Un desayuno en la cama no cuesta nada. Las migas en las sábanas son una excusa para lavarlas. Y el placer de levantarte sin despertador y tomar el café con leche tumbado con la prensa dominical es una experiencia que no tiene precio… Y aunque sea barato, a veces somos perezosos hasta para regalar momentos de felicidad. Al fin y al cabo, estas son las que cuentan y las que enriquecen la vida.
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¿Nadie desayuna en la cama?
Yo ocasionalmente. Y suelo ser yo quien prepara y lleva
¡el día que alguien me traiga el desayuno a la cama, me caso!