SÍ, QUIERO: CASARME CON UN BUEN VINO

“Donde no hay vino no puede haber amor” Eurípides

Decid sí a los vinos que os dan placer, que divierten a los invitados, que hacen meditar las almas y brindar alzando el corazón. Podéis decantaros por marcas reconocidas con pedigrí o sorprender a vuestros invitados con una selección especialmente pensada para el momento y explicar su gusto (y el vuestro) en las minutas. Un consejo: no dudéis en escoger formatos grandes tipo mágnum (1.5 litros el doble de la botella estandard) o hasta 3 litros (más no porque es difícil de mover). Pues los vinos están más afinados. Sobretodo han de ser vinos que hablen vuestro idioma y casen con el menú. No estrictamente blanco con pescado y tinto con carne, si no vinos que potencien la calidad aromática del vino y el sabor de la comida. Porque como los buenos matrimonios el maridaje debe ayudar a hacer brillar más a la suma de las partes que por separado. Por ello si servís marisco no tiene sentido acompañarlo de un tinto con cuerpo, porque gritará demasiado para que escuchemos la sinfonía salina del mar. Pero un pescado muy elaborado y guisado con un tinto de poco cuerpo (como por ejemplo de Pinot Noir) puede satisfacer a todos.

¿Quién va a catar el vino? Pues ese día nadie cercano entendido va estar en condiciones de poner la nariz cada vez que se abre una botella para comprobar que está en buen estado, por ello está bien que fichéis un sommelier que dé las direcciones a los camareros. Él podrá marcar no sólo el ritmo de la combinación con los platos, si no también velar porque la temperatura de servicio sea la correcta. Según la selección podréis reservar las mejores copas acordes con las características de los vinos a degustar. Una tipo flauta para los espumosos, una tipo burdeos para los tintos y una con menos diámetro para los vinos blancos. Para que las botellas gocen del mejor dress code. hay complementos que marcan la diferencia pueden ser los drop-wine (láminas plateadas), o el clásico collar de baco plateado en el cuello de la botella. Es decir como un anillo para casaros con vuestros vinos preferidos.

Es vuestro día así que el brindis, que es ofrecer a los dioses el cáliz deseando salud, está de vuestro lado. El vino da mucho juego. Desde una etiqueta personalizada a pensar en maridar con la decoración. Si escogéis un espumoso tipo cava podéis poner “especialmente degollado” para la ocasión. Es el momento donde se pone el licor de expedición al cava y demostrará que está fresco y en plena forma para chocar con las copas de los comensales. Podéis jugar en servir añadas especiales del año en que os conocisteis para poder beber el sol que acarició vuestros primeros besos. O abrir un fortificado del año de vuestro nacimiento. Ese día el vino calmará el corazón y os sentará genial si bebéis en la justa medida. Y miraros a los ojos por si es verdad que si no lo haces te quedan 7 años de mal sexo… ¡que no es cuestión de gafar la noche de bodas!
fotosistematanoidue

Publicado en la revista Vinos y Restaurantes de febrero del 2017

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