COLECCIONISMO
Lunes, 29 de Junio de 2009Un amigo me contó su oscura pasión: coleccionar cucharas de los sitios donde tomaba café y anotar con quien y la fecha. Mi hermano hace lo mismo con las buenas botellas que comparte y las hace firmar. Empecé a investigar sobre el complejo de Diógenes que todos llevamos dentro curioseando las colecciones de mis amigos: que si gomas de borrar, lápices, dedales, pins (todos tuvimos la época hacia el 90,¿no?), tangas rotos, llaveros, relojes… “Hace tiempo que no colecciono nada” pensé, pues no creo que anillos raros y revistas de gastronomía sean más una afición que un vicio (¿aceptamos zapatos como colección?).
Cuando ya pensaba que no era una coleccionista original me acordé de las inmensas cajas llenas de miniaturas de licores, whiskies y vinos que mis padres me traían de alrededor del mundo. Cómo ordenaba las botellitas y leía los grados alcohólicos, las ordenaba por marcas y por tipos de elaboración. Sí, era la única niña que coleccionaba botellas así que en la pubertad me apunté a la moda de las cartas y los sobres perfumados porque quedaban mejor para una señorita… Yo los elegía por el aroma, no por el diseño… Las ancoras de sensaciones gustativas y recuerdos olfativos que es una colección que no se acaba nunca….




