Sex and the city, la película
Lunes, 16 de Junio de 2008Sí, yo ya la he visto. Y con ella inauguro mi blog: Wines and the city porque en Barcelona, mi ciudad, el vino tiene un sinfín de romances y aventuras. Tiene glamour, diversas personalidades y diferentes modos de consumo y a través de él os quiero mostrar mi vida, mi trabajo y mis ilusiones.
Carrie y sus amigas han dado su última añada, pero continua la magia con las bebidas que nos hacen sentir…
La Crítica
Tenía muchas ganas de llorar mientras veía la película. Os podéis reír de mi, pero siendo soltera y acercándome a la treintena las chicas de Sex and the city eran un espejo, deformado, donde reflejarme. Nunca he sido fan de nada pero recuerdo cuando vi la tercera y la cuarta edición en mi habitación de la residencia de la Maison italienne en la cité universitaire de París. Yo como Carrie quería encontrar el amor de verdad. Estar en París y ser más feliz viendo por quinceava vez el Louvre que con una pareja me hacía sentirme como una de ellas encima de tacones. Sentirte maravillosa sin que nadie te esté queriendo es difícil y esa serie me ayudó a ver la vida como un guión. A veces teatralizar funciono más que dramatizar. Con la quinta edición el guión sarcástico y rápido se disolvió en los personajes. Unos personajes estereotipados pero muy profundos que gozaban de matices. En la película ya están totalmente desdibujados. Ya no son lo que eran sin ir de sapo en sapo y contarnos como pueden ser de extrañas las relaciones. El romanticismo ha dejado de lado el sarcasmo. Las marcas que salen de fondo son más importantes que los diálogos. El final feliz lo han intentado transformar en algo emocionante y no soñado para que parezca más real. Pero no lo es. Y con la película he visto que en realidad lo que las cuatro protagonistas representaban tampoco lo es.
Estoy triste porque ahora sé que soy la única que sigue creyendo que puedo ser una reina sin un príncipe azul que me de el título. O no. Tal vez sólo funciona mientras te va bien en el trabajo o tienes un amante al que llamar, que la vida real es más larga que un episodio y que la vida de una mujer soltera es más dura que asistir a una fiesta o hablar de sexo con sus amigos gays.



