La Bodega Iniesta

A mi no me gustaba el futbol. Les robaba las patatas bravas a mis amigas mientras lo veían. Odiaba cuando había partido en mis cursos de cata porque los tenía que anular. Nunca hubiera pensado que me interesaría este deporte. Del prólogo de mi primer libro, Presume de Vinos en 7 días, se encargó Joan Manel Serrat, poeta de sensaciones, cantante con gusto y gran amante del mundo del vino. Para este segundo, en el que he trabajado los conceptos pensando en que la gente se enamore aprendiendo del vino, nadie me parecía un buen maridaje. “¡Si ya lo tienes en tus páginas!”, me dijo una amiga. Y es verdad que a veces la respuesta la tienes delante de la nariz pero no la puedes ver.

Andrés Iniesta es los viñedos de su bodega – Vía Cadena Ser (Foto: José Manuel González)

Andrés Iniesta ha sido siempre fácil, claro y agradable de tratar. Sin vacilar nunca, disponible, simpático y tremendamente generoso, pues sin conocerme aceptó escribir el prólogo. Sólo puso una condición: ir a ver el proyecto a Fuentealbilla.

 

Me dejó fuera de juego, su compromiso. Así que dicho y hecho. La gente que tiene en la bodega sí que es el mejor equipo del mundo: jóvenes y sobradamente preparados, gente de su pueblo que le ha visto crecer. Personas en las que confía y que son grandes profesionales. Con tan buenas raíces auguro que sus vinos y él van a  seguir triunfando a nivel mundial.

Carlos Latre, en su espectáculo Yes we Spain, is different imita a Iniesta diciendo que su vino “y-ni-está malo y-ni-está bien”. A parte de la imitación, en la que muestra la humildad de Andrés, el vino de Fuentealbilla está muy bien. Tiene alma, es sincero y carece de pretensiones. Juega la liga que le pertoca: la de difundir la cultura del vino con un lenguaje que se entienda, de manera divertida, fácil, directa, formativa y sin complejos.

“La pasión va por dentro”, dicen las botellas bajo la marca Corazón Loco. En la versión catalana de mi segundo libro, Los vinos de tu vida (la castellana,  en otoño en vuestras copas) recomiendo el blanco para ver el fútbol. Un vino de verdejo y sauvignon blanc desenfadado, fácil de maridar con amigos, tapas y goles. Para el final (o para el foie), el Dulce Corazón, con la etiqueta de una piruleta que huele a este vino que no hace falta arrinconar solo en los postres.

Finca El Carril es su línea más alta, los vinos de selección más cuidada. Botellas que empatan con los grandes vinos de la DO Manchuela. El más personal, Valeria, es un macabeo mecido en barrica y acunado por las lías con textura suave y carácter. Los tintos, después de un par de añadas de entrenamiento en las barricas, ya tienen un cupaje ganador donde las variedades autóctonas (tempranillo, bobal) versus las internacionales (syrahcabernet sauvignon) juegan su partido amistoso más prolífico. El toque de petit verdot, además, le da una personalidad y redondez al vino preferido del jugador, el Hechicero, que lo hace muy atractivo en boca.

La novedad: un vino que se llama como el minuto más célebre de la selección: ‘116,  donde demuestra que el triunfo no se improvisa, sino que es fruto de las viñas de su abuelo, regadas por el trabajo de sus padres y donde él puede alzar orgulloso las copas que gana y con las que hará brindar.

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