. La bodega Briego, ganadora del zarcillo de oro, ha vestido su crianza 2004 con una etiqueta especialmente navideña. A veces, pero, estas presentaciones pueden ir en contra del producto cuando los vemos en las estanterías con la mirada resacosa de Enero y de su cuesta. Mientras los vinos están el “back-stage” muchas tiendas recuerdan con nostalgia que la gente antes gastaba más en navidad en lotes, en vinos caros y en cajas de espumosos. Quien pudiera ser médico o abogado… ¡para ellos normalmente van estos regalos! La crisis del cambio de moneda se notó y estos vinos especiales son más un obsequio a los compromisos que para el disfrute de uno mismo. Una de las peores campañas de navidad fue hace un par de años, con el boicot del cava catalán. Muchas empresas para no tenerse que decantar entre champagne o cava y vinos extranjeros o vinos hispanos, prefirieron regalar relojes sin connotaciones políticas. Ahora parece ser que gastamos más en ropa y menos en vino. Tal vez, por eso los vinos que quieren hacer campaña tienden a coserse otra muda.
Las fiestas son reencuentros; charlas y comidas; alegría y buenos deseos, ilusión y familia… los vinos parecen ser la cereza que termina este pastel. Antes de las fechas claves hay que revisar nuestra “bodeguilla”. Siempre pensamos atentamente los ingredientes que necesitaremos, como cocinaremos los alimentos y hasta tenemos tiempo para comprar velitas y decoración. El vino en muchas casas pasa a ser un detalle con tendencia al olvido. “Ah! Ponemos el que tenemos en la bodega!”. Cualquier vino no va con todo y menos en estas reuniones familiares. Nadie se puede considerar una persona culta, gastronómicamente hablando, si no ha diseñado el menú en función también de los vinos. Las fiestas navideñas pueden ser la mejor excusa para poder abrir diferentes botellas, y porqué no, cada vino con su plato… Un día es un día, ¿no? Nosotros también cambiamos de ropa según la ocasión. Recordemos que de cada botella podemos sacar, como mínimo ocho copas. No nos quedemos nunca cortos en estas fechas con los espumosos que van a ser el punto fuerte de la celebración. Burbujas de un cava, aroma de un champagne o dulzor de un Asti, pero siempre bien fresquitos. Los turrones con pedro ximenez o amazza-café de liquirizza, ¡Brindemos por abrir buenas botellas de vino con las personas que amamos(y siempre bien vestidos)!

Meritxell Falgueras

Los otros maridajes del vino

Los griegos tenían dos leyes para consumir el vino. La primera era que no se podía tomar sólo, es decir que tenía que estar mezclado con agua, resina o especies. Los que no rebajaban el vino en la Antigüedad eran vistos como bárbaros. La segunda ley griega es que el vino no se podía tomar sólo, sin compañía. El vino se tomaba con frutos secos después del banquete y es cuando se filosofaba. Ahora no rebajamos el vino, pero éste sigue siendo el mejor maridaje para las conversaciones más profundas.
El maridaje clásico intenta explotar las cualidades organolépticas de comida y bebida para que éstas se potencien en el dúo. El vino es gastronomía pero sobretodo es un elemento mágico y social. Si me permiten la confidealidad, personalmente elijo los vinos según las personas con quien los comparto, los libros que leo o la situación. Por ejemplo, con mi abuela tomo Verdejos de Rueda porque le gustan las flores. Con el V3, el Aura o Palacios de Bornos nos envuelve la confidencialidad que se armoniza con sus platos guisados de cada domingo. Para “San Valentín” voy a abrir un gran Burdeos para que el vino se vaya abriendo mientras confesamos aquello que necesitamos oxigenar. Con mis amigas del barrio, los viernes, tomamos rosados frescos y afrutados en el mejicano de la esquina. Un viñas del Vero o La Emperatriz de Rioja, para una cena desenfadada que dé sabor a nuestros cotilleos. Con mi madre tomo espumosos con chardonnay como Privat Evolució o el Huguet de Can Feixes porque es la chispa que necesitamos para reírnos aún más. Cuando necesito reconciliarme con alguien le invito a un vino dulce para que enmascare las palabras amargas, como un buen pedro ximénez de Alvear. Con mi padre hacemos catas a ciegas para competir y cuando decidimos dejar de jugar y beber… ¡le abro alguna botellas de las caras! Por navidad, Falgueras tiembla. A mi jefe le regalo vinos que sé que va a apreciar, clásicos y elegantes como un Pintia o un Furvus del Montsant. Mi hermano siempre prueba los vinos Parker que adora comentar. ¡Cuando ceno con él siempre me tengo que despertar un par de veces por la noche para beber agua!. Nuestra botella fetiche de este año: Astrales 2004. Con mi ordenador comparto vinos de riesling que me hacen inspirar. Por suerte, cada año, Josep Roca celebra en Girona la cata de vinos alemanes más importantes de nuestro país, ¡que tanto me ayudan a escribir!
Supongo que cada uno tenemos nuestra carta de vinos predilectos y la mayoría de veces no nos gustan sólo por sus cualidades objetivas. A modo de magdalena proustiana, el vino nos recuerda a situaciones o nos evoca caracteres diferentes. A veces hay clientes que te piden el vino X porque lo bebieron en una boda y creen que es un néctar espectacular. Después lo prueban otro día, sin vestido de fiesta y sin amor y resulta toda una decepción. .Dicen que la vida sólo depende con los ojos con la que la mires. Yo creo que el vino depende de la conversación que te provoca. La mayoría de veces elegimos el vino pensando más si pega con el carácter de la persona que con la comida con la que lo acompañaremos. Al amigo gay le abrimos el vino de Ribera del Duero x para que nos dé su opinión sobre la sexualidad del mosto fermentado. Con el mitómano compartimos el nuevo vino de Serrat, Gotia del Montsant. Cuando vamos a un restaurante estrella, le obsequiamos con el vino “Ramiro’s” del galardonado con una Michelin este último año de Valladolid. Y así vamos poniendo cara al vino, personificando a éste y analizando el olor de nuestro interlocutor.

Meritxell Falgueras

VINOS FRESCOS

– ¿Me podría dar una cubitera con pocos hielos y agua fresca?
– Señorita, por favor, no sabe que los tintos se toman a temperatura ambiente…

Al enfrentarme con esta tipología de camarero poco profesional, prefiero parecer una niñata que no dejarlo en ridículo ¿Cómo explicar que la temperatura ambiente cambia? La noción “temperatura ambiente” es la de la bodega (circa 16 grados) no la de la terraza al sol (circa 35). Los vinos tintos dependiendo del cuerpo se pueden servir a diferentes temperaturas. Recordemos que cuanto más tánico más elevada debe ser su temperatura y cuanta más sensación de acidez más alta. Los vinos con poca crianza son más sabrosos con bajas temperaturas que resaltan su fruta. Los fermentados en maceración carbónica son un buen ejemplo, vinos tintos que ha 13 grados demuestran toda la franqueza de su aroma a frutos rojo y plátano. Por eso podemos seguir pidiendo tintos en verano, refrescados, aunque algunos aún se sorprendan.
El rosado, el gran olvidado durante el resto del año, parece tener sólo un maridaje estacional. Hay grandes rosados en España y no es justo marginar a este vino a una sola época. Los rosados de garnacha de Navarra y los de Somontano son los más deseados. Los de Somontano son rosados con capa y marcan la dirección de calidad a seguir por todos los rosados del país. Dependiendo la variedad y el cuerpo de estos vinos las temperaturas oscilan entre los 10 y los 14 grados. Los clásicos Penedès también resultan muy agradables y junto a la denominación Conca de Barberà, con su variedad “trepat”, hacen rosados ligeros ideales para los que quieren los vinos más refrescantes. Pero el rey de los aperitivos es el cava rosado. El posicionamiento de los cavas rosados en estos últimos años es increíble. De ser la tipología de cava menos consumida a ocupar el primer brindis de todos las fiestas más “chics”. ¡Y es que nada mejor que empezar con un brut rosado que nos abra el estómago y que no tenga una acidez tan marcada! La temperatura ideal para estos espumosos, tanto sean de pinot noir como trepat, de unos 6 grados. Siempre mejor pecar de frío, porque ya se calentará en copa. A veces con sólo servirlo ya suben un par de grados la temperatura.
Vinos de variedades como albariño, verdejo o sauvignon blanc con buena acidez y notas florales nos ayudaran a llenar todos los sentidos, no sólo el del tacto, de aire nuevo. Vinos verdes portugueses o txacolís de Guetaria que llenen nuestro paladar de frescor. El vino blanco en verano lo preferimos con burbujas. Espumosos y vinos de agujas llenan las cubiteras. Estas funcionaran mejor si ponemos sal y bastante agua. Lo ideal es tener las neveras especiales para vinos que lo conservan con la temperatura exacta y la humedad ideal. Pero como no todos tenemos espacio, si no queremos que gotee la botella podemos utilizar también las fundas de frío. Hay termómetros que nos ayudan a medir el frescor, pero no podemos intuir la temperatura que tendrá si no nos acabamos la copa en veinte minutos. Mejor no obsesionarse y buscar los vinos esencialmente frescos: acidez elevada, variedades aromáticas y carbónico.

Meritxell Falgueras

LOS VINOS DEL PRIORATO CRECEN

– Sabes, en mi época estos vinos se vendían a granel…
– ¡Pues ahora mire qué precios!
– Antes los vinos del Priorato se podían cortar con cuchillo.
– Pues ahora son de un cuerpo extraordinario…
– Se dice que anteriormente los utilizaban para subir el grado a otros vinos…
– ¡Pues, ahora, el potencial de estos vinos es muy apreciado!
– ¡qué modas tiene esto de los vinos!
– No, es que des de hace unos años, los del Priorato lo hace muy bien…

Esta conversación se ha repetido miles de veces. El Nuevo Priorato ha dado mucho que hablar. El primero en remarcar la potencia de la zona fue Jaume Ciurana, primer presidente de INCAVI que en su libro Los vinos de Cataluña pronosticaba el gran futuro de estos vinos de Tarragona. René Barbier, se sintió atraído por el “terroir” de la zona, de “licorella” (pizarra) y de sus terrazas en las laderas de la Sierra del Montsant. Este gran enólogo supo dibujar el paisaje en una botella de vino, y de ahí que Clos Mogador haya recibido el elogio de ser denominado “vino de finca”. Otros aventureros vieron su mejor apuesta en estas tierras, como Jose Luís Pérez, Carles Pastrana y Álvaro Palacios. Este con su marqueting y su sonrisa riojana llevo la atención del mundo del vino al Priorato. Con su L’Ermita calló los recuerdos del antiguo vino del Priorato, inaugurando la nueva era de los vinos célebres (¡y caros!). Grandes grupos como Torres, Castell de Perelada, Freixenet y Codorniu también tienen su bodega en Priorato que parecen mimar de forma especial. Y es que esta tierra, tira hasta a los más famosos. Gérard Depardieu, Joan Manel Serrat o Lluís Llach quisieron tener también su jardín de viñas y han conseguido que sus vinos sean referentes de la región

En el año 2000 Priorato se convierte junto a la Rioja en las únicas denominaciones de origen calificadas de España. Nace en forma de croissant a los municipios seleccionados como Priorato (Gratallops, Porrera, Scala Dei, La Morera, Bellmunt, Poboleda, Torroja, Vilella Alta, Vilella Baixa, el Molar) la nueva denominación de origen Montsant. Una denominación relativamente nueva pero que crece en prestigio y con un precio acertado. Esta región está bendecida con jóvenes enólogos y enólogas que llevan el vino en la sangre y apuestan por permanecer en la región. Hay un grupo de mujeres que llevan anillos de pizarras que son la joya del Priorato: Silvia Puig, Ana Canan y Sara Pérez.
En la degustación de la añada 2005 (¡excelente!) habían 42 bodegas D.O.Q. Priorat y 28 D.O. Montsant. En la feria de Falset se ha podido ver como esta denominación crece junto a los proyectos individuales de cada bodega. Se ha podido comprobar como la garnacha pierde hectáreas a favor de la cariñena para adaptarse al cambio climático. Se ha recordado porque a los críticos internacionales les enamora las características de estos vinos robustos pero elegantes. En esta doceava feria de Falset se ha demostrado como un pueblo entregado da buenos frutos.

Meritxell Falgueras

Flirtreando con Michell Rolland

Sólo os puedo transmitir mi nota de cata de este francés que tiene más añadas a las espaldas que años. Como un gran vino la primera nota olfativa es de reducción, pero tiene un aroma con mucha personalidad cuando se abre. Y un sabor tánico, potente y sin mala uva.
Subo el ascensor del moderno Hesperia Tower. Corro y se me cae un zapato. Me lo pongo y espero que nadie haya visto mi patosidad. Hay un tipo en la recepción sentado en el sofá, que ha levantado la vista. Me pongo roja y él me levanta una ceja. Llego una vez empezado el Congreso de Cambio climático organizado por la Academia del vino y no puedo ver la presentación de los ponentes. Sé por los panfletos que hay grandes “celebrities”: Jacques Lurton, Ernest Loosen, Richard Smart… pero hay uno que me atrae más que los otros: Michell Rolland. Pido a la organización si podré entrevistarlo y me dicen que está muy solicitado: antena 3, “La Contra” de la Vanguardia, etc. Dicen que ya me avisaran si tiene un hueco. Voy al baño y me cruzo con un hombre con la piel bronceada, unos ojos pícaros y un porte carismático. Me sonríe. Le sonrío. Este tipo me suena. Es el testigo de mi entrada a lo “Cenicienta”. ¿Sólo de eso? ¡Es el de la película “el Mondovino”! Película que he empezado a ver un par de veces y que el final siempre la he acabado en sueños. Es él, el enólogo más criticado y admirado del mundo. El amiguete de Parker, el de la microoxigenación, el “wineflightmaker” por excelencia. Decido que lo voy a abordar en la pausa de la comida. Los cerca de 400 ponentes de 36 países lo ven pasar con una copa de vino y lo miran. Susurran entre ellos: “sí, es ese”. Pocos se atreven a hablarle. Bruno Prats, expropietario de Cos d’Estournel, le toca la espalda. Me da mucha vergüenza avasallarlo pero quiero escribir sobre él en mi espacio de “Vinos y Restaurantes”.
– Señor Rolland, buenos días.
– Oui?
– Sé que habla español. Y los del Chateau Lascombes me han dicho que usted es muy simpático.
– ¿Y que más sabes de mi?
– Sé que me va a ser tan amable de dedicarme unos minutos para que le haga una entrevista…
Me dice que ha quedado con muchos periodistas y que no sabe cuando podrá ser. Le digo que si no le parece muy impertinente puede ser ya mismo. Dejo mi plato y sin grabadora ni papel ni preguntas preparadas empiezo a charlar con él. Le pregunto por su mejor añada, me dice que siempre es la próxima. Le interrogo por el vino que no ha hecho y que le gustaría hacer. Me dice que ya los hace. Le digo qué me adelante qué jardín va a cuidar cuando se retire y veo que mira hacia la terraza de la sala.
– Michel, ¿nos vamos a fumar un pitillo?
Este hombre ha hecho muchas entrevistas y tiene las respuestas estudiadas. Me veo con la obligación de preguntarle sobre la famosa película que lo deja como uno de los culpables de la globalización del vino.
– Cómo dice Madonna, ¿”más vale que hablen mal de mi que no hablen”?
Se ríe. Me dice que no le gusta que lo critiquen pero que la frase es buena. Él no sabía que lo grababan. Lo compadezco porque se hizo con mucha mala uva. Sé que es mejor no tener un reportaje suyo que poder compartir una copa y unas risas. Sacrifico la entrevista por unos momentos con un mito en el mundo del vino. Al día siguiente nos saludamos como viejos amigos:
– Bon jour, Michell!
– Hoy estás más bonita que ayer…
– Merci beuacoup!!
Meritxell Falgueras

Los vinos más deseados ¿cuestión de moda o precio?

Encontramos nuevos conceptos en el mundo del vino: vinos de garaje, vinos de alta expresión, vinos de autor, vinos de culto, vinos de finca. Son vinos que están en boca de todos (aunque no todos los han podido degustar) y buscados por sus diferentes características.
Pingus cuesta alrededor de 500 euros y como Clos Erasmus ha tenido 100 puntos Parker. L’Ermita se creó donde ahora Dafne Glorian hace el vino más puntuado del Priorato. Es en un discreto recinto, lo que se denomina en el lenguaje vinícola como “garaje”. El mismo donde Álvaro Palacio empezó a subir el “caché” de la única denominación de origen calificada de Cataluña. Estos vinos tienen un denominador común: grandes enólogos que suplen la tradición de una gran bodega con su talento y su fama. El concepto de vino de garaje traspasa fronteras: en Burdeos encontramos Bad Boy o en Italia un IGT Toscana como Tenuta di Trinoro. Los altos precios son, en muchas ocasiones, lo más conocido y comentado de estos vinos. El precio parece marcarlo la limitada producción y la masiva demanda. Hay gente que cree que estos vinos sólo son una moda, otros pura especulación. Son los preferidos de los que les gusta el lujo en el vino y la exclusividad. Son reconocidos por los expertos en vino que hacen cola para degustar una copa en catas en “primeur”.
Se tiene curiosidad por los vinos sobre los cuales tanto leemos. Como Clos Mogador del Priorato con denominación de “vino de finca” por la cual René Barbier siempre ha luchado. “Vinos de alta expresión” de grandes grupos como Freixenet con su Honoris de Valdubón en Ribera del Duero o la bodega Ysios con su Edición limitada en Rioja son fruto de importantes enólogos y fastuosas infraestructuras. Después hay vinos con “cara”, como son los de enólogos como Mariano García o de Juan Carlos López de la Calle, con una carrera más que aferrada y con años de experiencia y trabajo a sus espaldas. Tanto la bodega Mauro como Artadi tienen un precio correcto por la calidad que nos regalan en cada añada. Y lo mejor es que nunca se ha escuchado hablar a estos dos artistas que sus vinos son “de autor” aunque sus vinos de diferentes zonas tengan siempre mucho éxito. Ellos siguen adulando a la viña como la gran artífice de la creación de obras de arte en la botella. Estos vinos se encuentran en las mejores cartas de los restaurantes y son de los más demandados por los gourmets más informados.
Los vinos que están en boca de todos no es solo por precio o moda. La mayoría se habla de ellos porque despiertan noticias y crean demandas. La revista “Wine’s Spectator” consideró Laurona del Montsant de los primeros vinos españoles de la lista de los mejores vinos del 2006 con un precio alrededor de la quincena de euros. No siempre el vino más caro es el más bueno como todo en el mundo. Hay grandes vinos a consumir sin arruinarse, pero hay algunos que llaman la atención por su exclusividad. Una cosa es la moda de alta pasarela y otra la ropa de nuestro armario. Los zapatos más anhelados son los Manolo Blahnik. Aún no conozco nadie que los use, aún así todos dicen que son los mejores. Está claro que los referentes del vino son vinos especiales para ocasiones únicas. Tampoco se sabe si después de pagarlos y tomarlos, muchos deciden repetir. Pero estos vinos excepcionales nos hacen reflexionar sobre las tendencias del vino. Y soñar en el “bouquet” ideal que algún día probaremos mientras caminamos con nuestros viejos zapatos a descubrir nuevos vinos especiales.

Meritxell Falgueras

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