La maison Krug hizo una degustación en el Celler de Gelida (chez moi) para mostrarnos sus oros líquidos. Muy interesante cómo tratan el pinot menier (definido como la piel del albaricoque) y su peculiar fermentación maloláctica parcial. Los brindis fueron con Krug Grande Cuvée, Krug Vintage 1998 y Krug Rosé. Cremosidad, aromas profundos, elegantes narices, sutiles sabores aristocráticos… El responsable de la cata, aludiendo a los precios se atrevió a decir “hay una vida más barata, pero no es vida”. No sé, los Krug son deliciosos y su acidez es como una espada afilada que parte en dos un pañuelo de seda fina al viento como la película de Bodyguard, pero son más deliciosos cuando no pagas el precio…
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A mí también me gusta mucho Krug.¡Ojalá! así sigan, después de ser parte del grupo LVMH.
Saludos
Que curioso. Yo he asistido hace un par de días a una cata de Veuve-Clicquot, que comento en mi nuevo blog (http://pequenosgrandesplaceres.blogspot.com/) al cual estás invitada.
Saludos.
Muchas gracias por los comentario Smiorgan!