No me gustaba vivir en Paris cuando estudié en el 2004, pero me encanta visitarla. Pero sobretodo me gusta como me siento en ella. Puedo vestir como quiera, con lazos, con blondas, con sombreros, con guantes a lo Gilda… Y recordar todos los secretos que tengo con la ciudad. Mis visitas al Louvre escribiendo poesía, mis kirs en Saint- Germain, mis compras locas en Les Halles, mis comidas en Chez Marianne en Le Marais, los CD que compro en el museo Picasso, las noches de fiesta en Montmartre. En Paris he tomado mis mejores Rieslings con cacahuetes delante del ordenador y las mejores botellas de Champagne acompañada. Es de las pocas ciudades que no importa pasearla sin nadie, porque la ciudad ya me es suficiente. Era fácil encontrarme sola en sus cines sin que nadie me cogiera las palomitas mientras me sentaba… Ahora vuelvo para pasear por el Seine acompañada y parece que la Torre Eiffel brilla más que nunca…
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