Sumilleres por el mundo

Artículo de Meritxell Falgueras publicado en el blog Tinta de Calamar (Cadena SER)

Si hasta se ha hecho un programa de televisión es porque ya hay muchos españoles por el mundo, y algunos son sumilleres de corazón (porque se trata de una profesión pasional). Gente que no ha emigrado por la crisis, que podría ser, sino porque el vino les ha llevado a inspiradoras y deliciosas ciudades.

Rut Cotroneo, por ejemplo, soñaba con hablar francés y vivir en París, y ya lleva tres años en el Hyatt Park Hotel de la Rue de la Paix, sede del restaurant Pur, con una estrella Michelin. Bruno Murciano empezó en el Ritz de Londres y, además de elaborar un vino con bobal de su tierra, ya lleva más de 10 años dedicándose a la comercialización en la City.

Rut Cotroneo en un hotel

Rut Cotroneo en un hotel

Lucas Payá se fue de la Cala Montjoi (el Bulli) para ir a Nueva York. La misma ciudad que alberga a la familia del bodeguero Pepe Raventós, quien, hace un par de años, decidió dirigir su bodega de cava de Sant Sadurní desde la ciudad de los Rascacielos.

También los hay que, aun teniendo la residencia en la península, son de los más internacional. Como nuestro sacerdote del vino: Josep Roca. El sumiller y propietario del mejor restaurante del mundo (según Restaurant Magazine) que ha seducido al mundo con El Somni, una ópera-menú degustación que ha compuesto junto a sus dos hermanos: la parte salada y dulce del Celler de Can Roca.

Ferran Centelles es un sumiller formado en Francia e Inglaterra que sigue teniendo la humildad del chaval del barrio de Sants que ahora puntúa los vinos españoles de la dama de hierro del vino: Jancis Robinson [link en inglés]. Y el que estaba en su lugar, Luis Gutiérrez, ahora se ocupa de dar los prestigiosos Puntos Parker [link en inglés].

Y qué decir de los enólogos que viajan para aprender de márqueting en los Primeursde Burdeos y visitan diferentes zonas vinícolas para formarse. Para los que hacen espumosos, por ejemplo, es obligado ir a Champagne. Y para aprender lo último en vinificación de blancos, hay que ir a Nueva Zelanda…

Fuente: Flickr*

Los bodegueros también viajan muchísimo porque, para que los vinos se vendan, hace falta una historia, una cara, un tonoÁlvaro Palacios está más días moviéndose por el globo que en su casa pero se mantiene bien arraigado al Priorato. Y Juan Carlos López de La Calle, cuyo Viña El Pisón ha cumplido 19 años de promoción mundial, de Rioja al mundo. Pero los hay que son flight-winemakers y los que son car-winemakers, como el super Mariano García que va de Toro a Ribera como quien va a la cocina.

En esta época en la que, en España, lo difícil es cobrar (no sólo vender), salir de tu país puede hacer que tu empresa triunfe. La exportación, para muchos, es la única salida. Pero se ha de seguir al cliente, ir cuando te piden degustaciones, visitar las enotecas y restaurantes que tienen tu producto…

¡Por eso hay tantas ferias! Las citas anuales de Vinitaly (Verona), Prowein (Düsseldorf) y London Wine Fair. Cada dos años, Alimentaria, en Barcelona (los pares), y Vinexpo, en Burdeos (los impares). Concursos internacionales como el ITQI de Bruselas o el itinerante Concours Mondial, y también eventos varios siempre productivos: que si el Merano Wine Festival, que si el Fórum Gatsronómic de Girona

¡No hay tiempo de pensar a dónde quieres ir de vacaciones cuando se para de catar! Y sí: las vacaciones de los que nos dedicamos a esto suelen tener lugar, por si lo dudabais, entre viñas y por los paralelos donde crece la vid.

Nada más lejos de la realidad que una servidora: trabajo en Barcelona, soy jurado internacional, estudio en Londres el Diploma del WSET y vivo en la Toscana. Si alguien quería ser Willy Fog, aquí tiene una profesión que le hará girar algo más que la cabeza.

 

*Fuente: Flickr – portobayevents

RATATOUILLE

El otro día en un restaurante de París cuyo nombre no quiero acordarme tuve una visita inesperada en la mesa. Era una rata, bueno no, más que una rata era un ratoncito, porque no era tan asquerosa, grisáceo y no muy grande, pero con una cola muy larga… Intente no gritar e ir hacia el camarero después de algunos intentos pues el ratón no paraba de moverse. Un gran esfuerzo para mi histeria el no subirse en una silla y montar el show. Era una brasserie agradable y me daba pena liarla. Así que por fin llego a la barra y lo comunico. La chica del local se ríe de mí y me hace quedar como una tonta delante mi pareja. “Ah, un ratoncito, ¿es que tienes miedo? ¡Están por todo París, es normal!”. Y casi me hace sentir tan ridícula que le tengo que pedir perdón… “Ahora entiendo porque la película de Disney está ambientada en París…” es lo último que dije después de pagar la cuenta e irme.

CAFÈ BEAUBOURG

 

43, Rue Saint-Merri

Un buen lugar delante el Museo Pompidour para poder tomar cosmopolitans (muy dulces y poco alcohólicos, como todas las copas de la ciudad). Mejor olvidarse de los gin-tonics y tomar siempre vino, o un kir :)

 

 

MIS BOUTIQUES

DES FILLES A LA VANILLLE

150 Bd. Saint- Germain 75006

1 Rue de l’ Ancienne Comédie 75006

Es la tienda más kitch del mundo pero siempre encuentras algo muy original, que aunque tenga demasiadas blondas y lazos, te hace sentir muy francesa…. ¡El olor a vainilla que tiene la ropa te hace parecer un pastel!

 

COP. COPINE

No es barata pero tienen piezas únicas, nada suntuosas y muy parisinas. Tienen dos tiendas en Saint-Germain y otra cerca de Les Halles.

PILONES

La tienda de diseño más divertida de la cité.

 

 

LE FUMOIR

 Place du Louvre

6, rue de l’Amiral-Coligny 75001 Paris

www.lefumoir.com 

El lugar perfecto a la hora del té (o mate) para escribir todo lo que la ciudad evoca con un ambiente très chic. El Louvre está tan cerca que puedes reflexionar sobre todas las obras con temática dionisiaca que hay en él.

 

 

Paris sera toujous Paris

No me gustaba vivir en Paris cuando estudié en el 2004, pero me encanta visitarla. Pero sobretodo me gusta como me siento en ella. Puedo vestir como quiera, con lazos, con blondas, con sombreros, con guantes a lo Gilda… Y recordar todos los secretos que tengo con la ciudad. Mis visitas al Louvre escribiendo poesía, mis kirs en Saint- Germain, mis compras locas en Les Halles, mis comidas en Chez Marianne en Le Marais, los CD que compro en el museo Picasso, las noches de fiesta en Montmartre. En Paris he tomado mis mejores Rieslings con cacahuetes delante del ordenador y las mejores botellas de Champagne acompañada. Es de las pocas ciudades que no importa pasearla sin nadie, porque la ciudad ya me es suficiente. Era fácil encontrarme sola en sus cines sin que nadie me cogiera las palomitas mientras me sentaba… Ahora vuelvo para pasear por el Seine acompañada y parece que la Torre Eiffel brilla más que nunca…