Cásate con el vino

Escoger los vinos para el día más especial puede preocupar a las parejas que aún desconocen la cata organoléptica del “sí quiero” y que tienen otros mil detalles que atender. (Para los que pretendéis pedir la mano con una copa tipo flauta, recordad que el anillo distorsiona las burbujas y que mucho cuidado con tragárselo, que aún tendremos un disgusto) ¿Un vino versátil que pueda ir con todo? Queda totalmente descartado. Ese día todo tiene que ser especial. ¿Un vino para cada plato? ¿Y por qué no un bar de vinos para los invitados con la nota de cata delante de cada botella? Muy cómodo y deja al invitado libre de la dictadura del servicio ajeno.
Eurípides decía que “Donde no hay vino no puede haber amor”. Está de moda casarse en bodegas y la verdad es que son lugares preciosos y que preludia que el matrimonio, como los buenos vinos, ganen con el tiempo. Decid sí a los vinos que os den placer, que divierten a los invitados, que hacen meditar las almas y brindar alzando el corazón. Podéis decantaros por marcas reconocidas con pedigrí o sorprender a vuestros invitados con una selección especialmente pensada para el momento y explicar su gusto (y el vuestro) en las minutas. Un consejo: no dudéis en escoger formatos grandes tipo mágnum o hasta 3 litros (más no porque es difícil de mover). Un consejo para los novios amateurs: han de ser vinos que hablen vuestro idioma y casen con el menú. Hay empresas que se dedican a dar este servicio, aunque están más demandados en el Reino Unido que aquí, como por ejemplo www.winemerchantsgourmet.com/ ¿Por qué quién va a catar el vino? Pues ese día nadie cercano entendido va estar en condiciones de poner la nariz cada vez que se abre una botella para comprobar que está en buen estado, por ello está bien que fichéis un sommelier que dé las direcciones a los camareros. Él podrá marcar no sólo el ritmo de la combinación con los platos, si no también velar porque la temperatura de servicio sea la correcta. Según la selección podréis reservar las mejores copas acordes con las características de los vinos a degustar. Aunque no os esperéis que os hagan mucha rebaja en el precio del menú. Normalmente los caterings y los restaurantes ya tienen cerrados sus colaboradores sus descuentos y les cuesta cambiar hábitos. Si es que hay bodegas que se llevan fenomenal con la BBC (bodas, bautizos y comuniones) pero no es normal que en vuestro día queráis una opción más personal que el típico Rueda/Albariño o Rioja/Ribera. Para el cava recordad que es esencial que para la torta no sea brut nature, porque al final todos se lo dejan (tanto el cava como el pastel) porque lo semejante ama a lo semejante. No temáis al moscato, a los cavas semis, a los vinos dulces de postres. Es el gran día, así que el brindis, que es ofrecer a los dioses el cáliz deseando salud, está de vuestro lado. Y miraros a los ojos por si es verdad que si no lo haces te quedan 7 años de mal sexo… ¡que no es cuestión de gafar la noche de bodas!
El vino da mucho juego. ¿Por qué no poner a la mesas nombres de zonas vinícolas, variedades o vocabulario enológico? Desde una etiqueta personalizada a pensar en maridar con la decoración. Si escogéis un espumoso tipo cava podéis poner “especialmente degollado” para la ocasión. Podéis jugar en servir añadas especiales del año en que os conocisteis para poder beber el sol que acarició vuestros primeros besos. Hasta que los regalos a los invitados sea una botella de formato especial de un vino curioso, a poder ser a evitar los vinos que se oxidan más rápidamente. ¡Vuestros invitados lo apreciaran más que las peladillas! O abrir un fortificado del año de vuestro año de nacimiento. En la celebración de la hija de la famosa enóloga Isabel Mijares había más vino que las “Bodas de Caná”: ¡hasta se degustaron más de 41 tipos de vinos tranquilos!Porque lo que no puede ser es que en casa del herrero haya cuchillo de palo.

Las damas del vino

Las bacantes eran las más fieles seguidoras de Dionisos, el rey griego del vino. Se iban fueran la metrópolis para llevar a cabo su ritual en contacto con la naturaleza. Siempre de noche, para que ningún hombre las pudiera ver. Que séquito de la divinidad del vino sean féminas tiene una explicación mitológica. Dionisos es hijo bastardo de la mortal Sémele y del Zeus del rayo (el Júpiter romano). Temiendo que la mujer de este, la diosa Hera, pudiera arremeter contra un Dionisos recién nacido se crió entre nodrizas que lo travestían con sus ropas. La divinidad griega tiene rasgos femeninos, mientras el Baco romano corresponde más al prototipo de bon-vivant. Si las mujeres des de la antigüedad han sido relacionadas con el vino, ¿Por qué aún nos extraña encontrar a una sommelier mujer? Biológicamente están más preparadas que los hombres para catar. Cuando éramos australopitecos, las féminas se quedaban en el campamento base cuando los hombres se iban de caza. Olían el peligro, controlaban con su nariz las comidas y detectaban las enfermedades de su familia con el olfato. El olfato es un sentido de alarma y de placer. Y en cuanto al placer del buen perfume… ¡ellas saben un buen rato!. Las mujeres tienen más conexiones entre los dos hemisferios del cerebro, por eso tiene más facilidad en hablar de la sensaciones y poner etiquetas a las emociones que se sienten en la cata. Según el momento menstrual en que se encuentran también son más sensibles a las sensaciones volátiles que regala cada copa de vino. Aún así aún hay gente que te dice:  ¡qué original, una chica sumiller! Y normalmente va acompañado de un ¿sois muy pocas, verdad? No, cada hay más chicas en las escuelas oficiales de sumilleres, que van a ser las profesionales del vino en las salas mañana.

Las damas del vino es una expresión que he cogido prestada del momento histórico de las mujeres del champagne. En la segunda guerra mundial las mujeres de las bodegas de la Champaña tuvieron que ocuparse del negocio familiar. Entre estas grandes damas esta la independiente Lily Bollinger o la inventora del remuage, la viuda de Clicquot. La versión autóctona la tenemos con Dolors Sala de Freixenet o en 1659 con Anna de Codorniu que se casó con un Raventós y consolidó la marca. En vino, tenemos a Marimar Torres que dejó la comodidad de la empresa afincada en el Penedès para crear su propia bodega en California. El próximo relieve de muchas de nuestras bodegas estarán en manos femeninas como es el caso Adriana de bodegas Ochoa en Navarrra.

Para hablar de nuestra dama del vino más internacional es imposible no pensar en María Isabel Mijares. Sus metáforas y personalidad la han hecho un mito en la historia de la viticultura de nuestro país. La Margaret Thatcher del vino en Inglaterra es Jancis Robinson, considerada una de las críticas vinícolas con más prestigio. Suenan también en los medios nombres como María José Huertas o Ruth Cotroneo y cada vez la lista se engrandece ¿Y por qué siempre ganan los sumilleres masculinos los concursos? Bueno, no siempre, tenemos el ejemplo de Henar Puente Montes, la primera y de momento única mujer en ganar el título de Mejor Sumiller de España en el 2004. En otros certámenes como “la nariz de oro” cada vez más mujeres suben al podium. Aunque las mujeres tenemos un gran pasado y un futuro prometedor en el mundo del vino, aún dan a degustar el vino a mi pareja en un restaurante. Cuando el camarero me pregunta: “¿la señora también toma vino?”, contesto “Sí, más que el señor”.

El vino al desnudo

Hay personajes que adoro en el mundo del vino. René Barbier, Michell Rolland, Jean-Luc Thunevin, Steven Spurrier, Isacín Muga, Juan Carlos López de La Calle, Cristopher Cannan, Josep Mª Albet i Noya, Josep Mª Pujol Busquets, Mariano García, Josep Mª Ferrer, Agustí Torres, Miguel Torres… Una lista muy masculina, que no tengo ningún problema en feminizar, que se rige por mi experiencia personal. Dicen que las mujeres no nos ayudamos las unas a las otras, en cambio he encontrado grandes sumilleres (Manuela Romeralo, Mª José Huertas, Judith Cercòs, Rosa Vila, Anne Cannan) e enólogas (Montserrat Mascaró, Isabel Mijares, Blanca Ozcariz, Adriana Ochoa) que han sido un ejemplo a seguir. Y resaltar la energía positiva y la creatividad de Carme Ruscalleda que se ha atrevido con el vino de la mano de la bodega Alcorta. Una de estas grandes personalidades es esta apasionada, delicada, pelirroja, amable, tímida, como surgida de una película de Woody Allen, defensora de los vinos auténticos. Siempre he podido leer sus libros en premieur en mis visitas a Estados Unidos. En la presentación de su libro editado por Tusquets La guerra del vino y del amor (subtitulado “como salvé el mundo de la parkerización”) en Barcelona solo se degustaban vinos naturales con el mínimo intervento humano posible y con la máxima expresión del vino sin maquillar. En esa ocasión solo me atreví a espiarla sin saber qué decirle. Sólo al despedirme le regalé un anillo en forma de uva hecha de puntilla. Después de seguirla durante años la he podido entrevistar en su ciudad desayunando con más prespectivas, sobretodo con más preguntas y menos prejuicios. Su último libro se titula “Naked Wines” (subtitulado “letting grapes do what comes naturally”) y habla de los vinos que no necesitan ni añadir ni quitar nada. Un streaptease donde el vino es provocativo, vivo, sensual y puro. La historia va sobre sus propias decisiones a la hora de hacer su propio vino y con su lectura nos acercamos al ideal de la viticultura y enología más ancestral en el momento que tenemos más tecnología. Dedica un capítulo entero a los vinos españoles con el título “Ese oscuro objeto de deseo”. Nos quedan asignaturas pendientes, apunta la periodista del New York Times. Pero en su Arca de Noé salva a algunas bodegas españolas como Mendall y Els Jepelind en Penedès, Benitos Santos en Rías Baixas, Bodegas Carballo en Las Palmas y Bodegas Monje en Tenerife (las dos en las Islas Canarias), Lopez Heredia en Rioja y vinos Ambiz en Madrid. En su lista no hay puntuaciones solo un “tal vez te gustarán”. El “American Vigneron” no se escapa de la mordaz al igual que constructiva crítica de esta amante de los vinos con literatura y sin pelos en la lengua. Ha puesto un examen a los viticultores para poder medir su grado de “naturalidad” que no tiene desperdicio. Le sigue la lista de los componentes que se pueden utilizar en Estados Unidos, dignos de revisar. Aún no tiene editores en Europa y si no os quedéis quedar solo con este pequeña degustación podéis ir al original en inglés editado por Da Capo Press. Ella misma lo define como un viaje personal en el nuevo (de más de miles de años) del mundo del vino natural. Si tengo que hacer una nota de cata de ella, me parece Alicia en el país de las maravillas en vinolandia. Esta neoyorquina que estudiaba sobre el potencial terapéutico de la danza ha caído en la viña en el pozo de la fermentación. Des de entonces con una formación autodidacta, mucha cultura y un buen olfato baila al ritmo de su peculiar gusto. Su paraíso está en el Loire y en el norte de Italia. En su web “www.alicefeiring.com”  dice que busca con pasión los Trotskys, los Roths, los Chaucers y los Whartons del mundo del vino. Quiere que el vino hable claro aunque por ello tenga que discutir con empresarios, denunciar procesos, ir contra la estandarización del vino e denunciar la dictadura de las puntuaciones Parker. Hace unos años escribí en esta revista que no era sexy criticar y que estaba cansada a los que iban en contra el abogado báquico por excelencia haciéndose un nombre a su costa. Ahora veo que Miss Feiring marca un estilo personal (hippy, irónico, romántico) que va dando lugar a la paridad en el Olimpo de las plumas escarlata amaranto. Cuando al final de la entrevista le dije que yo era la que le había regalado ese anillo, ligó porque mi rostro le era familiar…

Hacerse las cejas

En un momento donde podemos llevar el pelo del color que queramos, nos maquillamos a diario y los tratamientos de belleza están al orden del día, ¿Qué es lo natural y lo artificial? Ponerse pecho, cambiar la forma de la nariz y el volumen de los muslos se considera antinatural pero no tanto teñirse las pestañas o resaltar los pómulos ¿En el vino cuál es el límite? Todo no vale para embellecer el vino. Primero de todo porque perdemos su genuino equilibrio. Después porque hay leyes ponen límites a las prácticas enológicas que distorsionan esta bebida eminentemente natural. Aún así el consumidor se escandaliza por su química en el famoso “contiene sulfitos”, aludiendo: “¡no sabía que había tanta química en el vino!”. El vino es por definición química, porque es el resultado de la fermentación alcohólica del mosto de uva.  Hay empresas que se dedican exclusivamente a investigar y distribuir productos que ayudan a los enólogos a hacer brillar sus vinos. Por legislación se prohiben añadir aromas externos, no se puede utilizar chips en los vinos de D.O. y otras prácticas que distorsionan su origen. Las alteraciones microbianas son más comunes cuando el PH, el ácido cítrico y  málico son altos y existen azúcares residuales. Las clarificaciones son mejorantes, sobretodo para quitar notas amargas y estabilizar el vino des de un punto de vista proteico.Lo fundamental es eliminar los problemas de contaminación, como si en nosotros fuera de envejecimiento. El spa del vino es el laboratorio. Añadir encimas para optimizar las diferentes etapas de la vinificación que hidrataran las asperezas del vino. Acelerar procesos naturales, como favorecer en la autolisis el metabolismo de la levadura y evitar la oxidación por las quinonas del mosto. O la estabilización proteica para que el vino enriquecido en compuestos solubles de la levadura resista más a la oxidación son grandes prácticas. Para dulcificar el rostro se puede enriquecer en corteza en la levadura y en la concentración en péptido sápido durante la producción para optimizar la capacidad de encolado y aumentar la sensación de dulzor. O con catequinas naturales activas se forman enlaces covalentes con las antocianas que, en caso de vendimia fenolicamente inmadura o variedades que presentan una relación Tanino/Antociano desfavorable, pueden estabilizar de manera duradera la materia colorante. Añadir tanino sería como utilizar un wonderbra sin ponerse silicona. La microoxigenación, una de las prácticas más recurridas por Michel Rolland, es un tratamiento que le siente tan bien al vino como a nosotros una buena limpieza de cutis. Las brettanomyces son microorganismos que huelen a sudor de caballo.  Los fenoles volátiles se pueden tener bajo control con la co-inoculación. Con un filtrado curado puede desaparecer esta negativa olor animal pero son prácticas muy invasoras para el vino. Equivaldría al peeling de las temidas manchas de la piel. Lo mejor es evitarlas con crema solar más que con agresivos blanqueadores que mutan la pigmentación de la piel. Para ello la mejor protección son las barricas limpias o nuevas y que las fermentaciones sean regulares. Un mismo xarel·lo con dos levaduras diferentes da un vino totalmente diferente. Escoger la levadura que exalta más unas notas aromáticas que otras. Como decía Pasteur:“A partir de un mismo mosto, se puede obtener dos vinos diferentes con dos cepas diferentes de las levaduras”. Esto se explota para hacer vinos diferentes para diferentes mercados. Por ejemplo con los tioles, moléculas claves para producir vinos aromáticos y frescos que hoy en día pueden estar de moda en el mercado inglés en particular y en el seno de los consumidores modernos en general. Hay a la disposición de los profesionales una enología de precisión que mejora el vino sin cambiar su esencia. En un momento que cirugía no está tan bien vista porque nos gusta la autenticidad, nadie tiene problemas en utilizar tratamientos cosméticos. Hacerse la manicura, depilarse, utilizar cremas antiarrugas, son prácticas normales (tanto en hombres como mujeres). Personalmente me perfilo las cejas, porque si no sería cecijunta. Hay vinos que sin estos pequeños retoques también pincharían. El enólogo no es un mago que puede inventarse pócimas que no existen. Pero si tiene ciertos trucos. La máxima es tener la mejor uva y tocarla lo menos posible, y si tiene algún defecto, siempre se le puede poner un poco de tapaojeras para disimular.

Fronteras con gusto

Todo lo que se puede pensar se puede decir con palabras, al menos esa es la teoría de Nietzsche y Wittgenstein ¿Pero que pasa cuando no conseguimos explicar nuestros sentimientos en las palabras comunes que compartimos en el diccionario? Las sensaciones a veces son más fáciles de plasmar en un lienzo, porque los sentimientos se acaban convirtiendo en cupajes de diferentes objetivos pasados por la barrica del pasado y la oxidación del miedo a lo que será. Tal vez por eso prefiero que mi pareja tenga una nacionalidad diferente a la mía, porque en una última desesperada instancia, siempre le puedo pegar la culpa a la lengua. ¡Cuántas veces hablando la misma lengua no nos entendemos! Pero en el vino, ¿tenemos un código medianamente universal de comunicación? En mi tesina doctoral estudié como dependiendo el idioma las notas de cata tenían ciertos matices. Las diferencias entre catalán, castellano, inglés, francés e italiano son más sintácticas que semánticas. En el 90% de los casos se utiliza la metáfora (¡porque las puntuaciones también lo son!); en el 100% de los textos de degustación el lenguaje es literario (un 70% personificaciones versus un 80% de comparaciones) y sólo un 30% de los términos son técnicos. El uso de la metáfora en la cata no es un ornamento, sino el elemento crucial para poder evocar sensaciones. Por su fortaleza como diría Aristóteles; por la arma de seducción nietzscheana; porque la comida es comunicación como bien estudió el antropólogo Lévi-Strauss; por el relevo social del que se ocupa Umberto Eco y sobretodo por la ambigüedad lingüística que tanto estudió Jakobson. Y de allí las nacionalidades. Los italianos prefieren los adjetivos yuxtapuestos. En el mundo anglosajón de la cata hay una tendencia a hacer las frases cortas. Los americanos son más disciplinados y comedidos en cuanto a recursos literarios. Normalmente el vino es descrito por adjetivos y verbos transitivos sin hacer pomposas comparaciones. Los franceses, utilizan más verbos de acción. En castellano hemos adaptado las notas orales al texto escrito, por ello somos los que utilizamos más exclamaciones. Los iconos (racimos, copas, estrellas o medallas) son una calificación más global, más cauta y menos comprometida. En el Concurso Internacional de Bruselas en Luxemburgo, he podido comprobar que los idiomas pueden entenderse con unos parámetros de cata uniformes y adjetivando con números. El problema es aprender a reconocer y juzgar los vinos por su categoría. En el Internatinal Taste & Quality Institute de Bruselas los sumilleres europeos se dedican a catar toda clase de productos líquidos de todo el mundo. Hasta que llega el vino de arroz, el refresco de aloe vera o el schochu y te preguntas si el lenguaje universal del gusto puede pasar todas las barreras geográficas ¿A qué huele un noventa y cuatro puntos Parker? ¿al tour de Miller? ¿A madera nueva y bombas de frutas? ¿Y un 98 Peñín? ¿a más de 50 euros? ¡¿Y así en todo el mundo?! A finales del año 2007 Atsushi Hashimoto de la Universidad de Mie (Japón) inventó el primer robot catador de vinos. ¡Qué aburrido sería que todos tuviéramos la misma manera de explicar la realidad si cada uno la percibe a su manera! Porque el vino, cuando entra en la boca, leemos en el felpudo: “Bienvenido a la República Independiente de mi gusto”. Y eso se entiende en todos los idiomas.

Los vinos que nunca se fueron

Hay vinos que siempre han estado aquí, pero que ahora están de moda, porque se les ilumina con el foco de la crítica pero que nunca se fueron. La viticultura española ha despertado su diversidad, siendo más auténtica que nunca. La Mencía es la prueba de como sofisticar el pasado, sin abusar de la sobremaduración y los tostados en madera. Bierzo, luce con el Godello vinos sensibles, diferentes y con gran capacidad para el envejecimiento. Vinos frescos de Albariño que en Galicia tienen su feudo y que cuando se crían en lías, tienen la cuna preparada para criarse un buen par de años en botella. Ribeiro, ya no es el hermano pequeño de la D.O. Rias Baixas juega con vinos de atractiva acidez y complejidad aromática. La Verdejo es el éxito comercial de vinos frutales, desenfadados, sexys y deliciosos que en manos de enólogos como Richard Sanz, Javier Zaccagnini o Jorge Ordoñez dan vinos originales, voluminosos, gustosos. Los rosados de Cigales, con garnachas intensas ahora destacan como rosados de tendencia. Los vinos salvajes de Toro, carnosos y hábiles que son tendencias. Las variedades Pietro Picudo, Juan García y la Albarín en blancas protagonizan las cartas del altiplano de Castilla y León. Los vinos de Madrid abstaecen la capital gracias al esfuerzo de su conejo regulador que ha apostado por la calidad sin mala uva. La monastrell muestra la mediterraneidad. Igual que el clásico vino fondillón en Alicante gana adeptos. En Canarias cinco siglos de viticultura siguen dando fruto como en las islas Baleares explotando su tipicidad. Los cavas, cupaje de artesanía y técnica, con añada, crianza y con el auge del rosado que ya era lo más en las fiestas dalinianas. Finos y Manzanilas emn rama, sin filtrar. Los vinos tradicionales del Priorato, desde que Parker les puso el ojo, son los que estan en el punto de mira. La reina tinta fina, que en D.O. C Rioja ha sabido sobrevivir al éxito adáptandose a los tiempos, de la mano del graciano y el mazuelo. Navarra, tierra histórica de la agricultura, con moscateles que ahora son la mejor compañía de los quesos. Igual que su maridaje con las garnachas dulces de Tarragona. Aunque para garnachas, las de Aragón, que se miran en el espejo de Campo de Borja. ¿Qué mejor que un chardonnay de Chablis? El Sangiovese en Toscana, que escapa del Chianti para lucir en Maremma. La gente del vino ha estudiado y viajado durante añadas y esto se nota en las nuevas grandes añadas que se parecen a sus abuelos, pero que vuelan más alto. Porque el vino es una gran familia que va dando nuevas generaciones pero siempre ligados a la tierra. Por ello, esos vinos siempre han estado aquí arrelados, siguen esperándonos en las copas. Vinos que vuelven a estar de moda porque nunca se fueron, como yo de esta revista.

VINOS Y RESTAURANTES Y YO

¡Me han llamado de “Vinos y Restaurantes”! No me lo podía creer. Recuerdo celebrándolo con mi familia aquella noche. ¡Pero si aún no sabes qué quieren! Me decía mi hermano Ferran. “Pero lo importante es que han llamado” decía mi madre. Fui a las oficinas en Pau Clarís y vi las diferentes portadas de las revistas. Todas aquellas que había estado leyendo mientras hacía de comercial de vinos del Celler de Gelida de Barcelona y soñaba en el día pudiera escribir en una revista así de importante. Se lo dije una vez a Maria José, su elegante comercial, que me animó a seguir mi cruzada. Y allí estaba con Pilar y el señor Curt, muy nerviosa e insegura pero llena de ilusión. Me pidieron una columna, podría escribir de lo que quisiera, ¡y cobrando! Me tomé un capuccino en un bar cercano y sentí que se me estaban abriendo una gran puerta para comunicar el vino que es lo que quería  hacer de mayor. Y así fue. Radio, televisión, conferencias, premios. No sé si fue mi nariz de oro joven promesa o que por fin recogía lo que había estado labrando esos años escribiendo en la oscuridad. Lo que sí sé es que gracias a “Vinos y Restaurantes” la gente me reconocía y me leía. A mi primer artículo “Blancos con almas de tintos”  le dediqué muchas horas: ¡tenía tanto miedo de no dar la talla! Avasallando con preguntas a Mónica Rámirez, una de las mejores profesionales de sector y una gran redactora jefe. Mi padre, Toni Falgueras, me revisaba los primeros textos. Me sorprendió cuando René Barbier me felicitó por mis artículos cuando era yo quien tendría que hacerlo por sus vinos. Como hice temas graciosos, otros demasiado arriesgados pero siempre sinceros y frescos. Los demás editores de las revistas en que colaboraba me decían “¡queremos tus temas de “Vinos y Restaurantes”! Pero sólo me salían cuando pensaba que mis artículos se publicarían aquí. Una botella nunca se vacía, siempre se llena de sensaciones. Mis brindis con “Vinos y Restaurantes” no han acabado, sólo mi columna mensual. En estos tres años he acabado la tesina doctoral en comunicación sobre “las metáforas en el mundo del vino” y ahora empiezo nuevos proyectos, para seguir formándome para mejorarme. La copa está medio llena y la seguiré llenando con vuestra energía. Así que nos seguimos viendo en el perfil de cada copa, nos imaginamos en los puntos suspensivos, en la emoción de cada tapón, en las curvas sugerentes de las comas. Nos seguimos riendo de las manchas de vino, nos recordamos en el silencio de las pausas. Si me echáis de menos, nos podemos comunicar a través de mi blog www.winesandthecity.com. Muchas gracias a vosotros, lectores, y al capital humano de “Vinos y Restaurantes” por la oportunidad, la atención y toda la inspiración, que sin saberlo, me habéis regalado. ¡Gracias de todo corazón y hasta muy pronto! ¡Salud!

¡VINOS BUENOS, BONITOS,BARATOS Y DE AQUÍ!

¡Qué suerte que tenemos con los vinos españoles! Nos podemos quejar de muchas cosas en este país, pero no sobre el vino. Comparad la relación calidad-precio con los vinos italianos. Hay vinos italianos deliciosos como los barolos del Piamonte o los supertuscans Toscana, ¿pero a partir de que precio? Mucho más elevado, os lo aseguro. El precio en relación al placer con los vecinos franceses también es considerable. En España se hacen grandes vinos a bajos precios, y en eso, somos una  de las mejores alternativas del planeta vinícola. El Nuevo Mundo (como se denomina a los viñedos fuera de Europa) hace productos muy competentes. Es el caso del malbec argentino y el carménère chileno. Muchos tenían miedo de que estos nos robaran el mercado. Si pensamos des de la abundancia (difícil en tiempo de crisis, pero siempre posible y muy recomendable) veremos que el sol sale para todos. Y que en la península (pues los portugueses se también se han puesto las pilas) se hacen unos vinos asequibles y con personalidad. Vinos de mencía en el Bierzo, garnachas en el Campo de Borja y cariñenas en el Montsant que valen más de lo que cuestan. El secreto parece ser en diferenciarnos de la competencia. El terroir y las variedades autóctonas son inimitables y un valor en alza. ¡Lástima que aún algunos consumidores no se lo crean!. El Beujolais Noveau, el vino joven del sur de la Borgoña que sale el tercer jueves del mes de noviembre, se acabó antes de fiestas. Mientras cada vez son menos las bodegas españolas que se atreven a sacar el vino del año. ¡Con lo que se agradece un vino con aromas varietales y frescos! Tal vez, los consumidores no tienen la culpa, si no que las bodegas que sólo se toman en serio los vinos complejos. Lo más lamentable es cuando en un restaurante el vino de la casa, que tendría que ser el más representativo, acaba siendo un australiano con virutas. Con los avances enológicos es muy difícil encontrar vinos mal hechos, y nosotros tenemos grandes vinos a precios asequibles: Laderas del Sequé (Alicante), Monteabellón Roble (Ribera del Duero), Artazuri (Navarra), Vinya d’Irto (Terra Alta). Vinos que te dejan bien sin arruinarte. En blancos hay un festival de opciones: verdejos de Rueda por menos de 6 euros; untuosos godellos criados en lías y xarel·lo en el Penedès. El Blanc Selecció de Can Feixes y el rosado de lágrima de Ochoa por citar algunos ejemplares. En cada denominación (no acabaría si citara todas, pero las 69 denominaciones entran como ejemplo) podemos gozar de vinos básicos fabulosos para acompañar nuestro pan de cada día. Preguntad en vuestra tienda de confianza y desconfiad de las ofertas. El vino de rebajas no tiene sentido para los vinos que cuestan lo que valen. El rey de los vinos calidad-precio es el Jérez. Con el sistema de criaderas y soleras estos vinos son de una elaboración única y casi mística con su velo en flor. Nosotros, como tienen buen precio, no los tratamos como joyas, pero lo son. ¿Vinos envejecidos durante tres años y que cuesten 6 euros? ¿Dónde en el mundo se ha visto algo así?. La Manzanilla y los demás vinos de la D.O. Jérez-Sherry-Manzanilla Sanlúcar de Barrameda, si estuvieran en Fancia costaría no sé cuanto. Criticamos a los gabachos porque tenemos envidia, pues estos sí que han sabido crear marca. Nosotros ya la tenemos es “Wines of Spain”, se trata de que creamos en el lema “Yes, We can”. En Estados Unidos el vino español triunfa por sus cualidades jugando fuera de casa. ¡Ya es hora que seamos profetas en nuestra tierra! Aunque el 2010 no es una buena añada económica, podemos continuar brindado con espumosos de altura sin echar de menos ningún champagne. Tenemos cavas gran reserva (con 30 meses de crianza) por poco más de 10 euros. Lo que nos falta es más autoestima y animarnos un poco en esta cuesta de enero con vinos que nos llenen de placer sin vaciarnos el bolsillo.

Meritxell Falgueras

Vinos que te hacen quedar bien

La eterna pregunta, en Navidad, se repite más de lo normal, ¿Quedaré bien con este vino? Nos obsesiona que un vino no nos decepcione, sobretodo cuando lo ofrecemos como regalo o lo llevamos a una cena. Hay marcas, zonas, productores que nos dan seguridad y confianza. Con zonas como Priorato o Ribera del Duero sabemos que el receptor va a percibir cuánto nos hemos gastado. Un champagne o un vino extranjero da una aureola de exclusividad. Rioja o Albariño creemos que siempre van a estar buenos. Las uvas cabernet sauvignon, merlot y chardonnay parece que le den pedigrí al cupage. Estas apuestas seguras son ideales para obsequiar a personas que no conocemos bien y no sabemos su interés por el vino. Aunque si tenemos grandes amigos apasionados por el vino agradecerá más un vino de autor o de alta expresión. Estos vinos son obras de arte de bodegas y/o enólogos de producciones limitadas y altos precios que sólo los más informados sabrán apreciar. Si tenemos familiares que se están iniciando podríamos optar por vinos más sorprendentes. Por ejemplo las denominaciones catalanas de Montsant, Empordà y Costers del Segre. Denominaciones con productos muy bien hechos, de variedades autóctonas y de precios asequibles. Para los conocidos esnobs, es normal que prefiramos las marcas más reconocidas por los medios. ¿Y para el amigo invisible? Un regalo asequible podría ser un vino que no llegue a los 8 euros, como por ejemplo uno del Penedès, que no nos va a dejar en ridículo.
En las comidas y cenas de estas fiestas tenemos que pensar bien el vino que mejor acompañará al menú. Aunque la premisa es “vino tinto para la carne, blanco para el pescado” tiene deliciosas excepciones. El vino tiene que estar a nuestro servicio, no nosotros bajo su dictamen. El mundo del vino tiene múltiples posibilidades de maridage y después cada uno sabe lo que mejor le sienta. Un vino blanco, también puede acompañar carnes, pero el vino tendrá que ser pasado por barrica y la carne, blanca. Para los que sólo toman tintos, para los pescados deberán utilizar un vino ligero, joven y sin nada de crianza en madera. En estos largos manjares lo más espectacular es que desfilen diferentes tipos de vinos por la mesa, hasta si puede ser con cada plato. Son mesas grandes que fácilmente se acaban la media de diez copas por cada botella. Así podemos practicar más este juego de combinar comida y vino para que los dos salgan ganando. También podemos aprovechar para lucir las botellas mágnum, el doble de la estándar, pues seguro que siempre necesitaremos más vino. Para adornar de alegría nuestros banquetes mejor empezar brindando con cava. Un cava joven y brut para el aperitivo nos va a preparar el apetito, y si es rosado llenará de glamour nuestro brindis. Los snacks salados serán su mejor pareja. Los primeros podemos optar por los grandes blancos del país, como los verdejos de Rueda. Para las carnes guisadas, tintos con reserva. Para l’escudella un vino del año que se va, servido un poco fresco y de fermentación carbónica. Para los canelones vinos de garnatxa. Para los turrones cava dulce. Vinos dulces naturales endulzaran nuestra sobremesa. Nunca nos puede faltar en estos días espumosos de calidad, un buen whisky, un pedro ximénez de Montilla y Moriles. Estos vinos son los que te hacen quedar bien con cualquiera. Bones festes!!!

LAS FIESTAS DEL CAVA

Las fiestas del cava tienen como anfitrión la Confraría del cava de Sant Sadurní. Este año ya se ha celebrado la XVIII semana del cava con el estiloso cartel de Jordi Labanda, y con ella los diez años que decidí con entusiasmo y voluntad dedicarme al mundo del vino. Antes ya lo hacía, pero siempre como “hija de” y trabajando en la tienda de vinos de mi familia porque era lo que tocaba después de cinco generaciones. Mi padre siempre lo dice “tanto llevarte a las viñas todos los fines de semana y te convences que el mundo del vino es bonito por las fiestas”. Allí pude conocer a Ramon Francás, colaborador también de esta revista, y al verlo trabajar me inspiró la que sería mi profesión: explicar lo que hay detrás de cada botella. ¡Y es que las fiestas del cava son preciosas! Preciosas porque se hacen con pasión. Todo un pueblo, Sant Sadurní d’Anoia dispuesto a esperar a su reina, en esta edición la ex-Miss Elisabeth Reyes. Esta guapísima malagueña parece más conocidas por sus affaires, pero a nosotros nos tendría que interesar que compartió reinado en el 2006 con Juan García, (como el nombre de la uva) modelo y sumiller. Y este Mister llegó a vencer el título Mundial en 2007 a parte de por su belleza y por hacer una decantación de vino delante del jurado. Otras reinas han venido de Operación Triunfo (como Beth o Gisela), del mundo de la moda como Veronica Blume o Judith Mascó, muchas actrices y otras tantas mises. Sí, se busca a una mujer hermosa y mediática para expresar con una imagen la elegancia del cava y para llamar la atención de los medios de comunicación. Sus Damas de Honor, son “pubilles” del mundo del cava. Yo lo fuí el año de Martina Klein, y de allí me viene la afición. También hay pregoneros, este año Puyol e Iniesta (¡aunque fueran los imitadores del programa de sátira de tv3 Crackóvia!) para celebrar la cantidad de botellas de cava se han abierto gracias a la “Copa-Lliga-Champions”. La muestra de las placas del cava, una de las actividades más concurridas. (¡Desde que llegó la dichosa moda tienes que ser el más rápido en cogerla!). ¡Hay gente que solo compra el cava para la colección, bebérselo pasa a un segundo término! Actividades para profesionales como el “Congreso del Cava” con ponencias como “El cava en la cocina” a cargo de Josep Roca entre otras ponencias a cargo de los mejores enólogos mundiales para los profesionales del sector. Muy importante es la misión de la Jove Confraria del Cava, un grupo de jóvenes que se dedican a educar de manera divertida y con glamour a sus coetáneos. Lo que hace grande a la Confraria son los confrares de Honor: personalidades como Joan Manel Serrat, Montserrat Caballé, Mercè Sampietro… Este año ( ¡ya tardaban!) Ferran Adrià. Hablando de catalanes universales, los caballeros del cava fueron con sus capas y su espadas a California a investir al mismísimo Pau Gasol. Si la montaña no viene a Mahoma… Bueno, se invistió también a su momento a Fèlix Millet, pero esto no viene a cuento. Yo siempre voy a defender el cava porque gracias a este producto me enamoré del mundo del vino. En un año que ni Freixenet estrena anuncio, necesitamos más que nunca que el cava nos siga haciendo soñar sobre qué queremos ser en el futuro.

Meritxell Falgueras

En el nombre del vino

El nombre del vino es como el nombre de las personas. Hay nombres que son originales, otros clásicos, algunos fáciles de recordar. Nombres que muestran la personalidad y otros que son sólo un trámite para distinguir el vino. Estudios de marketing apuntan que los nombres de vino más utilizados son aún los que tienen referencias aristocráticas, los nombre genéricos o los nominativos latinos. Los vinos con pedigrí se hacen llamar por sus títulos nobiliarios como Marques de Gelida (cava), Conde de Valdemar (Rioja), Comtesse de Lalande (Pauillac). También hay vinos que aluden a la realeza como Dinastía Vivancos, (Rioja) Palacio de Bornos (Rueda) o Torres (Penedès) entre muchos más. Los nombres genéricos que demarcan la viña y el pago son muy comunes: Viña Tondonia (Rioja), Pago de Carraovejas (Ribera del Duero), Clos Mogador y Mas Martinet (ambos Priorat). Las laderas, los montes, los castillos están llenos de ejemplos vínicos. Los nombres latinos recuerdan las misma raíz del vino (vis, fuerza vital) como Tarsus (Ribera del Duero), Forum (Penedès) o Ysios (Rioja). Le siguen en número de referencias los griegos como Odysseus de Viñedos Ithaca o la bodega Dionisos en Valdepeñas.
Hay quien como a un hijo ponen al vino su nombre entero como el cava Agustí Torelló o sólo el apellido como Gramona; o en la denominación de origen calificada Rioja, Luís Cañas y Muga. Marimar, Mauro, Bertha o Idoia hacen son los preferidos de las personas que comparten su nombre. La tendencia pero es poner nombres raros que impacten, como el Jumilla Wrongo Dongo que se presenta en las originales etiquetas con las que presenta sus vinos Jorge Ordoñez. Los nombres populares ahora parecen los más originales: Viña al lado de la casa (Jumilla), El perro verde (Rueda), Qué bonito cacareaba un gran Rioja blanco con crianza.
La historia entre el vino y la iglesia deja constancia como San Román en Toro o Santa Rosa en Alicante. Por no hablar de los vinos franceses como el bordelés Château Pape Clément o la denominación de origen de origen Chatêauneuf du Pape o Hermitage. Scala Dei de la denominación Priorato, que a su vez proviene de prior y L’Ermita más internacional de Álvaro Palacios. El enólogo de culto, Raúl Pérez le pone “Pecado” a su mencía gallega, tal vez por los 98 puntos Parker. Los más esotéricos aman los vinos Celeste o Astrales de la Ribera. Ponerle números a los vinos es muy típico de la bodega australiana Penfolds con su Block 42 aunque las bodegas Abadal también siguen la tendencia con su 3.9. Bautizar un vino con su varietal es lo más corriente: Raimat Chardonnay o Enate Merlot-Merlot. Un nombre también nos puede dar pistas de la zona que representa como el txacolí Txomin Etxamin o Artazuri en Navarra. Entre los champagnes hay nombres alemanes que apelan a la historia como Krug o Taittinger. En el mercado anglosajón no fallan los cortos y fáciles de recordar como es el caso del vino más vendido, el australiano, Yellow Tale. Los más poéticos són los de Gerard Depardieu con su socio Magrez: Confiance, Ma Verité, Le Bien Decidé, Spritus Sancti, Paciencia, Sine nomine. Los hay que son osados y se atreven a ponerle a un verdejo “De puta madre”. Quinta Muradella llama “Bastardo” a su vino por la variedad y “Trío Infernal” se denomina el proyecto de Combier, Gérin y Fisher en tierras tarragoninas. En fin, que en el nombre del vino podemos encontrar de todo, como en la viña del señor…