La erótica del Vino

“Donde no hay vino, no hay amor” Eurípides.
El vino forma parte, junto al amor, de las delicias de la vida. El vino se relaciona con los placeres sensuales y el beber bien pertenece a la cultura del erotismo. Encontramos a lo largo de nuestra literatura cómo el erotismo báquico embriaga a los protagonistas, como es el caso de Giacomo Casanova en Historia de mi vida. Antes de llegar a reconocer la erótica del vino en este conquistador italiano, debemos recordar la tradición de la que se nutre éste galán. En la Grecia Arcaica (pilar de nuestra civilización) Paris, el raptor de Helena, conquistó a la joven porque le fue debilitando la voluntad con buenas dosis de vino de Troya. Tal vez esto fue a causa de que en la mitología Afrodita otorgó sus favores a Dionisos. Y eso hace que el vino despierte a los sentidos, tranquilice la exigencia de la razón y ceda a los deseos del corazón. Dionisos era dios de la embriaguez divina y el amor más encendido. Las mujeres eran las más fieles seguidoras del dios, en forma de nodrizas, amantes o frenéticas bacantes. La locura de estas mujeres está representada en las posesiones que el dios ejercía sobre las “menades” a las afueras de la ciudad. Estas mujeres eran arrastradas por el delirio del vino y se veían empujadas a comportamientos salvajes. También se las llamaba “bacantes” y como cuenta la obra de Eurípides, enloquecían de tal modo que eran capaces de comerse hasta a sus propios hijos si se las espiaba en sus secretos ritos. Este dios, propiciador de placeres, goza de una vida muy promiscua en las historias ancestrales. Sus más famosas conquistas son la mortal Ariadna y la diosa del amor profano, Afrodita-Venus. Así que en Giacomo Casanova encontramos la figura del conquistador de la voluntad de las mujeres que ya se intuía en la tragedia griega. Jugar al amor cuando uno esta ebrio es una usanza casi tan antigua como el mismo vino. Los “Octavos”, juegos originarios de la Grecia Magna, eran ritos erótico-dionisíacos que consistían en beber tantas copas de vino como letras formaban el nombre de la amada. Así el banquete griego que en un principio utilizaba el vino para filosofar se sexualiza.
Ovidio anticipó el ritual que se desarrollaría en las bacanales romanas con su sentencia: “con amor, el vino es fuego”. El vino fue cosa de hombres, prohibido para las mujeres en Roma. Pues se creía que la mujer carecía de virtud y si se la dejaba beber le gustaría demasiado la sensación de embriaguez y no podría detener sus impulsos más oscuros. Muchas veces Casanova utilizó el vino para poder realizar la unión carnal con las mujeres que deseaba. Por esto mismo Catón, en el siglo I a.C., afirmaba “Si encuentras a tu mujer bebiendo vino, no dudes en atravesarla con una espada” porque creía que un mujer ebria era fácil presa de la infidelidad. En la Antigua Roma el beso en la boca se utilizaba como prueba de alcoholemia. Este beso lo podía ejercer el “pater familias” sobre sus hermanas, hijas y su mujer se llamaba “jus osculi”.
En el Antiguo Testamento la vid es símbolo de fertilidad y también de reproducción humana. Lot es emborrachado por sus hijas porque éstas no quieren que se extinga la especie y así pueden copular con su padre. En la tradición judío-cristiana el vino es visto de manera positiva como creador de uniones pero en este capítulo de Lot y de sus hijas demuestra como el mosto fermentado bebido con desmesura lleva a cometer actos impuros. Prosiguiendo en la historia del erotismo del vino, la poesía persa en boca de Omar Khayâm implica el hedonismo de beber y de amar. Después la mística sofí recogerá esta tradición para llegar a la divinidad, perpetuando la imagen del vino como potenciador del amor. Así en la Edad Media, encontramos como el Arcipreste de Hita en El libro del Buen Amor, nos cuenta como Venus y Bacus son inseparables compañeros. De todo esto y más estaba preñada la historia de la cual es bebedor Giacomo Casanova que personaliza la representación más directa de la sensualidad del vino en nuestra literatura.
Casanova se introduce en el mundo del erotismo báquico con su obra literaria por excelencia: Histoire de ma vie. Esta autobiografía escrita en francés (aunque él fuera italiano) nos cuenta sus incongruentes historias, sus erecciones, los diferentes bares de la Europa de su tiempo, su inteligente humor y todos los “affaires” que la han dado la mala reputación de frívolo “Don Juan”. La escritura de Casanova reivindica un mundo lleno de sensualidad y de erotismo (en algunos episodios también de pornografía), donde nos explica “les plaisirs de bouche”, empezando con los besos y acabados con el vino. En su primera relación sexual a la edad de 16 años, Casanova, lleva en sus bolsillos dos botellas de vino de Chipre, y dice que junto a ellas “goûtait la douceur pour la première fois”. Pero este prodigioso amante no fue nunca un gourmet delicado. A preciaba los borgoñas y le gustaba tomar los vinos de la región en la que se encontraba, así que leyendo la historia de su vida puede realizarse una carta de vinos europeos de la época. De vinos franceses evoca el Hermitage Blanche y dice beber también los Graves. En Londres después de un intento de suicidio, un amigo inglés lo lleva a un hotel donde en compañía de dos prostitutas dónde comerá ostras con vino de Graves. Casanova adora los vinos de su tierra: los Chianti, la Malvasía de Raguse, el Montepulciano, el vino de Orvieto, el vino de mesa de la Romagna hecho de sangiovese; considera excelente el vino de Gatta y el vino tinto de Frioul. Pues en Italia, como en cualquier otro sitio, el vino le valdrá como un medio para no perder tiempo en preliminares a la hora de seducir mujeres. Malvasías, Muscats, Málagas y Pedro Ximénez están presentes en sus obras como también vinos más exóticos en la época, como los Tokay y los vinos del Rhin. Pero el gran inspirador del erotismo casanoviano es el Champagne. Con él vivirá sus romances más pasionales y solidificará la unión de la lujuria con el vino burbujeante.
Casanova no entiende una buena comida o una buena noche de sexo sin vino pero no es un degustador esnob, ni tan siquiera un gran entendido en vinos. No encontramos en sus escritos definiciones gustativas sino que se limita a nombrar (como marca de estilo literario realista) los vinos que toma y de qué labios los degusta. No utiliza el mismo vino para dormir con una criada que con la mujer del embajador, pero para él el mosto fermentado en sí mismo, no tiene un valor simbólico. El vino le sirve para calentar los deseos, elevar las prohibiciones, emanar las censuras y liberar las inhibiciones. El vino está íntimamente ligado al imaginario del placer en el siglo XVIII y a partir de ello se define el rol social que tiene en la actualidad.
Pensemos en la publicidad, en cómo los anuncios de alcoholes siempre aluden al mito primigenio de Dionisio donde la noche, el vino y la música acercan a las mujeres y los hombres. Una cita con un buen vino da pie a hablar de amor, y tal vez a tomar una última copa, aunque esta ya será en otro ámbito. Nada han inventado los publicitarios: el vino como metáfora del amor-pasión ya se forjó en Grecia y la aprovechó Giacomo Casanova en el iluminismo europeo. Así que, queridos amantes del vino, si queréis convertiros en buenos amantes de mujeres pensad atentamente en la elección del vino. A las mujeres nada sugiero, pues son ellas las herederas de los ritos del dios del vino.

Lletres de Vi

En indoeuropeu la paraula “ivresse” s’utilitzava per denominar a l’home begut. Etimològicament volia dir “mediador”. El most fermentat s’entenia com el causant de la comunicació entre els homes i el més enllà. El vi és musa d’artistes. Ajuda a la paraula com demostra en “in vino veritas” de Kierkegaard. Baudelaire a Les flors del mal deia “que l’ànima del vi cantava en les botelles”. El vi és com un poema que vol representar tots els sentits. Els símbols dels vi en literatura són múltiples: des la immortalitat sumèria a l’epopeia de Gilgamesh al “carpe diem” romà. A la Ilíada i l’Odissea Homer ens explica la distribució geogràfica de les vinyes, fins i tot ens descriu el mar mediterrani com “vinós”. A Grècia, el déu del vi Dionís es transforma amb la divinitat de la revelació. N’és una representació Les Bacants d’Eurípides on trobem les seves fidels seguidores embogint a les afores de la polis. Les imatges del vi evocaran festa, joventut, èxtasi, sexualitat i comunió amb la natura. Plató en El Banquet ja ho diu “sense vi no hi ha amor”. Aquesta tradició arriba fins a Giacomo Casanova que ens parla en Histoire de ma vie dels vins amb que maridava les seves conquestes. La vinya com a símbol del diàleg entre l’home i la dona, com arquetip entre Déu i el més enllà, es fa palès en el Càntic dels Càntics. Els llibres sagrats com la Bíblia (on es nombra el vi més de 600 cops!) o el Corà marcaran com les diferents religions entenen la cultura vinícola. La tradició del graal, el calze sagrat, regarà de simbolisme tota la tradició artúrica amb obres com el Perceval de Chretien de Troyes fins a l’ópera de Wagner, Parcifal.
La literatura és un reflex de la societat i el vi hi està representat en tot tipus de formes. Com les dites populars que contenen mil consells sobre el vi:“bon vi fa bona sang”. Ha estat sempre present com si d’una pintura realista es tractés en la picaresca espanyola. En el periodisme figures com Ernest Hemingway descrivien els vins que trobaven arreu. A casa nostra, les figures de Josep Pla, Nestor Luján i Manuel Vázquez Montalbán han testimoniat la riquesa gastronòmica de Catalunya.
El vi és literatura per això trobem tantes metàfores en les seves notes de tast. No és d’estranyar que hagi estat el leit-motive de tants poetes! Edgar Allan Poe hi busca la gènesis dels poemes. En els poemes burgesos del Pushkin de la primera època dedica nombrosos versos sobre el champagne. En William Shakespeare trobem moltes tavernes londinenques que esdevenen santuaris teatrals. Goethe, amb les sensualitats del romanticisme, fa un elogi al beure per entrar en contacte amb la veritat individual. El Gargantúa i Pantagruel de Rabelais dibuixa les festes dionisíaques abans dels banquets. Pablo Neruda té una preciosa oda dedicada al vi “Vino color de día/ vino color de noche/ sangre de topazio/ estrellado, liso/ suave como un desordenado terciopelo”. S’ha escrit tant de vi!!! I més que queda per escriure! Per concloure, abans de desitjar un bon Sant Jordi, cal citar al savi persa. El fil conductor de l’obra hedonista d’Omar Khayyamm són les roses, el vi i l’amor. La seva poesia és com una ametlla fresca, d’aroma dolç però que deixa un gust amarg. “Tu tens roses i vi, amics de gaia ebrietat:/ gaudeix aquest instant,/ que això és la veritable vida”. El vi el dia 23 d’abril s’harmonitza amb molts llibres. I si la rosa no fa olor sempre se l’ha pot acompanyar d’un vi blanc de gewürsztraminer!

Me gusta el vino, me gustas tu

Me gusta cuando me haces sonreír. Me gusta cuando me dejas las boca manchada. Me gusta cuando me despeinas. Me gusta cuando me calientas. Me gusta cuando me refrescas. Me gusta cuando me haces hablar. Me gusta cuando me haces callar. Me gusta cuando me atraes. Me gusta cuando me das miedo. Me gusta tanto cuando duermes como cuando me despiertas. Me gusta cuando me tocas por dentro y por fuera. Me gusta que me regales tiempo. Me gusta que me robes el corazón. Me gusta que me rasques. Me gusta que me relajes. Me gusta tu vino, pero me gustas más tu.

Nacida el 30 de Julio

Soy nacida en el 30 de julio, y hoy, el día que se cierra el Bulli, yo cumplo 30 años. Es el momento más feliz y dulce de mi vida. Sobretodo emocionalmente. Doy gracias a la vida por darme tanto y espero devolvérselo con tanta energía positiva, autenticidad y amor. Miro atrás sé que todo ha tenido sentido y que estoy donde había soñado, y sobretodo con quien había soñado.
Pensaba que me quedarían cosas para hacer antes de los treinta pero realmente he hecho las que de verdad quería hacer. Me siento on time per tutto. Digo adiós al 2 en mis decenas que me ha dado tanta fuerza y ahora con el 3, sé muy bien donde apuntar. Que el mejor restaurante del mundo cierre sus puertas no quiere decir que la magia acabó, si no que la fantasía acaba de comenzar. Si es que nunca se cierra una puerta sin abrirse una ventana. Y la vista des del ventanal es preciosa. ¡Un brindis por The last dinner in Bulli!

Life is too short to drink bad wine

No sé cuanto voy a vivir pero sí sé como quiero hacerlo. Una vez ya he hecho los calimochos de mi vida, mezclando ideas adolescentes con burbujas de pasión que acaban haciendo cókteles molotov para el corazón, ahora quiero beber con tranquilidad el sano resveratrol. Una vez ya degustadas sangrías que unían cosas sin sentido y de quererlo todo a la vez, me apetecen cupages inteligentes que sumen en vez de enmascarar. Después de tantas catas, sé que tipo de vino quiero beber. Conozco lo que busco en vino y, sobretodo, aprecio saboreando lo que ha costado encontrarme con él. Después de tantas visitas a denominaciones de origen, de conocer marcas, por fin he encontrado la bodega donde quiero quedarme. Porque como decía Óscar Wilde, la vida es demasiado corta para beber mal vino.

te quiero más que a mi tapaojeras

Yo no sé si los vinos tienen sentimientos, aunque estoy segura que transmiten muchas emociones. Hoy cuando me estaba maquillando me preguntaba si el vino necesita ese toque de madera como base, porque si no no tiene una piel tersa. Bueno, yo más que para estar guapa, utilizo el tapaojeras para no parecer una zombie. Tal vez para el vino lo más parecido a mi tapaojeras sea la aireación que necesita para despertarse del sueño de la botella. No me sé pintar, por ello no lo hago, no por natural, sino por inculta en el tema. Ahora, sin mi corrector, que me ayuda a cubrir las manchas y el hinchazón de ojos de la mañana, puedo salir a la calle, pero asusto un poco. Como el vino que después de muchas horas en reducción necesita decantarse. Lo único que sé es que cuando me olvido el tapaojeras es peor que cuando me olvido el abridor, ¡aunque nunca comparable a no encontrar el iphone! Una vez vi o leí un cuento en que alguien decía “te quiero más que la sal” y la princesa se enfadaba porque le sabía a poco. Después una maldición le mostró lo que sería la vida sin sal. Si amo a alguien más que a mis horas de sueño, al estar a mi casa, a mi obsesión por el trabajo, al viacrucis de coger tantos vuelos y a mis momentos de desestrés os lo prometo que ese sentimiento sólo es comparable al tapaojeras que necesito para seguir queriéndolo a este ritmo. Espero en cuanto lleguen los rayos de sol haya encontrado la manera de estar cerca de él sin necesidad de taparme las ojeras y que pueda dormir con la cara desnuda en su pecho. Porque los vinos que te enamoran no les hace falta que se les cubra la piel.

Amaranto 2009

PODERE DE SAN CRISTOFORO
IGT MAREMMA TOSCANA
5 ESTRELLES
9.50 euros
12.5%

Pels que esteu cansats dels vins alcohòlics, prepotents i que criden aquí teniu un vi que sense alçar la veu amb la força tànica aconsegueix protagonisme en la conversa. Un vi que ens parla de la versatilitat de la sangiovese i que pots mirar als ulls, fixament, sense baixar la mirada. Malgrat que sembli tímid, amb el seva suau capa, és un vi tan interessant que atrau tant als neòfits com els màxims experts. Jove i autèntic. Aquesta varietat que regne en els grans vins de la Toscana (Chianti, Brunello di Montalcino, Vino Nobile di Montelpuciano) significa “sang de Júpiter” i ens explica a cau d’orella el paisatge de Maremma. Una de les Indicazione Geografica Tipica a Toscana amb més projecció, jardí d’Itàlia i paradís terrenal, que aporta a aquestes vinyes biodinàmiques i riques en minerals de Gavorrano, la brisa de mar que regala raïms sans amb temperatures templades. Pur, fresc, intel·ligent, diferent i originalment tradicional. La seva estància breu estància en barriques no-noves evoca al clau, mentre segueixen desbordant les aromes a confitura vermella, gerds i aranyons i records vegetals. Autèntic, àgil, sincer i delicat. La seva carícia en boca ens pot recordar al pinot noir, sorprenentment lleuger i singular, però amb les reminiscències de la fruita vermella del bosc, la violeta i un tacte ampli. És un vi que casa amb paraules d’amor, amb peix i amb menges de bon gust. Amb classe, sensual, brillant i bellíssim. Com el seu elaborador, Lorenzo Zonin, el príncep del vi italià, que deixa governar el terrer perquè s’expressi en els seus vins Podere de San Cristoforo.

Mi libro

Presume de Vinos en 7 días (Salsa Books)/ Presumeix de vins en 7 dies (Columna) es mi libro. Aún no he plantado un árbol (¿una cepa cuenta?) y este libro es hijo de las clases recibidas, de las preguntas de mis alumnos, de mi experiencia en programas de radio y televisión, fruto de un sueño que por fin se ha hecho realidad. Estoy muy emocionada porque ha sido mi obsesión desde hace muchos años y por fin os puedo presentar mi cosecha en este formato. Espero que os guste, he querido comunicar el vino de una manera divertida, amena y atractiva. Yo he puesto los genes del conocimiento que me ha transmitido mi padre, con mi estilo juvenil y mi pasión por la letras. Estoy nerviosa por saber vuestras notas de cata, porque no os quiero decepcionar y porque he puesto todo mi corazón. A partir de hoy, 7 de octubre, estará en las librerías. Muchas gracias a todos los que habéis confiado en mi y que gracias a vuestra energía me habéis contagiado del entusiasmo necesario para poder plasmar mi visión del mundo del vino en un libro. ¡Mi libro! Aún no me lo creo, no paro de tocarlo para sentir que ya está aquí pero hasta que vosotros no lo leáis no será real.

El afinamiento del amor

El vino, como el amor, no tiene fecha de caducidad pero sí de un período de consumo favorable. Hay vinos que si los guardas en buen tiempo mejoran, igual que los amores que se hacen esperar y al abrirlos son más intensos. Hay otros amores más inmaduros que como los vinos jóvenes con el envejecimiento en botella se oxidan. Y después hay botellas que aún no habías podido compartir que cuando las abres se llenan de sentimientos, de recuerdos de las horas de insolación de una añada lejana, del terruño en que creció la viña… Vinos que ya no sabes si los bebiste demasiado pronto o si ahora ya es demasiado tarde para degustarlos.

¿Cuando estabas entonces cuando tanto te necesité?

Nadie es mejor que nadie pero tu creíste vencer

Dame mi alma y déjame en paz… Quiero intentar no volverme a caer…

La Canción de “Insurrección”, con la versión de Manolo García y Miguel Rios debería acabar con vertederos de amor de vinos que se han avinagrado porque no se han sabido cuidar. Y nuestra bodega, se tendría que ordenar para impedir que ningún vino vuelva a perderse en nuestro paladar. Se dice que a un vino le cuesta estropearse el doble de lo que le ha costado hacerse. Una vez soñé en que costaba olvidar a alguien el doble del tiempo del que te enamoró. Pero el amor no responde a ningún principio matemático y evoluciona de una manera que no se puede controlar por el olfato. Consolarse con su perfume es tan melancólico como real es el tacto de un abrazo. Y como el vino, el amargor final, es el que marca un largo post-gusto.

La princesa prometida

De pequeña (o hasta hace poco) me imaginaba que ser princesa consistía en esperar a que un príncipe te rescatara, que te regalara la felicidad que te faltaba y que te iluminase con sus palabras. Disney nos ha hecho mucho daño haciéndonos soñar con  bellas princesas pasivas que esperaban a un hombre para ser reinas. Hollywood, con su versión de la Cenicienta moderna, Pretty Woman (que aún levanta audiencias cada vez que se pasa por televisión) transformó a la recatada princesa en una prostituta. Hoy en día, por suerte, las chicas ya no esperamos a un hombre para brillar. Ya no somos ni tontas ni putas. Ya no soñamos con el vestido de boda, sino con los modelitos de Carrie Bradhsaw. Las niñas que quieren ser princesas querrán ser periodistas. No lo digo sólo por Letizia Ortiz sino por Sara Carbonero. Las nuevas princesas son profesionales, seguras de sí mismas y que tienen luz propia. Y entonces triunfan al lado del hombre que quieren. Y sí, al final del cuento, sigue habiendo ese beso tan deseado y lleno de gloria que nos invita a, con los pies en la tierra y la cabeza amueblada, encontrar hombres que den la talla y que compartan el trono.

De qué hablo cuando hablo de correr

HARUKI MURAKAMI

TUSQUETS EDITORES

Este año he participado por primera vez en la carrera del Corte Inglés. Cuando era pequeña me entrenaba para hacer los “Jocs Atlétics” de los Maristas y normalmente hacía relevos porque el “fondo” con mi soplo en el corazón era más complicado… Aunque siempre acabé las carreras que empecé, no por capacidad si no por orgullo. Volví a correr  hace menos de un año cuando estaba inmersa en largos viajes y no podía ir a mi cita religiosa en el gimnasio. El ejercicio físico para mí no es solo físico, si no psíquico. Bueno, lo hago por el cuerpo, porque necesito las endorfinas y así, después, todo parece mejor… Al menos la cabeza se me despeja y la energía se multiplica, así puedo dormir mucho mejor. Pero correr cuesta, te destroza las rodillas y te cansa el corazón… Pero en momentos que quieres recomponerlo, correr es la mejor manera de escapar del estrés. Esta obra de Murakami es inspiradora, es la lucha del deportista con la pereza, el sentido del esfuerzo anónimo, la superación… ¡Y que lo más difícil de hacer deporte es la constancia y la lucha con uno mismo! Una vez has cogido la bolsa y has decidido no quedarte en el sofá, lo de menos son los km que haces…

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