El “Juicio de París” llega a la gran pantalla. Así es como se denominó el libro original escrito por George Taber, el único periodista presente en el evento. Una degustación que cambió la historia del vino. La cata a ciegas se realizó el 24 de mayo del 1976, en París, enfrentando las mejores botellas californianas y francesas de cabernet sauvignon y chardonnay. Steven Spurrier, británico que tenía una tienda de vinos en París y se encargaba de l’Academie du Vin fue el organizador. Después de la polémica degustación los franceses quedaban desbancados del trono de hacer los mejores vinos del mundo. Superados por el Nuevo Mundo vinícola, y la juventud californiana. Ganó Ch. Montelena del 73 para los blancos y en tintos Stag´s Leap wine Cellars. Competían con vinos de la talla de Meursault Charmes Roulot o Puligny-Montrachet Les Pucelles y contra los cabernets norteamericanos había Ch.Haut-Brion, Ch. Montrose y Château Mouton Rothschild entre otros. Los jueces eran la mayoría franceses de la talla de restauradores como Taillevant, el sommelier de La Tour d’Argent, el editor de La Revue du Vin y expertos de la Romanée-Conti. Fue todo un escándalo. Ahora lo vuelve a ser. Treinta años más tarde Spurrier volvió a realizar la misma cata a ciegas. Y los resultados siguen teniendo pódium americano. La producción americana no ha dudado en sacarlo a la gran pantalla con el subtítulo “ based on a true story of love, victory and fermentation”
Una historia verdadera es algo que Spurrier niega. “No hay apenas una palabra cierta en el guión, son todo puras invenciones por lo que a mí respecta” aseveró en la revista “Decanter” donde colabora. El protagonista, actuado por Allan Rickman, es un esnob que no se acaba de creer que los vinos californianos tengan terroir. Hablando con Marimar Torres, que vivió la etapa que nos narra el film, defiende a su amigo Spurrier y dice que no es como lo pintan en la película y que realmente está disgustado con las mentidas que se cuentan en ella. Hay una contrarréplica a la película que aún no se ha rodado por parte del guionista Robert Kamen(Karate Kid). Dicen que esta película será la versión tinta de la historia. Pues en Bottle Shock se narra la historia familiar del Chateau Montelena (el chardonnay ganador) dando más protagonismo a la relación padre-hijo de la familia copropietaria, los Barrnett, que al verdadero artífice del vino: el enólogo Mike Grgich.
El boicot de los productos franceses después de la guerra de Iraq sigue en vogue. Esta película es sólo un reflejo de la mayoría de edad de la sociedad americana que ya no quiere espejarse en la madre europea. Muchos se empeñan en compararla con Sideways (Entre copas). El consumo de vino doméstico en Estados Unidos es cada vez mayor, y más de un 80% proviene de California. Napa Valle es la nueva Disneylandia del vino, películas como esta aún le dan más popularidad. La trama tiene un triángulo amoroso decorativo, paisajes preciosos y escenas de viticultura. La fui a ver en San Francisco con una americana culta y pro-Obama. Le encantó. Sobretodo pensar que los vinos americanos eran los mejores del mundo y que los franceses eran unos farsantes. Temo que tenga el éxito de Entre Copas (esta película hizo que la venta de Pinot Noir subiera un 40%) y que la masa piense que los vinos franceses solo tiene fama. La cata de París se conocía en el petit comité de los expertos, se contextualizaba y se podía entender con matices. La frase de Kierkegaard habla de “in vino veritas”. Es verdad que a ciegas las cosas se ven muy diferentes. Aún así, ninguna cata tiene la verdad absoluta y aunque la gran Francia parece dormida aún es el referente histórico y profesional del vino. Aunque en Hollywood eso no importe.
ARTÍCULO PUBLICADO EN VINOS Y RESTAURANTES